Maestro, pastor y paramédico; pero, por sobre todo, un hijo de Dios misionero, fiel, humilde y abnegado.

Una tarde serena de otoño, algunos años atrás, visité el cementerio de lo que hoy se conoce como Villa Libertad, cerca de Leandro N. Alem, provincia de Misiones, Argentina. Me llevó a ese lugar boscoso y apartado el deseo de fotografiar las tumbas de algunos de los primeros pobladores y pioneros de las dos instituciones cercanas: El Sanatorio Adventista del Nordeste Argentino (SANA), con su Centro Adventista de Vida Sana, y el Instituto Superior Adventista de Misiones (ISAM). Mi mayor interés se centró en la tumba del pionero de la educación adventista en esa localidad, el misionero Juan Wedekamper (1877-1936). Finalmente la encontré, en un extremo del cementerio, marcada por una sencilla cruz de madera, parcialmente caída, que contenía su nombre, apenas legible.

Juan Wedekamper nació en Alemania, el 8 de mayo de 1877. En su juventud llegó a ser un adventista del séptimo día; pero esa decisión desagradó a sus padres, quienes lo expulsaron de su casa. Se dirigió entonces al Colegio Adventista de Friedensau para estudiar Teología y prepararse para el servicio misionero.

En el año 1906, la Unión Asociación Sudamericana entregó a Juan Wedekamper una licencia misionera. Por alguna razón, se trasladó a la ciudad de Punta Arenas, en el extremo sur de Chile, donde en 1918 los pastores Frank H. Westphal y Arturo G. Nelson realizaron conferencias de evangelismo y organizaron una iglesia.

En los años que siguieron, Wedekamper, todavía soltero, colaboró con el pastor Luis Ernst en la organización de congregaciones adventistas en ciudades como Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, y Córdoba, en la Argentina. En este último lugar se organizaron conferencias de evangelismo en carpa, y un grupo creciente de personas asistieron. Se recuerda el entusiasmo con que Juan enseñaba a los niños a cantar canciones cristianas.

Quizá la contribución más importante de Wedekamper se haya realizado en aquella región selvática del territorio de Misiones conocida como Picada Rusa, donde fue el primer maestro y director de una escuela adventista a la que denominaron Escuela Sabatista. Su conocimiento del alemán y del castellano fue muy útil al interactuar con esas familias de inmigrantes adventistas que habían llegado desde el sur del Brasil y decidieron proveer para sus hijos una adecuada educación cristiana. Las clases comenzaron en 1923 con 33 alumnos a los que enseñó a leer, a escribir, a realizar operaciones matemáticas, y a tener nociones de historia, geografía y música. En 1925, la escuela recibió reconocimiento oficial. Wedekamper sirvió en esa institución por ocho años, hasta 1930. Ese humilde comienzo dio lugar al Instituto Juan Bautista Alberdi de enseñanza media y al actual Instituto Superior Adventista de Misiones (ISAM). En su momento, fue la primera escuela adventista de la Misión del Alto Paraná, y una de las primeras escuelas privadas del interior provincial.

Con mucho afecto y reconocimiento se recuerda a Wedekamper como un misionero abnegado y completo. Para esa gente trabajadora y creyente, fue maestro, pastor y paramédico. Conocía lo suficiente de medicina como para que se lo llamara “doctor”. Su labor humanitaria integral lo llevó a visitar a los vecinos para ayudar a los enfermos y los accidentados. Actuó como partero y hasta realizó cirugías de emergencia. Cincuenta años antes del surgimiento del SANA, soñó con una institución médica que atendiera a los pobladores de los montes. A veces la noche y la lluvia lo alcanzaban mientras recorría los senderos en busca de algún enfermo que lo reclamaba. También a caballo visitaba el interior de Misiones para apoyar a grupos aislados de adventistas que no tenían pastor. No era un profesional de la educación, pero hasta los inspectores oficiales de las escuelas del interior valoraron su enseñanza de contenidos y actitudes hacia los principios cristianos y patrióticos.

En aquella Picada Rusa conoció a Guillermina Otto, con quien se casó y tuvo cuatro hijos: Juan, Celia, Teodora y Ernesto. Wedekamper falleció el 29 de noviembre de 1936. La suya fue una partida inesperada y ciertamente muy sentida. Para un relato bien documentado de la historia de Wedekamper y de la escuela adventista, véase el reciente libro del profesor Raúl R. Álvarez, IJBA, Hogar de mis recuerdos: orígenes y presente (Libertador San Martín, Entre Ríos: Editorial Universidad Adventista del Plata, 2018).

Cuenta el pastor Pedro M. Brouchy de una visita misionera a la población de Lavalle, al sur de la provincia de Corrientes, en compañía de Juan Wedekamper. Los misioneros tuvieron concurridas reuniones en las que compartieron el mensaje con diapositivas en un salón de la localidad, mientras los opositores los hostigaban con palos, piedras, ladrillos y botellas. Incluso se escucharon disparos de armas de fuego al terminar la reunión. La valentía con que los misioneros dieron su testimonio cristiano ilustra el temple de ese siervo del Señor llamado Juan Wedekamper. RA