Durante la Última Cena, Jesús lavó los pies de sus discípulos, pero ¿instituyó Jesús el Lavamiento de Pies? ¿Debemos realizarlo hoy o podemos optar por no participar en él?

Introducción

“Pastor, siempre participo en la Santa Cena, pero ¿es realmente necesario que también realice el Lavamiento de Pies?” Esta es una pregunta sincera que se hacen muchos miembros de nuestra iglesia, aunque también hay quienes (tal vez sin cuestionárselo) deciden no tomar parte en el Lavamiento de Pies, también llamado Rito de Humildad.

A partir de aquí, buscaremos respuestas a dos importantes preguntas: ¿Cuál es la base bíblica que sostiene la práctica del Lavamiento de Pies en la Iglesia Adventista del Séptimo Día?, y ¿qué nos dice el Espíritu de Profecía sobre este tema?

Fundamento bíblico

Antes de buscar una respuesta a esta cuestión, es necesario tener en mente el siguiente principio hermenéutico: todo texto bíblico debe ser entendido dentro de su contexto; en otras palabras, primero debemos entender el “allí y entonces” para luego hacer una aplicación correcta “aquí y ahora”. Debemos ser cuidadosos al extraer un texto sin tener en cuenta su contexto, porque “un texto sin un contexto es un pretexto”.

Contextualizando el Lavamiento de Pies

En los tiempos bíblicos, el Lavamiento de Pies era una costumbre de hospitalidad (Gén. 18:4; 19:2; 43:24; Juec. 19:21; Luc. 7:44-46), pero durante la Última Cena, la intención de Jesús trasciende este tipo de práctica, ya que afirma: “Pues, si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes” (Juan 13:14, 15, NVI). Algunos interpretan las palabras de Jesús dentro de un contexto meramente espiritual: debemos “lavarnos los pies” unos a otros en el sentido de vivir la humildad que el Señor espera que tengamos como hijos suyos. Pero, al mirar el contexto más general, observamos que el Lavamiento de Pies establece una preparación previa: los discípulos no podían participar de la Santa Cena en forma plena si antes no renunciaban a ellos mismos a través del Lavamiento de Pies. El acto físico de lavarnos los pies (al igual que ingerir el pan sin levadura y el jugo de uva sin fermentar en la Santa Cena) nos acerca a una realidad espiritual que trasciende cualquier práctica humana.

Al afirmar “les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes”, Cristo estaba instituyendo el Lavamiento de Pies, porque tanto el Rito de Humildad como la Santa Cena constituyen una unidad de propósito divino. Ambas prácticas están íntimamente ligadas y son inseparables: el Lavamiento de Pies conduce a la Santa Cena, y la Santa Cena depende (para una participación plena) del Lavamiento de Pies.

Esta preparación previa implica una práctica de hecho, no solo una actitud, ya que Cristo no dijo: “Ustedes también sean” sino “ustedes también hagan” (Juan 13:15). El llamado es a realizar el Lavamiento de Pies, no solo en espíritu, sino también a través de un acto físico que nos ayude a comprender la verdad espiritual que movió a Jesús mismo a lavar los pies de sus discípulos, y así dejarnos un ejemplo por seguir.

Fundamento del Espíritu de Profecía

Elena de White avaló y dio recomendaciones sobre el Lavamiento de Pies, y a continuación presento algunas de ellas:

“Ahora, habiendo lavado los pies de los discípulos, dijo: ‘Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis’. En estas palabras, Cristo no solo ordenaba la práctica de la hospitalidad. Quería enseñar algo más que el lavamiento de los pies de los huéspedes para quitar el polvo del viaje. Cristo estaba instituyendo un servicio religioso. Por el acto de nuestro Señor, esa ceremonia humillante fue transformada en rito consagrado. Debía ser observado por los discípulos, para que siempre recordasen sus lecciones de humildad y servicio” (El Deseado de todas las gentes, p. 605).

“Jesús nos dio el ejemplo y nos dijo que hiciéramos como él había hecho. Vi que su ejemplo debe seguirse tan exactamente como sea posible; sin embargo, los hermanos y las hermanas no siempre han obrado tan juiciosamente como debieran al lavarse los pies, y se ha causado confusión” (Primeros escritos, p. 147).

“La reconciliación mutua de los hermanos es la obra para la cual se estableció el rito del lavamiento de los pies. […] Cuandoquiera que se celebre, Cristo está presente por medio de su Santo Espíritu. Es este Espíritu el que trae convicción a los corazones” (El evangelismo, p. 277).

“En lugar de la festividad nacional que el pueblo judío había observado, él instituyó un servicio conmemorativo, el rito del Lavamiento de los Pies y la Cena sacramental para ser observado a través de todos los tiempos por sus seguidores en todos los países. Estos debían repetir siempre el acto de Cristo, con el fin de que todos vieran que el verdadero servicio exige un ministerio abnegado” (ibíd., pp. 277, 278).

“El rito de lavar los pies fue convertido en un servicio religioso […]. Se lo transformó en algo para probar y verificar la lealtad de los hijos de Dios. Cuando el Israel moderno observa la ceremonia sacramental, esta debería preceder a la participación en los emblemas de la muerte del Señor” (ibíd., p. 277).

Debemos mencionar que, solo por razones de fuerza mayor, entendemos que están exceptuados de este servicio religioso los hermanos que padecen alguna enfermedad o atraviesan alguna otra situación que les imposibilite participar.

Conclusión

El Lavamiento de Pies está fundamentado en las palabras y el ejemplo de Cristo y en los escritos de Elena de White. Por lo expuesto anteriormente, no participar del Rito de Humildad implica no poner en práctica el mandato y el ejemplo de Cristo a través del cual nos preparamos para participar en plenitud de la Santa Cena: el Lavamiento de Pies.