POEMAS DE LOS PIONEROS EN SUDAMÉRICA

En los primeros años de nuestra naciente iglesia en Sudamérica, muchos gustaban de expresar su alabanza escribiendo poemas. En algunos casos se les incorporaba música, y terminaron siendo himnos cantados. Algunos de ellos se preservan todavía en nuestro himnario.

Comparto con ustedes algunos poemas.

En 1918, Víctor Thomann, quien trabajó iniciando la misión en Chile, Bolivia y Argentina, publicó una poesía útil para recordar la interpretación de la profecía de Daniel 2.

La historia de los reinos

Víctor Thomann.

La historia de los reinos
que el Señor profetizó,
fin al mundo pecador
desde antaño le anunció.

Babilonia, gran potencia,
a todo el mundo dominó,
mas su reino, Medo-Persia
con astucia conquistó.

Y tras ellos llegó Grecia,
tercer reino universal;
que más tarde sometiose
al de Roma Imperial.

Y la fuerte y férrea Roma
en diez reinos se partió;
estos nunca se unieron,
como Dios lo declaró.

En los días de estos reinos,
el Dios fuerte formará
su gran Reino sempiterno
con los fieles de Jehová.[1]

El hermano de Víctor, Eduardo Thomann, que dio inicio a la Revista Adventista en español, también componía. Aquí transcribimos algunas de sus poesías:

El bello país

Eduardo Thomann.

He oído de un bello y santo país
do pecado ni muerte habrá,
do por siempre dichosa y feliz
la nación de los santos será;
es la tierra que Dios a Abraham prometió
por herencia eterna de dar,
es la patria que todo creyente esperó,
de los santos perenne hogar.

La dicha allí sin fin será,
y jamás sentirase dolor;
contienda y guerra tampoco habrá,
en todo reinando el amor;
con su pueblo Dios mismo allí morará
y el Cordero que los rescató;
las lágrimas él las enjugará,
Por cuanto lo antiguo pasó.

La tierra, tan linda se dice, será
cuan lindo fue lindo el Edén;
la ciudad, del Reino el centro será,
la Nueva Jerusalén;
de vida un río del Trono saldrá,
tan claro cual puro cristal;
y en sus riberas un árbol habrá
que da fruto de vida inmortal.[2]

Seguidamente aparece la letra de otro poema al que se le incorporó música y llegó a ser un himno cantado por los pioneros. Este se encuentra incorporado hoy en nuestro himnario.

La segunda venida de Cristo

Foto de la portada de Himnos y cánticos espirituales (adventistas) de 1916.

La segunda venida de Cristo
un suceso imponente será,
tan grandioso cual nunca fue visto;
más glorioso jamás se verá.
De los cielos el Hijo del Hombre
en la gloria del Padre vendrá;
“Verdadero y Fiel” es su nombre,
y el cetro del Reino tendrá.

Cual relámpago, luce del este
una nube con luz de crisol,
cuyo brillo, que alcanza al oeste,
sobrepuja los rayos del sol;
es la hueste de ángeles santos,
refulgentes de gloria y luz,
que escoltan y loan con cantos
al invicto y glorioso Jesús.

Foto de Himnos y cánticos espirituales (adventistas) de 1916, donde aparece el himno “La segunda venida de Cristo”, bajo el Nº 104.

Los impíos de miedo se espantan
y perecen al ver al Señor;
mas los justos las manos levantan
hacia Cristo, su buen Redentor.
Contemplando sus gratos fulgores,
le aclaman con férvida voz:
“Rey de reyes, Señor de señores;
mil hosannas al Hijo de Dios”.

Del sepulcro los lazos quebranta
que ataban al pobre mortal;
a sus santos Jesús los levanta
revestidos de luz inmortal.
Y los lleva consigo al cielo,
los corona y palmas les da,
y entonces disfrutan sin velo
la presencia del Dios Jehová.


Otro poema que apareció en 1919, titulado “Lema provechoso”, procuraba motivar el aprendizaje en los momentos de la Escuela Sabática:

Lema provechoso

Nunca tarde en nuestra escuela;
siempre a tiempo en tu lugar;
aprendido bien el tema,
o lección, en el hogar.

Sé atento al maestro,
no mirando en derredor;
ni charlando, ni con gesto
distraer a un menor.

Himno o texto a la visita
lo ayudarás a hallar;
el versículo recita
a tu turno sin faltar.

Al hacérsete preguntas,
con candor respuesta dar,
pues, presente en tales juntas
Cristo prometió estar.[3]

Estas son solo unas pequeñas muestras de sentimientos de nuestros pioneros que los llevaban a expresarlos en forma poética. En ellos podemos percibir sus anhelos íntimos de esperanza en el pronto regreso de Jesús y también de su pasión por el estudio de la Biblia, la cual les hablaba de las promesas de su querido Señor y Salvador.


Referencias:

[1] Víctor E. Thomann, “La historia de los reinos”, La Revista Adventista, año 18, Nº 9 (12 de septiembre de 1910), p. 4.

[2] Eduardo W. Thomann, “El bello país”, La Revista Adventista, t. 17, Nº 10 (octubre de 1917), p. 1.

[3] Eduardo W. Thomann, “Lema provechoso”, La Revista Adventista, t. 19, Nº 24 (4 de diciembre de 1919), p. 7.