Ecos de la Conferencia Bíblica de 1919

Si bien gran parte de la historia de los comienzos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha sido analizada, se ha escrito muy poco, en comparación, sobre la historia del adventismo en el siglo XX.1 Un momento crucial, que tiene justo su centenario este año, fue la Conferencia Bíblica de 1919. Para quienes estuvieron presentes en este evento, esta fue solo una de las muchas reuniones confesionales a las que asistieron. Como consecuencia, la mayoría de las 65 personas que participaron de la Conferencia Bíblica de 1919 no dejaron ningún registro sobre este evento en particular. El significado de lo que sucedió solo se abriría paso a la conciencia histórica adventista mucho después.

Preparando el escenario

En medio del calor sofocante de Takoma Park (Washington, D.C., Estados Unidos) Clifton L. Taylor, un joven profesor de Biblia de Canadá, mencionó que muy pronto descubrió que las reuniones, a las que había llegado tarde, también se estaban recalentando.2 El presidente de la iglesia, A. G. Daniells, intentaba presentar un panorama amplio a los dirigentes confesionales. Esta visión implicaba traer a los educadores más talentosos, incluidos maestros de Religión de todo Estados Unidos como Taylor, para discutir los temas más controvertidos dentro del adventismo.3

Aunque las reuniones comenzaron el martes por la noche, para el jueves en que Taylor llegó, los participantes se estaban preparando para su primer descanso, la oportunidad de celebrar el Día de la Independencia de los Estados Unidos. Mientras paseaban por la capital, no pudieron evitar escuchar los anuncios por megáfonos de que Jack Dempsey había ganado el campeonato mundial de boxeo de peso pesado en solo tres rondas.

El calor agobiante y el combate de boxeo reflejarían la agitación teológica que ocurrió en la Conferencia Bíblica de 1919 durante el mes subsiguiente. Aunque el concepto de realizar conferencias bíblicas no era nuevo en el adventismo, esta conferencia representó algo único. Fue la primera vez en que un grupo tan altamente capacitado de educadores, editores, administradores y otros formadores de opinión se reunían para discutir una gran cantidad de temas controvertidos. Esto había sido intencional por parte del comité de planificación. Solo se asistiría a las reuniones por invitación, específicamente para que los participantes pudieran sentirse libres de expresar sus puntos de vista sin temor a recriminaciones.

En verdad, la Conferencia Bíblica de 1919 sería la primera reunión de eruditos adventistas, 65 en total (incluidas tres mujeres), que tenían la suficiente formación en idiomas bíblicos como para debatir la etimología de palabras en hebreo, arameo o griego. Varios participantes de esta conferencia estaban familiarizados con algunas de las últimas tendencias académicas, incluido el uso del “método histórico-crítico”, así como la investigación actualizada en revistas académicas, al igual que publicaciones en francés y alemán. Algunos de los presentes tenían formación de posgrado en Teología e Historia. Con tanto en juego, no es de extrañar que Taylor describiera que, durante las reuniones, “armas de grueso calibre […] disparaban andanadas verbales” al debatir los temas.

La Primera Guerra Mundial y las conferencias proféticas

Durante el discurso de apertura, el presidente de la Iglesia Adventista en el ámbito mundial en ese entonces, el Pr. Arthur Daniells, señaló que la Conferencia Bíblica de 1919 era un eco de reuniones similares organizadas por cristianos conservadores. Estas conferencias proféticas, organizadas por personas que luego se describirían a sí mismas como “fundamentalistas”, habían tenido mucho éxito en llamar la atención de los estadounidenses hacia la segunda venida de Cristo. Varios líderes clave de la iglesia habían asistido a esas reuniones. El mismo Daniells manifestó que estos cristianos conservadores estaban realizando el mismo trabajo que los adventistas deberían estar llevando a cabo.

