En nuestra sociedad posmoderna, los traslados, los viajes y los cambios de domicilio se están volviendo cada vez más normales y frecuentes.

Sin embargo, las familias que viven la experiencia de la mudanza pueden enfrentar un grado elevado de estrés y ansiedad. Muchas veces se generan dificultades para encontrar nuevas amistades e insertarse nuevamente en el mundo laboral, y se suelen romper las estructuras de apoyo y el grupo social con los que se contaba.

El hogar es un símbolo de estabilidad para cada integrante de la familia, y especialmente para los más pequeños, y cobra más importancia para ellos que para cualquier miembro adulto de la familia. El cambio de domicilio produce una ruptura de esta estabilidad. Por eso, en general, los niños suelen ser más negativos que sus padres en este tema.

Los hijos de padres que cambian de domicilio a menudo, por ejemplo, suelen estar tan estresados debido a las múltiples mudanzas, que desarrollan síntomas de desadaptación. Por otro lado, los estudiantes que cambian de escuela tienen un promedio de logros académicos menor que los estudiantes estables.

Las mudanzas también interfieren con las amistades. Mientras mayor sea el niño, más significado tienen sus amistades y posee un vínculo más estrecho con ellas. El temor de la separación en reiteradas ocasiones hasta podría provocar desequilibrios emocionales.

¿Cómo afrontar una mudanza?

La pregunta que surge es: ¿Qué pueden hacer los padres para ayudar a su familia, principalmente a sus hijos, a adaptarse de la mejor manera posible a los cambios que implica una mudanza?

Escuchar a los jóvenes con atención constituye un factor muy importante. Los niños y los adolescentes necesitan que sus padres les ofrezcan apoyo y aceptación de sus pensamientos y sus sentimientos, y que los aprecien y reconozcan. La seguridad del adolescente y su desarrollo en los diferentes aspectos de la vida se refuerza y es mejor cuando siente seguridad dentro de la familia a la que pertenece, al mantener fuertes vínculos.

Además, el clima afectivo que viven los hijos en el hogar es una variable de gran influencia sobre su adaptación a la nueva escuela y, en consecuencia, sobre su rendimiento académico. La familia puede ser fuente de seguridad, estimulación y estabilidad personal o, por el contrario, el niño se puede ver absorbido por los conflictos familiares, lo que disminuye su capacidad de interesarse y adaptarse al nuevo entorno.

Se les puede brindar la mayor estabilidad posible teniendo en cuenta que, mientras más frecuentes sean las mudanzas, más importante será la estabilidad interna de la familia.

Es importante destacar la importancia que tiene la actitud de los padres, y especialmente de la madre, hacia el cambio de residencia, incluyendo la nueva institución educativa a la que asisten sus hijos. Dependiendo de cuál sea la actitud de la familia, los alumnos estarán motivados e interesados por el nuevo lugar de residencia, lo que influirá sobre su adaptación escolar y en general.

Por otro lado, los niños que tienen un buen apego con sus padres, en general, se muestran más dispuestos a la exploración de nuevos ambientes, y son más eficaces en la interacción con sus profesores y sus compañeros, al igual que con adultos y pares desconocidos. El niño o el adolescente que mantiene un adecuado vínculo familiar muestra mayor seguridad al explorar el mundo físico y social, y a la vez cuenta en su familia con un lugar de refugio ante las situaciones de ansiedad.

Lo positivo

Si bien implican un tremendo desafío, las mudanzas también poseen aspectos positivos. Los hijos de familias que se mudan a menudo aprenden a ser más adaptables y democráticos, más creativos e ingeniosos.

Con la adecuada atención de los padres y con ayuda profesional, de ser necesaria, la mudanza puede resultar ser una experiencia positiva de crecimiento para los niños, al aumentar la confianza propia y la habilidad de relacionarse con otras personas.

De este modo, correctamente afrontadas, las mudanzas pueden ayudar a desarrollar las siguientes características:

  1. Sentimientos positivos sobre uno mismo, considerarse competente y con éxito en la vida.
  2. Autonomía e independencia.
  3. Ser una persona activa, laboriosa, y trabajar con energía para lograr los objetivos.
  4. Relacionarse armoniosamente con los demás.
  5. Sentirse satisfecho con la propia vida, disfrutarla y no sentirse sobrepasado por los problemas.

Por último, si tu familia está enfrentando una mudanza, aférrate de las maravillosas promesas que Dios ha dejado en su Palabra: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres” (Gén. 28:15); “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo” (Isa. 41:13). RA


Este artículo está basado en: Emilia Silvero de Steger, “Impacto de la movilidad residencial en la adaptación general”, Tesis de Licenciatura en Psicopedagogía, Universidad Adventista del Plata, Entre Ríos, Argentina, 2012.