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Estaba terminando el mes de enero de 2016 cuando llegó a mi celular un mensaje que decía: “Pastor, ¿cuándo vuelves de tus vacaciones? Necesito que me visites y que ores con mi familia”. No conocía el remitente, ya que no lo tenía entre mis contactos, pero le expliqué que para los primeros días de febrero ya retornaría a mi tarea pastoral.

Una vez en mi ciudad, me contacté con el emisor del mensaje, le pedí su dirección, y así llegué al hogar de Silvina y Ramón. Luego de un breve diálogo introductorio, Silvina comenzó a contarme la pesadilla que estaban viviendo ella y sus hijos por el problema de alcoholismo de Ramón. Ella me contó con sumo dolor: “Cuando él está sobrio, es un padre genial. Juega con sus hijos, les hace caricias, les habla de buena manera y es muy cariñoso. Pero cuando toma, porque no sabe tomar poco, se vuelve loco. Nos grita, nos insulta, se torna irreconocible… Y yo pedí su ayuda porque la última vez que tomó llegó a golpearme. Ya no aguanto más sus humillaciones y su violencia”.

Luego de escucharlos por más de una hora, les propuse estudiar la Biblia y conocer las leyes del cuidado de la salud que Dios le dejó a la raza humana. Mi propuesta tenía el fin de que conocieran al Dios de la Biblia y también que vieran la forma enmascarada y astuta que tiene el enemigo para que hombres y mujeres hechos a imagen de Dios corrompan su mente y su cuerpo al dañar su salud.

A través de la Biblia, Dios no solo deja leyes claras para no caer en la enfermedad, sino también expresa el vivo deseo de que cada uno de sus hijos vivan sanos, llenos de salud. Así lo expresó el apóstol Juan cuando le escribió una breve carta a Gayo, un querido hermano en la fe: “Amado, deseo que seas prosperado en todo, y que tengas salud, a la vez que tu alma prospera” (3 Juan 2). Por esa razón, encontramos en las Escrituras leyes concernientes a la alimentación, el consumo de bebidas alcohólicas y la abstinencia de todo lo perjudicial.

Si hablamos de las leyes bíblicas sobre la alimentación, la Palabra de Dios nos dice: “Y dijo Dios: ‘¡Miren! Les he dado toda planta que da semilla y que está sobre toda la tierra, y todo árbol que da fruto y semilla. Ellos les servirán de alimento’ ” (Gén. 1:29). Y, aunque después del Diluvio Dios le permitió al ser humano la ingestión de la carne de algunos animales, hoy la ciencia corrobora que una dieta basada en el consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales es más beneficiosa para la salud que una dieta sobre la base de carnes.

Entre los muchos beneficios de una alimentación como la sugerida por la Biblia, es posible mencionar la prevención del cáncer. “Muchos estudios epidemiológicos y clínicos muestran que los vegetarianos tienen un riesgo cincuenta por ciento menor de morir de cáncer que los no vegetarianos”.[1]

Las Escrituras dan numerosos consejos para evitar el consumo de las bebidas alcohólicas. El sabio Salomón expresó: “Beber vino o bebidas embriagantes te lleva a blasfemar y a causar alborotos. No es de sabios errar por su culpa” (Prov. 20:1, Reina-Valera Contemporánea [RVC]). También advierte más adelante: “No dejes que te atraiga lo rojo del vino; ¡que no te deslumbre su brillo en la copa! Suavemente se desliza por la garganta, pero al final muerde como serpiente; ¡causa más dolor que una víbora! Hará que tus ojos vean cosas extrañas, y que tu corazón diga cosas perversas” (Prov. 23:31-33, RVC).

En sintonía con las Escrituras, existen numerosos estudios que muestran el daño que produce el consumo de bebidas embriagantes. “De acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay más de 60 padecimientos causados por el consumo de alcohol en exceso. Cada año, se registran 3,3 millones de decesos en el mundo por esta causa”.[2]

Las Escrituras se escribieron a lo largo de 1500 años, comenzando con Moisés alrededor de 1400 a.C. y terminando con el Apocalipsis del apóstol Juan, en 98 d.C. A lo largo de todo ese período no hubo nada parecido al consumo de tabaco en las sociedades semíticas y cananeas; por esta razón, la Palabra de Dios guarda silencio sobre el vicio de fumar. Sin embargo, establece principios que pueden ser aplicados para quienes desean agradar a Dios con su vida: “Si ustedes comen o beben, o hacen alguna otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31, RVC).

Como Dios desea que sus hijos tengan salud, cuidar los pulmones y todo el aparato respiratorio absteniéndose del tabaco es una forma de darle gloria a Dios al evitar enfermedades. “El tabaco es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo. Mata a 8 millones de personas al año, como mínimo, de las cuales más de 7 millones son consumidores directos y alrededor de 1,2 millones son no fumadores expuestos al humo ajeno. Casi el 80 % de los más de mil millones de fumadores que hay en el mundo viven en países de ingresos bajos o medios, donde es mayor la carga de morbilidad y mortalidad asociada al tabaco”.[3]

Como puedes apreciar a lo largo de este artículo, la prevención es la mejor medicina para conservar una salud óptima en las dimensiones física, mental y espiritual.

Pero, aun así, hay esperanza divina para quienes no cuidaron su salud y la afectaron con una mala alimentación, con el exceso y el abuso de bebidas alcohólicas o con el consumo del tabaco; porque las promesas de perdón (1 Juan 1:9) y de restauración (Jer. 15:9) de parte de Dios son para cada uno de sus hijos que con fe muestran su necesidad ante él.

Ese fue el caso de Ramón, el joven alcohólico que junto con su esposa Silvina aceptó tomar los estudios bíblicos cada semana. Con esa fortaleza que proviene del Espíritu Santo, Ramón rechazó cada ofrecimiento de cerveza, vino o sidra que sus amigos y sus familiares le propusieron. Con el paso del tiempo, Ramón habló con su supervisor para que le dieran el día sábado como día para adorar a Dios, y se lo concedieron. Casi sin percibirlo, la calma, la paz y el amor volvieron a formar parte cotidiana en la vida hogareña.

Después de 14 meses de estudiar la Biblia y sin consumir alcohol, el 25 de marzo de 2017 tuve el privilegio de bautizarlos, agradecido a Dios porque su misericordia salvó a una familia. Al aplicar los principios de su Palabra, Ramón recuperó la paz familiar y la salud que las bebidas alcohólicas le habían quitado. Es una gran verdad que todo lo que contiene la Biblia es para el bien de los seres humanos, para prolongar su salud y para la gran preparación para la vida en el Reino de los cielos junto al Padre celestial. No pierdas el enorme privilegio de mostrar la gloria de Dios cuidando tu salud.


Referencias:

[1] p.widencdn.net/v07xhf/Comida-Vegetariana.

[2] salud180.com/salud-dia-dia/5-padecimientos-por-el-consumo-de-bebidas-alcoholicas.

[3] who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tobacco.

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