Estados Unidos atravesaba un período de rápidos e intensos cambios culturales. Cuando este país se convirtió en un crisol de diversas religiones, también fue evidente que ya no era predominantemente protestante, anglosajón y blanco. La reciente Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la pandemia de influenza de 1918 habían tirado por el piso las aspiraciones modernistas de que la humanidad podría resolver sus propios problemas. En otras palabras, la sensación general de optimismo sobre el progreso humano se había hecho añicos. Los fundamentalistas aprovecharon esta angustia para llamar la atención de las personas, particularmente en las grandes ciudades, en una escala sin precedentes, al hecho de que Jesús volvería pronto.

Francis M. Wilcox, editor de la Review and Herald en ese momento, señaló que estas conferencias proféticas eran algunas de las más importantes en la historia cristiana, comparables a las 95 tesis de Lutero y eventos similares, y que estos cristianos conservadores tenían que continuar con sus convicciones sobre la autoridad de las Escrituras y los peligros del modernismo. Wilcox describió que se había sentido como en casa en estas reuniones, a pesar de que era muy consciente de que defendían algunos conceptos teológicos erróneos.

Daniells compartía una convicción fundamental con otros dirigentes de la iglesia de ese momento, de que si podían llegar a unirse teológicamente, esta reunión sería la primera de muchas conferencias que llamaría la atención del mundo al hecho de que Jesús estaba volviendo. De este modo, se unirían a la confesión adventista para terminar el gran trabajo de proclamar el mensaje de los tres ángeles al mundo.

La batalla por la hermenéutica adventista

La mayoría de las discrepancias entre los participantes giraban en torno a las diferencias sobre la escatología adventista. Hoy, muchos de estos debates matizados pueden parecer poco importantes, pero para los participantes de la Conferencia Bíblica de 1919 estos temas eran importantes porque representaban dos formas diferentes de interpretar los escritos inspirados (lo que llamamos hermenéutica).

Aunque los temas no eran tan trascendentes, rápidamente se hizo patente que existían dos escuelas hermenéuticas adventistas en esta reunión. Una, de los grupos autodenominados “progresistas”, que enfatizaba el contexto histórico de la Biblia y los escritos de Elena de White. El significado de un evento tenía, para ellos, mayor importancia que la validación de una fecha histórica particular. Por lo tanto, eruditos tales como W. W. Prescott estaban dispuestos a revisar las fechas proféticas adventistas tradicionales en función de su exactitud histórica (Prescott, por ejemplo, dedicó mucho tiempo a debatir si el año 538 d.C. era la fecha más precisa para comenzar la profecía de los 1.260 días). Los progresistas creían que la Palabra de Dios es inspirada “verbalmente”, pero no inerrante (sin errores). Por lo tanto, los progresistas desarrollaron una hermenéutica más flexible, que tomaba ventaja de las últimas investigaciones históricas.

Un segundo enfoque hermenéutico estaba representado por los “tradicionalistas” adventistas. Este grupo enfatizaba que la Biblia y los escritos de Elena de White tenían la misma autoridad y, por lo tanto, son “inspirados verbalmente”. Algunos tradicionalistas, como B. G. Wilkinson, se sentían incómodos con personas como Prescott, que cuestionaban fechas bien establecidas como el año 538 d.C., destacando la rica herencia profética que se remontaba a Guillermo Miller. Al parecer, este grupo era mucho más literal en su enfoque de los escritos inspirados, y cualquiera que cuestionara fechas bien establecidas, incluso las más insignificantes, ponía en juego la escatología adventista.

En realidad, ambos grupos tenían mucho más en común entre ellos de lo que cualquiera de los dos lados hubiera estado dispuesto a admitir. Cada grupo creía en la verdadera profecía predictiva, la historicidad de la Biblia, y la necesidad de luchar contra el cristianismo modernista y liberal. De manera similar, ambos bandos creían que la Biblia es “inspirada verbalmente”. Si bien los progresistas enfatizaban la infalibilidad de las Escrituras en su conjunto, no creían que las Escrituras fueran inerrantes en cada detalle cronológico, numérico, histórico o lingüístico. Esto los hacía menos dogmáticos con respecto a estos detalles y más abiertos a hacer revisiones. Los tradicionalistas mantenían una lectura muy literal de las Escrituras y, por lo tanto, defendían vigorosamente las fechas establecidas.

