“Cuando existe el deseo de triunfar en la vida, la determinación supera las dificultades económicas, intelectuales y físicas”. Así comienza el pastor Basilio Zawadzki su relato acerca del profesor Andrés Zukowsky. La Revista Adventista publicó la mencionada semblanza como otra muestra de las bondades del poder transformador del evangelio.

Andrés comenzó sus estudios dentro del sistema adventista de educación en 1949, en el Instituto Juan Bautista Alberdi, hoy Instituto Superior Adventista de Misiones (ISAM), en el nordeste de la Argentina. La familia de Andrés residía en la pequeña localidad de Cerro Azul, no muy lejos del colegio, así que dos hermanos de la numerosa familia Zukowsky se inscribieron en el primer año del nivel medio. Allí comenzó a estudiar, y en el tiempo destinado al trabajo, con esfuerzo y constancia, bombeaba agua a mano al tanque de la cocina. El colegio ofrecía tres años de enseñanza secundaria, así que Andrés prosiguió sus estudios en el Colegio Adventista del Plata, en la provincia de Entre Ríos. Consciente de sus limitaciones, muchas veces se levantaba de madrugada para avanzar mejor con sus estudios.

La pregunta por su vocación futura le impidió una noche conciliar el sueño. Tal vez no sería un conferenciante, porque no tenía mucha facilidad de palabra. Pensó en ser enfermero, y para ello asistió a las clases que se daban de noche en la filial de la Cruz Roja del Sanatorio Adventista del Plata. Trabajó y estudió hasta lograr ese objetivo. Hubo años en los que ayudó con su trabajo a sus hermanos menores para que ellos tuvieran también la oportunidad de estudiar. Finalmente, Andrés se decidió por un profesorado de Matemáticas, Física y Cosmografía en la ciudad de Corrientes.

Cuenta Zawadzki sobre el llamativo desempeño profesional de su antiguo compañero de los colegios adventistas:

“Con el título de Profesor en sus manos, pidió al Señor que le mostrara dónde debía trabajar. Se le presentó la oportunidad para desempeñarse como docente en su ciudad natal: Cerro Azul, Misiones. Allí enseñó en dos colegios secundarios”. En los años `70 fue elegido intendente de su ciudad.

“Andrés mantuvo su característica de laboriosidad y constancia en su nuevo cargo. Los lugareños lo recuerdan como un hombre que marcó un nuevo rumbo a su pequeña ciudad serrana: mejoras en las calles y las veredas; señalización e iluminación adecuadas; mejoras en la Plaza Central y en los edificios públicos, etc. Su período de intendente activo, dinámico y honesto le valió para que por dos períodos consecutivos quedara en el mismo cargo. Sin aspiraciones políticas, fue elegido concejal de la ciudad.

“Andrés nunca aspiró al renombre, ni a la comodidad ni al elogio de la gente. Cuando cobraba sus haberes de concejal, los llevaba directamente a la Cooperadora Escolar para cubrir gastos de útiles que necesitaban los alumnos de escasos recursos. No lo hacía porque le sobraba dinero, pues su casa paterna, que compartía con sus hermanas menores, nunca pudo ser terminada. Se dedicaba de lleno a las responsabilidades puestas sobre sus hombros, sea como profesor, intendente, concejal o director de un colegio estatal. No formó su hogar propio, pues su familia era su pueblo natal; y sus hijos, los alumnos de sus colegios.

“No disfrutó mucho de su merecida jubilación ya que a los pocos años de ser jubilado, después de una corta pero penosa enfermedad, el domingo 9 de mayo de 2004, a los 69 años de edad, pasó al descanso.

“Fui invitado por sus familiares para hablar en su funeral, que se realizaría el día siguiente, en su casa paterna en Güemes, a unos seis kilómetros de la ciudad de Cerro Azul. Se reunió mucha gente. Allí tuvimos la oportunidad de compartir palabras de consuelo y esperanza. Luego, el cortejo fúnebre partió hacia la ciudad. Al acercarnos a la plaza central, las campanas de la iglesia sonaron a duelo. Del lado opuesto de la plaza, que se había cerrado al tránsito vehicular, nos esperaba mucha gente. Centenares de alumnos formaban escolta a ambos lados y por todo el largo de la vereda, frente a la Municipalidad. El intendente municipal pronunció un discurso en el que resaltó las virtudes del profesor Andrés Martín Zukowsky, como un hombre honesto y trabajador que se brindó con toda su alma por la comunidad y por su profesión, destacándose siempre por su dedicación solidaria hacia los más humildes y los desamparados. Y se leyó un comunicado: ‘Por todo ello, el intendente municipal de Cerro Azul resuelve: Art. 1º: “Declarar asueto administrativo el día 10 de mayo de 2004 por el fallecimiento del exintendente y exconcejal profesor Andrés Martín Zukowsky” ’. Tampoco se abrieron las escuelas, los colegios, los bancos ni ninguna repartición pública. Por otra parte, el secretario del Concejo Deliberante leyó una resolución en la que dispuso tres días de duelo con la bandera a media asta en todo el distrito de Cerro Azul. El párroco local, presbítero Andrés, pronunció un discurso en el que resaltó la bondad y el servicio desinteresado al prójimo como características de los que heredarán el cielo. En su presentación, dijo que Andrés Zukowsky era un adventista que vivía y practicaba la fe que había aceptado. […] Un par de meses después, por resolución municipal, se cambió el nombre de la calle que pasa frente al colegio donde Andrés fue director y en un acto emotivo se colocó un cartel que dice ‘Calle Profesor Andrés Martín Zukowsky’. […]

“Viendo el tributo rendido por las autoridades, el estudiantado y el público en general a ese hombre sencillo pero trabajador y honesto, recordamos las palabras de las sagradas Escrituras: ‘Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen’ (Apoc. 14:13)”. RA

 

 

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