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Existe, en el mundo teológico contemporáneo, una inclinación por identificar al cuerno pequeño de Daniel 8 con un personaje de la historia, a saber, Antíoco IV Epífanes. Según la historia, este personaje fue uno de los reyes de la dinastía seléucida establecida luego de la muerte de Alejandro Magno.[1] Los hechos de este rey parecen encajar, de forma forzada, en la descripción de la profecía de Daniel 8.

Se dice que el período en el que este gobernante profanó el Templo en Jerusalén encaja con el período mencionado en Daniel 8:14, a saber, 2.300 tardes y mañanas. Según la historia, en diciembre de 167 a.C., Antíoco IV Epífanes entra en Jerusalén y ofrece un sacrificio sacrílego en el Templo de Jerusalén. En dicha ocasión, se ofrece un cerdo como sacrificio para Zeus, se destruyen copias de la Torah y se prohíbe la circuncisión. Esto provocó la revolución macabea, que terminó reconsagrando el Templo tres años más tarde, en 164 a.C.[2]

Sin embargo, el período mencionado en Daniel 8:14 no equivale a tres años. El texto dice 2.300 tardes y mañanas. Esta fraseología es entendida como lenguaje del Santuario, lo cual, según algunos intérpretes, equivale a 2.300 sacrificios, 1.150 sacrificios de mañana y 1.150 sacrificios de tarde. Este cálculo equivale a un poco más de tres años.[3] Sin embargo, cuando la Biblia se refiere a los sacrificios del Santuario, hace uso de dichos términos, tarde y mañana, en orden inverso, es decir, mañana y tarde. Levítico 6:20 dice: “Esta es la ofrenda que Aarón y sus hijos ofrecerán a Jehová el día que sean ungidos: la décima parte de un efa de flor de harina, la mitad por la mañana y la otra mitad por la tarde, como ofrenda perpetua”. Nótese que el orden es mañana y tarde, y está relacionado directamente con los sacrificios en el Santuario (1 Crón. 16:40; 2 Crón. 2:4; 31:3; Esd. 3:3).

Por el contrario, el orden inverso se usa para referirse a un día astronómico. Génesis 1 evidencia esta terminología al declarar: “Y fue la tarde y fue mañana, un día” (cf. Gén. 1:5, 8, 13, 19, 23, 31). El uso de estos términos en este orden, tarde y mañana, refieren al tiempo de duración de un día de 24 horas. Por lo tanto, en Daniel 8:14 no se hace uso de estos términos refiriéndose al tiempo de los sacrificios, sino que es un tiempo profético, 2.300 tardes y mañanas, lo que equivale a 2.300 días.[4]

Sobre la base de este análisis, aunque profanó el Santuario de Jehová por tres años, Antíoco IV Epífanes no encaja en la descripción del cuerno pequeño de Daniel 8:14, pues el profeta de Dios no está refiriéndose al período de tiempo que cubren 2.300 sacrificios, es decir, 1.150 días. Siendo que la expresión “tardes y mañanas” es una terminología tomada del relato de la Creación, el período referido en Daniel 8:14 equivaldría a un poco más de 6 años. Sin embargo, el período al cual hace referencia el profeta es un tiempo profético: 2.300 tardes y mañanas equivalen a 2.300 años, que van desde la orden de restaurar Jerusalén en el año 457 a.C. hasta el año 1844 d.C., cuando en el Santuario celestial se da inicio al Juicio investigador[5] previo al retorno del Mesías en gloria y majestad.RA


Referencias:

[1] H. W. Hoehner, “Antiochus”, The Zondervan Encyclopedia of the Bible, ed. Moisés Silva y Merrill C. Tenney (Grand Rapids, Míchigan: Zondervan, 2009), t. 1, pp. 214-220.

[2] David E. Aune, “Judaism”, Baker Encyclopedia of the Bible, ed. Walter Elwell (Grand Rapids, Míchigan: Baker Books, 1988), t. 2, p. 1.231.

[3] Louis F. Hartman y Alexander A. Di Lella, The Book of Daniel (Nueva York: Doubleday, 1978), p. 227.

[4] Esta postura ha sido descrita por Siegfried J. Schwantes, “ ‘ereb bōqer of Dan 8:14 Re-Examined”, AUSS 16, N° 2 (1978), pp. 375-385.

[5] Gerhard F. Hasel, “The ‘Little Horn’, the Heavenly Sanctuary, and the Time of the End: A Study of Daniel 8:9-14”, en Symposium on Daniel, ed. Frank B. Holbrook (Washington, DC: Biblical Research Institute, 1986), p. 427.

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