Al leer sobre la interpretación de Daniel 2 en diferentes círculos religiosos, existe consenso en cuanto a los reinos profetizados por medio de la estatua soñada por el rey Nabucodonosor. Estos reinos son Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma. El asunto en el que se difiere en algunos casos es la identificación del cuarto imperio.

Para algunos, el cuarto imperio no es el Imperio Romano sino el Imperio Griego o Macedonio, haciendo un cambio entre el segundo y el tercero, a saber, Media y Persia como el segundo y el tercero respectivamente.1 Este cambio en el orden de los reinos profetizados por Daniel responde a una interpretación preterista, que pone el cumplimiento de las profecías en el pasado.

Esta forma de interpretar las profecías del libro de Daniel responde a una serie de presuposiciones que permiten tales conclusiones. Una de estas presuposiciones es la de considerar que el libro fue escrito después de ocurridos los eventos narrados, pero escritos en forma de profecía. A este fenómeno se lo conoce como vaticinia ex-eventu. Esto implica que el libro de Daniel habría sido escrito en el siglo II a.C., y no en el siglo VI a.C. Tal postulado es el resultado de la aceptación de que todo tiene una causa y un efecto, sin la posibilidad de intervención de algún poder sobrenatural. Finalmente, bajo estas premisas, el texto de Daniel no sería, en última instancia, profético en carácter.

Los cuatro reinos predichos encuentran su cumplimiento en la historia”.

Ahora bien, estos postulados van en contra de la percepción propia de la Escritura. En primer lugar, el libro de Daniel fue escrito en el siglo VI a.C., tal como se mostró en un artículo anterior. Esto implica que la profecía de Daniel fue presentada como resultado de la revelación divina, lo que implica, en primera instancia, intervención sobrenatural. El libro de Daniel –y la Biblia entera– es claro en establecer que el único que conoce el futuro es Dios, y él es capaz de revelar el futuro a sus siervos (Dan. 2:28; Gén. 41:16, 25; Amós 3:7).

En segundo lugar, la Biblia no contiene vaticinia ex-eventu, como algunos autores han argumentado. Al contrario, en la Biblia encontramos que el futuro puede ser revelado y se convierte en una prueba para confirmar la veracidad del texto bíblico (Juan 13:19; 14:29). Esto es posible cuando reconocemos la premisa básica de la Escritura, a saber, la existencia de Dios y su intervención en los eventos de la Tierra. Esta es una presuposición básica y fundamental con la que la Biblia empieza, al declarar: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Gén. 1:1). Los diferentes autores bíblicos escriben bajo esa premisa; no discuten la existencia de Dios, simplemente la dan por sentada.

Con estas presuposiciones esenciales establecidas por el mismo texto bíblico, la interpretación historicista de la profecía es más que evidente y natural. Los cuatro reinos predichos por el profeta encuentran su cumplimiento en la historia, siendo estos identificados como Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma. Con este último reino, el período histórico es mucho más largo, en comparación con los otros reinos.

Sin embargo, considerando que Roma fue dividida en dos, Roma occidental y Roma oriental, o imperio bizantino (representados por las dos piernas de la estatua), más tarde fue invadida por los pueblos bárbaros, que dividieron el imperio en diez naciones (representados por los diez dedos de los pies de la estatua). Si bien estos reinos formaron la Europa moderna, se han extendido a gran parte del mundo por medio de la colonización que estos países lograron tanto en América como en África y Asia.2 De este modo, la configuración del mundo actual responde a la extensión de estos diez reinos, que aunque parecen unidos (Unión Europea) no lo están en un ciento por ciento (como ejemplo tenemos el Brexit).

Frente a esta realidad, los pies de barro cocido y hierro representan la configuración del mundo moderno, que pronto será golpeada por la piedra que “se desprendió sin que la cortara mano alguna” (Dan. 2:34). Este desenlace, frente a una interpretación historicista, toma relevancia y no permite una interpretación preterista. Por lo tanto, la declaración de Daniel 2:44 que sostiene que “en los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido […] permanecerá para siempre” apunta a nuestros días y nos invita a levantar nuestra cabeza porque nuestra redención está cerca (Luc. 21:28). RA


Referencias

1 Louis F. Hartman y Alexander A. Di Lella, “The Book of Daniel”, Word Biblical Commentary (New York, NY: Doubleday, 1978), t. 23, pp. 146-150.

2 Enrique Treiyer, “Los pies de hierro y arcilla y la Unión Europea: Daniel 2:41-43”, Theologika 17, Nº 2 (2002), pp. 201-202, 205-207.

Una Respuesta

  1. carlos a ramirez

    Es interesantelo que dice Daniel 2 .44 al 49 la cual el Angel del Señor le muestra lo referente al ultimo imperio que se relaciona a nuevo reino de nuestro Señor Jesucristo , donde no habra muerte, dolor ,enfermedades y otras cosas que estamos padeciendo en este mundo

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