El comité de planificación permitió que ambas partes presentaran sus puntos de vista en la Conferencia Bíblica de 1919. Compartían la convicción generalizada de que el adventismo no perdería nada con una investigación cuidadosa sobre lo que creían. Después de todo, los adventistas son el “pueblo del Libro”, la Biblia, y una investigación cuidadosa solo podría llevar a una comprensión más profunda de la verdad. A pesar de esto, se generaron desacuerdos. Había personalidades fuertes que eran formidables a la hora de debatir.

Al final, quedó claro que se habían discutido “un gran número de temas complejos”. Incluso el Pr. Daniells se sintió abrumado por la cantidad de puntos disputados. En un momento, deseó poder “subir al rey del norte y la bestia de dos cuernos a un globo aerostático” y librarse de los temas controvertidos. Lo único que generaban estos temas era que su cabeza “le girara como un torbellino”, a medida que se cansaba de los desacuerdos.

Mesas redondas sobre Elena de White

En medio de estos desacuerdos acalorados sobre la hermenéutica adventista, no es sorprendente que tanto los tradicionalistas como los progresistas apelaran a los escritos de Elena de White para resolver sus desacuerdos. Aunque sus escritos eran citados con frecuencia durante la Conferencia Bíblica de 1919, surgieron en cuatro puntos cruciales.

La primera discusión tuvo lugar el 10 de julio de 1919, cuando los líderes de la iglesia apelaron a sus escritos para resolver sus desacuerdos. Daniells estaba preocupado porque había algunos presentes que no estaban familiarizados personalmente con el don profético, por lo que el 16 de julio le dio seguimiento al tema con un testimonio personal sobre cómo el don profético había impactado su vida. Aunque algunos lo habían criticado por no ser lo suficientemente partidario del ministerio profético de Elena de White, él creía que si algunos de los participantes conocieran mejor su historia personal sabrían que esto simplemente no era cierto.

Cuando la Conferencia Bíblica terminó, un grupo más pequeño de educadores, no más de 28 para esta fecha, se reunieron para hacerle algunas preguntas más acerca de cómo interpretar los escritos de Elena de White. Esta sería la primera discusión importante sobre el significado y la interpretación de los escritos de Elena de White después de su muerte, que había sucedido cuatro años antes.

Lo que había incomodado a estos educadores adventistas era que había dos puntos de vista obvios pero contrastantes sobre cómo interpretar los escritos de Elena de White, que se habían hecho evidentes dentro de la iglesia. Aunque tanto los progresistas como los tradicionalistas creían que sus escritos son inspirados, los progresistas como Prescott y Daniells también alegaban, por experiencia personal, que Elena de White nunca había afirmado que sus escritos fueran infalibles en cada detalle menor. Algunos de los tradicionalistas más jóvenes, influenciados por el creciente movimiento fundamentalista histórico, sostenían que sus escritos eran infalibles; y aún más, sostenían que sus escritos son iguales a las Escrituras. Al hacerlo, habían ido demasiado lejos, porque Elena de White siempre había elevado la Biblia como la autoridad principal, y afirmado que sus escritos habían sido dados para guiar a los hombres y las mujeres a la Biblia.

Al reconocer estos dos enfoques de los escritos inspirados, los educadores pidieron a Daniells que publicara un folleto para ayudar a aclarar estos problemas. Eran muy conscientes de que los estudiantes en el aula los empujarían a aclarar estos asuntos. Daniells respondió que la mejor manera de resolver esto era constituir un comité. Lamentablemente, no hay evidencia de que tal comité haya sido establecido alguna vez. El problema era que el debate hermenéutico subyacente, particularmente en relación con Elena de White, no desaparecería, y se destacaría por sobre cualquier otro debate dentro de la confesión a lo largo del siglo XX y hasta el presente.

