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No perdamos de vista el bosque por mirar los árboles.

¿Alguna vez alguien te recomendó: “No te pierdas el bosque por concentrarte en los árboles”? Esta frase sencillamente significa que alguien está tan concentrado en cada detalle, en un montón de información, que pierde de vista no solo el panorama más amplio, sino también el punto principal.

Cuando estamos tan inundados por las complejidades y los detalles de una situación, perdemos de vista su impacto. Y esta frase bien podría describir a los dos discípulos que caminaban hacia Emaús ese domingo por la noche.

Estaban tan inmersos en el increíble giro que habían tomado los últimos acontecimientos del fin de semana que ni siquiera comprendieron el punto de todo lo que había sucedido. No fueron eventos desencadenados al azar, ni algo orquestado de manera increíble, sino algo profetizado y predecible.

Sin embargo, con el aluvión de sucesos que rodearon el juicio apócrifo de Jesús, su crucifixión y su entierro, así como la información acerca de su resurrección, estos dos hombres perdieron de vista totalmente a la precisa persona a la que apuntaban todos esos eventos.

En otras palabras, se dejaron llevaron tanto por los detalles del árbol que perdieron de vista el bosque. Cuando los detalles nublan nuestra vista, perdemos el punto de vista de referencia del marco general, y terminamos perdidos.

Y esos dos discípulos sabían hacia dónde se dirigían geográficamente, pero estaban perdidos proféticamente. ¿Cuál fue la solución? Jesús mismo se presentó, pero no hizo referencia a los detalles de la realidad innegable de su resurrección (es decir, no se identificó inmediatamente como el Cristo resucitado), ya que los detalles de la realidad los habían abrumado tanto que necesitaban perspectiva. ¿Qué hizo Jesús para dársela?

Primeramente, trató de que ellos pudieran reflexionar, detenerse a pensar, sacar los ojos del árbol de la realidad que tenían enfrente para ver la perspectiva más amplia:

“–¿De qué vienen discutiendo tan profundamente por el camino? –preguntó Jesús” (Luc. 24:17, NTV).

Pero ellos respondieron con más detalles del árbol de la realidad:

“–Tú debes de ser la única persona en Jerusalén que no oyó acerca de las cosas que han sucedido allí en los últimos días –dijeron ellos” (24:18, NTV).

Entonces, Jesús los dirige a la Palabra profética, para dar perspectiva profética y hacer que pudieran comprender lo que realmente había sucedido: “Entonces Jesús los guio por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de él mismo” (24:27, NTV).

Como adventistas, somos especialistas en profecías. A lo largo de nuestros más de 150 años de existencia, hemos acumulado tal cantidad de información profética que a veces esos detalles pueden convertirse en un monte tan grande que nos impide ver desde la perspectiva correcta lo que realmente está sucediendo. Y, lo que es más peligroso, puede hacer que desviemos nuestra vista de la persona a la que todas estas profecías apuntan: Jesucristo.

Conozco a algunas personas que se concentran tanto en los detalles de ciertas acciones de masones, jesuitas, banqueros que promueven el Nuevo Orden Mundial, élites que quieren exterminar a la humanidad, etc., etc. y etc., que pierden de vista la simpleza y la sencillez del bosque bíblico. Pero, por sobre todas las cosas, desvían la atención de las personas hacia los detalles insignificantes, dejando a Jesús fuera del marco.

Me gustan las profecías. Me gustan los detalles de la profecía. Me gustan los detalles de los detalles de la profecía. Pero, de vez en cuando necesito distanciarme un poco. Mirar el cuadro general, ver el panorama completo y, sobre todo, enfocar mi atención en el centro de la profecía: Jesucristo.RA

Sobre El Autor

Marcos Blanco

Pastor y Magíster en Teología (está culminando sus estudios doctorales) desempeña su ministerio en la ACES desde 2001. Autor de "Versiones de la Biblia", es Jefe de Redacción y director de la Revista Adventista desde 2010. Está casado con Claudia y tiene dos hijos: Gabriel y Julieta.

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