En una encuesta realizada a un grupo de adolescentes, se les preguntó a los jovencitos: “¿Qué significa para ti ser un joven espiritual?” Las respuestas dadas por los participantes revelaron que los adolescentes describen el comportamiento espiritual en términos de seis categorías, relacionadas con el desarrollo personal y social. Así, para ellos, ser espiritual englobaría:

  • Tener un propósito y un sentido en la vida.
  • Mantener un vínculo o relación con Dios.
  • Tener una base de bienestar que incluya la alegría y la plenitud, la energía y la paz.
  • Tener convicción.
  • Tener confianza.
  • Estar motivado para hacer lo correcto y decir la verdad.

Existe una importante diferencia entre la religión y la espiritualidad. Es decir, pertenecer a una religión, ir a la iglesia o cumplir con normas eclesiásticas no asegura que un adolescente sea una persona espiritual. Podríamos decir que la espiritualidad bíblica es una conexión fuerte y significativa con Dios y su Palabra, que permea los diferentes pensamientos, ideas, conceptos y actitudes del adolescente en relación con Dios y sus semejantes.

Pero ¿qué tan importante es la espiritualidad a esa edad? Las investigaciones confirman que la espiritualidad impacta de manera positiva en la vida de los adolescentes y los niños. La espiritualidad provee un sentido a la vida y un valor especial dado por Dios; estimula la esperanza, refuerza las normas sociales positivas y proporciona una red social de apoyo. Todos estos elementos mejoran el bienestar personal. Los adolescentes que tienen un sentido de espiritualidad tienden a ser más optimistas y felices y a desarrollar una autoestima saludable, incluso cuando no tienen una personalidad especialmente optimista o feliz. Puede reducir la probabilidad de conductas de riesgo o autodestructivas, como el tabaquismo y el consumo de alcohol o drogas, y también puede reducir el estrés. Las tasas de depresión y mala salud son más bajas en las personas que expresan un sentido de espiritualidad. La espiritualidad también se asocia con una mayor capacidad para hacer frente a los principales desafíos de la vida y una mayor capacidad de resistencia a las dificultades.

Muchos adolescentes de familias cristianas tienen bien en claro lo que es ser espiritual, pero reconocen que esa concepción de espiritualidad no se ve reflejada en su vida práctica. De ahí que muchos padres expresen con preocupación que sus hijos, al llegar a la adolescencia, ya no sienten deseos de leer su Biblia, orar e ir a la iglesia, por ejemplo. Es en la adolescencia y la juventud temprana cuando muchos hijos de padres adventistas se van de la iglesia.

En vista de esto, surge la inquietud: ¿Cómo podemos fomentar la espiritualidad en nuestros hijos adolescentes?

  • Analiza y piensa primeramente sobre tu propia vida espiritual como padre o madre. ¿Qué pienso acerca de Dios? ¿Qué lugar ocupa él en mi vida? ¿Me preocupo por mantener una conexión significativa con él?
  • Procura ser un ejemplo de espiritualidad. Los jovencitos necesitan ver en sus padres un modelo de relaciones y dependencia de Dios real y significativo. “La fe no es solo lo que decimos, sino lo que hacemos”. Si tú mismo no le das la debida importancia a la comunión con Dios y la asistencia regular y puntual a la iglesia, difícilmente puedas esperar que tu hijo lo haga.
  • Nunca dejes de realizar y fomentar el culto familiar en tu hogar, haciéndolo lo más atractivo y ameno posible para tus hijos.
  • Cuando sea oportuno, comparte con ellos brevemente tus propias experiencias espirituales cuando eras un adolescente (desafíos enfrentados con la ayuda de Dios, altibajos, etc.).
  • Fomenta conversaciones espirituales. Aprovecha las comidas u otros momentos en familia para guiar la conversación hacia temas espirituales (ver Deut. 6:7). Pregúntales qué piensan al respecto y cómo los hacen sentir las diferentes verdades de la Palabra de Dios.
  • Evita descalificar o criticar a la iglesia o a sus líderes y miembros delante de tus hijos. Si ellos mismos lo hacen, muéstrales que todos los seres humanos cometemos errores, que Dios no nos ha erigido como jueces de nadie (Luc. 6:37) y que debemos “examinarlo todo y retener lo bueno” (1 Tes. 5:21).
  • Escucha atentamente cuando tu hijo o tu hija comparte una inquietud o insatisfacción sobre la Biblia, su experiencia espiritual o la religión. Nunca lo censures ni confrontes de manera negativa. Trata de responder lo más sinceramente posible; si no tienes respuestas, pídele tiempo para investigar o consultar el asunto con algún pastor, teólogo, etc.
  • Señala las cosas simples de la vida cotidiana que reflejan el actuar de Dios en nuestra vida. El ser agradecidos a Dios por las pequeñas cosas que suceden a diario, como su ayuda al rendir un examen o la visita de un familiar querido, puede fomentar la espiritualidad en el adolescente. Ayúdalo a identificar estos sucesos y a tener una actitud agradecida hacia Dios.

¡Anímate, con la ayuda de Dios, a marcar una diferencia en la vida espiritual de tu hijo o tu hija adolescente! RA