Una de las verdades que brillan con más claridad en toda la Biblia es que Dios es el Creador (Gén. 1; Isa. 45:8-12, 18; Apoc. 4:11), y que todo lo hizo en seis días, y descansó el séptimo (Gén. 2:1-3). Sin embargo, esta enseñanza bíblica no ha estado exenta de polémica y desacuerdos. Una razón para esto es el impacto de la Teoría de la Evolución. Algunos, impresionados por las supuestas evidencias en favor de esta teoría, se han sentido impulsados a revisar su interpretación de la Biblia, y han llegado a la conclusión de que tal vez sea posible armonizar el relato de Génesis con algunos datos de la Teoría Evolutiva. A continuación, analizaremos brevemente algunas de estas ideas para ver si esto es posible.

¿Un relato mitológico?

Algunos afirman que el relato de la Creación, en Génesis, es de carácter mitológico, y no un relato histórico sobre el origen de este mundo y que, por lo tanto, no se lo debe entender literalmente. Esta forma de ver la Biblia se popularizó desde el siglo XVIII en adelante, con la propagación del Racionalismo, que afirmaba que todo debe probarse por la razón, y que debe ponerse en duda los relatos de milagros o actos sobrenaturales. Y esto incluye los primeros capítulos del Pentateuco.

Pero, esta no era la forma en que Cristo y otros personajes bíblicos veían el Génesis, pues ellos se refieren a sus primeros once capítulos como historias reales (Mat. 19:4-8; Rom. 5:14; 1 Cor. 15:45, 47; 1 Tim. 2:13). Si alegorizamos los primeros relatos del Génesis, también se alegoriza el origen del pecado en esta Tierra (Gén. 3:1-24). Y, si el pecado es algo alegórico, entonces el plan de salvación pierde valor. Si el relato de la creación de Adán y Eva no es real, jamás cayeron en pecado, y debemos preguntarnos para qué murió Jesús.

Negar la historicidad del Génesis es prácticamente dejar sin piso la obra expiatoria de Cristo, y arriesgarse a repudiar la esencia de nuestra salvación y de nuestra fe cristiana (Rom. 5:2-15, 17-19).

¿Días de millones de años?

Hay quienes explican que los días de Génesis 1 representan millones de años, y esto lo hacen con el propósito de presentar el tiempo suficiente que permita el desarrollo de la vida a través de un proceso evolutivo. Sin embargo, una lectura cuidadosa de la Biblia no permite esto, puesto que los días mencionados ahí están compuestos de “tarde y mañana” (Gén. 1:5, 8, 13, 19, 23, 31). En el Antiguo Testamento, esta expresión se usa todo el tiempo para referirse a un día de 24 horas, la parte oscura (“tarde”) y la parte clara de ese día (“mañana”) (Sal. 55:17; Deut. 16:6; Job 11:17). Además, cuando la palabra “día” en hebreo va acompañada de un número definido (“un día”, “segundo día”, etc.), siempre significa días de 24 horas (Gén. 1:8, 13, 19, 22, 31; 2:2; 17:11; Éxo. 34:28; Jon. 1:17, etc.). Algunos han intentado usar 2 Pedro 3:8 para decir que un día puede significar miles de años, pero este pasaje no se refiere a la Creación, sino a la brevedad del hombre en comparación con Dios.

Proclamar al Dios Creador

En el sencillo relato de Génesis no hay espacio para la Teoría de la Evolución, pues Dios trajo las cosas a la existencia en una semana de días consecutivos de 24 horas, y no en millones de años. Salmo 33:9 dice: “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó y existió”. Este es un acto súbito e inmediato, y no un lento y tortuoso proceso como sería la Evolución.

Para los Adventistas, el conflicto entre Creación y Evolución es una lucha entre la verdad y el error. Dios nos levantó como iglesia para que, antes de que venga el fin, digamos al mundo que él es el Creador, “que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas (Apoc. 14:6, 7); pues, cuando las personas empiezan reconociéndolo como Creador, se confrontan con la necesidad de terminar reconociéndolo como Señor y Salvador. RA