En formas más matizadas, las diferencias sobre la hermenéutica crearon una tensión teológica que continúa existiendo en la iglesia.

Legado

La Conferencia Bíblica de 1919 ilustra el peligro de la polarización teológica. El significado real de esta reunión histórica es que muestra la creciente división que estaba surgiendo dentro del adventismo y que se manifestó claramente en los debates. Los autodenominados progresistas y los tradicionalistas estaban mucho más cerca los unos de los otros de lo que los dos grupos se dieron cuenta. Sin embargo, con el fragor del debate se alejaron más mutuamente.

Uno de mis profesores de seminario a veces les decía a los estudiantes que debería haber un undécimo Mandamiento en la Biblia: “No harás Teología contra tu prójimo”. Aunque los líderes de la iglesia vieron la importancia de tener discusiones sinceras como una clave para alcanzar la unidad teológica, desgraciadamente, parece haber tenido el efecto contrario. No hay indicios de que los dos bandos continuaran dialogando después de la reunión. En cambio, pasaría otra generación antes de que los líderes de la iglesia intentaran otra Conferencia Bíblica importante, en 1952.

La Conferencia Bíblica de 1919 también proporciona información sobre un período crítico temporal en la historia adventista del séptimo día, un momento en que la iglesia luchaba con la naturaleza y la autoridad de los escritos de Elena de White después de su muerte. Los problemas que rodean la naturaleza y la autoridad de sus escritos surgieron junto con los debates sobre cómo interpretar la profecía bíblica. Los dos campos hermenéuticos articularon dos enfoques hermenéuticos diferentes sobre los escritos inspirados, especialmente cuando se trataba de preguntas sobre cómo interpretar los escritos de Elena de White y su relación con la Biblia. Estas cuestiones no se resolvieron en 1919, pero continuarían siendo un tema de debate. En el quid de la división hermenéutica estaba la naturaleza de la inspiración.

Esta reunión fue la primera ocasión en la historia adventista en que progresistas y tradicionalistas se enfrentaron en debate. Lo que necesitábamos después de la Conferencia Bíblica de 1919 era más diálogo, no menos. Uno solamente puede imaginar lo que habría sido posible si, en lugar de polarizarse, los participantes de la Conferencia Bíblica de 1919 se hubiesen aventurado a entenderse mejor entre sí, y hubiesen seguido haciéndolo como una forma de seguimiento de esta reunión que marcó una época.

Si los adventistas pueden aprender de este conflicto, sería factible utilizar estas ideas del pasado para construir puentes constructivos de diálogo, comprensión y, posiblemente, incluso sanación. Para sobrevivir y prosperar, el adventismo del futuro debe encontrar la ortodoxia equilibrada y reflexiva que Prescott, Daniells y W. C. White señalaron durante y después de la Conferencia Bíblica de 1919. Hasta ese momento, el adventismo continuará viviendo a las sombras de este evento definitorio. RA


Referencias

1 Para una descripción general de la Conferencia Bíblica de 1919, vea Michael W. Campbell, “The 1919 Bible Conference and Its Significance for Seventh-day Adventist History and Theology” (Tesis de doctorado, Universidad Andrews, 2008).

2 Este relato proviene de los diarios de Clifton L. Taylor. Los originales son custodiados por los descendientes de la familia y el autor tiene copias en su poder.

3 Informe de la Conferencia Bíblica, celebrada en Takoma Park, DC, del 1º al 19 de julio de 1919, 1° de julio de 1919, pp. 9-16.

3 Respuestas

  1. Pablo

    Las tensiones teológicas y administrativas son parte de un movimiento que crece y avanza, es señal que sus miembros creen y reflexionan en la Palabra. Dios acompañe a Su iglesia.

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  2. JCLima

    Excelente artículo.. incluso a saber lo resumido del libro- tesis muchas. Gracias…

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  3. rhemius

    realmente, muy pertinente, eso de ; «No harás teología contra tu projimo», una teología sin la guía del Espiritu es un peligro para el teólogo y para la iglesia…

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