Cuando se habla de discipulado, rápidamente se citan ejemplos de cómo grandes líderes e iglesias realizan el proceso. Sin embargo, si Cristo es nuestro Modelo, es oportuno preguntar: ¿Qué proceso siguió Jesucristo en su estrategia evangelizadora? ¿Cómo capacitó él a sus discípulos? Aquí presentamos un resumen de ocho pasos que Jesucristo utilizó para capacitar a sus discípulos.1

Paso 1: Selección

“Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Luc. 6:13).

Jesús se dedicó fuertemente a las personas, las cuales deberían ser capaces de testificar de él, manteniendo la obra en funcionamiento cuando él retornara al Padre. Los discípulos deben ser convocados, llamados a servir en las filas del Maestro.

Ahora bien, las personas escogidas no impresionaban por su capacitación; al contrario, llamaban la atención por su sencillez. Dice Hechos 4:13: “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús”.

Paso 2: Asociación

“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mat. 28:20).

El programa de entrenamiento de Jesús era simple y práctico: permitió que sus discípulos lo siguieran. Es impresionante pensar que el Maestro no ofrecía clases formales periódicas, esbozos de seminarios o, incluso, matrículas. Todo lo que hizo fue invitarlos a estar junto a él, pues él mismo sería la escuela y todas las materias. “Fue en virtud de ese compañerismo con Cristo que los discípulos pudieron ‘conocer los misterios del reino de Dios’ (Luc. 8:10)”.2 El conocimiento se obtuvo mediante la asociación, antes de que fuera entendido por la explicación. ¿Qué implica esto para nosotros hoy? Que, sea cual fuere el método de discipulado, es necesario cuidar muy bien de las personas.

Paso 3: Consagración

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. […] Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:4, 10).

Cristo consagró (es decir, separó y dedicó) a sus discípulos para que siempre estuvieran con él, en una actitud de obediencia. En la invitación a ser sus discípulos “está entendida la confianza en la persona de Cristo, así como obediencia a su Palabra”. Lo que valió para los Doce también vale para nosotros hoy: “Fuimos llamados a ser siervos de nuestro Señor, a fin de obedecer su Palabra”.3

Paso 4: Transmisión

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. […] Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:17, 18).

Cristo utilizó un recurso poderoso e infalible para hacer que sus discípulos entendieran la seriedad de su misión: se dio a sí mismo, entregando su propia vida por amor. Por nuestra parte, “necesitamos morir a nosotros mismos, a fin de vivir para Cristo; y, en esa renuncia a nosotros mismos, necesitamos dedicarnos al Señor, en servicio y devoción a él”.4

Paso 5: Demostración

“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15).

Como todo buen maestro, Jesús no se dedicó solo a dar explicaciones; fue más allá: demostró a sus discípulos cómo se debe vivir. Mostró cómo orar, cómo usar la Biblia, cómo tratar a los diferentes tipos de personas, cómo alcanzar el corazón de las personas, cómo evangelizar a hombres y mujeres…

Si queremos preparar discípulos para servir a Dios, debemos estar preparados para que nos “sigan de la misma manera que nosotros seguimos a Cristo”.5

Paso 6: Delegación

“Él les dijo: Dadles vosotros de comer” (Luc. 9:13).

Jesucristo podría haber realizado su ministerio solo, pero prefirió tener la colaboración directa de sus discípulos. No obstante, más allá de pedir colaboración, distribuyó trabajo entre los discípulos, en actividades de dos en dos (Mar. 6:7; Luc. 10:1). La mejor manera de mantener la fe viva y activa es realizar actividades prácticas, en el cumplimiento de la misión.

Paso 7: Supervisión

“Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Luc. 10:17).

Luego de cumplir la misión encomendada, el Maestro escuchó el informe de sus discípulos. Además, “siempre que estaba en compañía de ellos, Jesús los ayudaba a comprender la razón de alguna acción o actitud anterior, a fin de prepararlos para alguna nueva experiencia. Sus preguntas, ilustraciones y advertencias estaban planificadas para destacar aquellos aspectos que necesitaban saber para cumplir las tareas determinadas por él, que llevaban a la evangelización del mundo”.

Además, “en estos tiempos que vivimos, es fundamental que los discípulos sean orientados personalmente hasta el momento en que estén suficientemente maduros para desempeñar la misión por cuenta propia. Obviamente, una persona más madura necesitará una supervisión menos detallada y con menor frecuencia”.6

Paso 8: Reproducción

“Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mat. 9:37, 38).

Jesús no llamó a sus seguidores para que permanecieran pasivos. Jesús esperaba que sus discípulos se multiplicaran, produciendo otros discípulos. Solo la reproducción de discípulos garantizaría que la misión de Cristo sería llevada adelante tras su regreso al cielo.

Es en este contexto que se nos brinda la llamada “Gran Comisión” (28:18-20). En nuestros días, debemos hacer una pregunta crucial: “Aquellos que nos han seguido hasta los pies de Cristo ¿están actualmente conduciendo otros a él, enseñándoles a hacer discípulos, al igual que nosotros mismos?”7  RA


Referencias:

1 Los ocho pasos que se detallan a continuación son una adaptación de lo presentado por Robert E. Coleman en Plano Mestre do Evangelismo, 2a ed., San Pablo: Mundo Cristão, 2000.

2 Ibíd., p. 34.

3 Ibíd., pp. 44, 51.

4 Ibíd., p. 58.

5 Ibíd., p. 65.

6 Ibíd.

7 Ibíd., p. 89.