El espiritismo avanza con marcha ininterrumpida.

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En los últimos años, un cambio imperceptible ha estado cargando la semilla de un engaño insidioso. Este cambio, incluso, ha sido disfrazado de características deseables. Me refiero al hecho de que la saga de Harry Potter ha vendido ya más de 450 millones de ejemplares de libros, y ha sido traducida a 73 idiomas.

Y si bien esos números no llegan ni por lejos a la difusión y la distribución de la Biblia a lo largo de la historia, al menos para las generaciones actuales, estos libros amenazan con desplazar la Biblia como texto de referencia. Por ejemplo, el 61 % de los estadounidenses ha visto al menos una película de Harry Potter. Dado que solo el 50 % de los cristianos estadounidenses puede nombrar los cuatro evangelios, no es exagerado decir que Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff (personajes principales de la saga) son más conocidos en la sociedad estadounidense que Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

De hecho, para los millennials políticamente progresivos en particular, Harry Potter es más que una serie de libros: implica toda una teología. Si bien estos libros rara vez abordan explícitamente la idea de Dios, o proponen una teología metafísica en sí, su trama propone un desarrollo paralelo al Gran Conflicto bíblico.

Los libros de Harry Potter están plagados de hechicería, quiromancia, sesiones de médiums espiritistas, posesiones demoníacas, hechizos, encantamientos, y toda clase de prácticas ocultistas. De hecho, la Biblia no solo condena la hechicería (Deut. 18:10-12; Apoc. 21:8), sino también afirma que el ocultismo y el engaño acerca del estado de los muertos desempeñará un papel importantísimo en el desenlace del Gran Conflicto en la historia de este mundo. Y, no es casualidad que sea esta generación de la humanidad la que esté más familiarizada con estas prácticas ocultistas que con la Palabra de Dios. Dado que nos estamos acercando rápidamente al tiempo del fin, Satanás está preparando el terreno para entrampar mediante falsos milagros y los engaños del espiritismo a la última generación sobre la Tierra.

Elena de White destaca el papel que el ocultismo desempeñará en el tiempo del fin: “Entre las trampas más terribles del gran seductor figuran las enseñanzas engañosas y los fementidos milagros del espiritismo” (El conflicto de los siglos, p. 578). “Poco a poco Satanás ha preparado el camino para su obra maestra de seducción: el desarrollo del espiritismo” (El conflicto de los siglos, p. 618).

Este engaño es sutil porque se disfraza de algo inofensivo: “Los que enseñan el espiritismo se presentan de forma agradable y seductora para engañaros, y si escucháis sus fábulas quedaréis entrampados por el enemigo de la justicia, y perderéis ciertamente vuestra recompensa” (El evangelismo, p. 439).

Y, lo que es más, esto también afectará a diversas iglesias: “Conforme vayan siendo aceptadas las enseñanzas del espiritismo en las iglesias, irán desapareciendo las vallas impuestas al corazón carnal, y la religión se convertirá en un manto para cubrir las más bajas iniquidades. La creencia en las manifestaciones espiritistas abre el campo a los espíritus seductores y a las doctrinas de demonios, y de este modo se dejarán sentir en las iglesias las influencias de los ángeles malos” (Profetas y reyes, p. 156).

Finalmente, la autora utiliza una figura del lenguaje para resaltar con cuánta rapidez este engaño se diseminará: “Vi la rapidez con que se difundía el engaño espiritista. Se me mostró un tren de vagones que marchaban con la velocidad del rayo. El ángel me mandó que observara cuidadosamente. Fijé la vista en el tren. Parecía que en él iba el mundo entero. Después, el ángel me mostró al jefe del tren, un hermoso e imponente personaje a quien todos los pasajeros admiraban y reverenciaban. Quedé perpleja, y pregunté a mi ángel acompañante quién era aquel jefe. Me respondió: ‘Es Satanás, disfrazado de ángel de luz. Ha cautivado al mundo. Este ha sido entregado a formidables engaños, para creer en una mentira con el fin de que se condene. Su agente, el que lo sigue en categoría, es el maquinista, y otros agentes suyos están empleados en diversos cargos, según los va necesitando, y todos marchan con relampagueante velocidad a la perdición’ ” (El conflicto de los siglos, p. 618).

Debemos no solo estar preparados, sino también alertar a otros de este grave peligro. Al proclamar el mensaje de los tres ángeles, contraatacamos con luz la obra de las tinieblas.RA

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