A menudo he escuchado que Daniel y sus amigos tuvieron éxito en Babilonia porque dejaron de comer carne o porque eran vegetarianos. Tal apreciación se debe a una lectura sesgada de Daniel 1:8 y 12. De la lectura de ambos textos, se desprende la idea de que Daniel y sus amigos no comían carne, pues pidieron que se les diera legumbres para comer y agua para beber. Sin embargo, una lectura más completa del libro de Daniel, además de entender el contexto histórico del mundo del cual Daniel provenía, permite entender mejor este asunto.

En primer lugar, Daniel y sus amigos eran hebreos. Ellos fueron parte de los cautivos que llegaron de Judá. Al leer sobre las costumbres alimenticias del pueblo hebreo, se puede entender que la alimentación regular de un hebreo incluía ciertas carnes llamadas puras y excluía una serie de carnes llamadas inmundas. Estas leyes se encuentran en Levítico 11. Además de esto, todo adorador de Jehová debía participar de ciertas fiestas religiosas en las que se incluía el consumo de ciertos alimentos, entre ellos, la carne de cordero. Un ejemplo claro de esto es la celebración de la Pascua, en la que se conmemora la salida del pueblo de Israel de la tierra de Egipto. Para dicha ocasión, debía sacrificarse un cordero y los participantes debían comer del cordero pascual (Éxo. 12:3-11; Deut. 16:5-7). Daniel y sus amigos, como buenos hebreos, seguramente participaban de la Pascua.

“Dios nos llama hoy a seguir un estilo de vida saludable”.

En segundo lugar, al leer en el libro de Daniel, se puede ver que Daniel consumía carne. Daniel 10:3 declara: “No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con perfume, hasta que se cumplieron las tres semanas”. Este pasaje implica que Daniel habría comido carne después de cumplido ese período de tres semanas. Si este pasaje habla del consumo de carne por causa de alguna fiesta hebrea o a causa del consumo de carne como parte de su régimen alimenticio, el texto no lo define. El ayuno de Daniel habría terminado el día 24 del primer mes, lo cual implica que su ayuno habría iniciado el día 4 del primer mes. En ese caso, Daniel no habría participado de la celebración de la Pascua; aunque no se sabe con certeza hasta qué punto la Pascua fue celebrada durante el exilio babilónico.1

Estos dos argumentos permiten tener una idea más clara del asunto. Entonces, la cuestión sobre el régimen alimenticio de Daniel ¿indica que no es necesario ser vegetariano o procurar dejar el consumo de carne, tal como Elena de White aconseja? La respuesta a dicha pregunta no es sencilla. Se puede afirmar que Daniel y sus amigos eligieron una alimentación sin carne por dos posibles razones: siguiendo el plan original de alimentación de Génesis 1:29 y, en segundo lugar, para evitar alimentarse de forma inadecuada según las leyes levíticas. En Levítico no solo se tienen prescripciones sobre qué tipo de carne es aconsejable comer y cuál no, sino también algunas indicaciones sobre la forma de su preparación.

Estos elementos permiten definir que Daniel y sus amigos hicieron lo mejor posible para mantener sus cuerpos, el templo del Espíritu Santo (1 Cor. 6:19), en las mejores condiciones posibles. Daniel y sus amigos fueron leales a las indicaciones dadas por Dios sobre su alimentación y que fueron aprendidas desde su niñez.2

Por tal motivo, su aspecto fue encontrado mucho mejor que el aspecto de los demás compañeros de estudios (Dan. 1:15). Además, “Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (Dan. 1:17). Dios se manifestó en estos jóvenes que, siendo fieles a las leyes dadas por él, tuvieron una claridad mental que superó las mentes más brillantes de sus días, ya que “no se hallaron entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías […]. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino” (Dan. 1:19, 20).

Dios nos llama hoy a seguir un estilo de vida saludable, y su promesa es que vendrán bendiciones de lo Alto, tal como lo hizo con Daniel y sus amigos. Pero esto requiere lealtad total a Dios y a sus preceptos.3  RA


Referencias:

1 “Dia veinticuatro” [Dan 10:4], Comentario bíblico adventista, ed. Francis D. Nichol, trad. Víctor Ampuero Matta (Boise, ID: Publicaciones Interamericanas, 1978), t. 4, p. 884.

2 Elena de White, Consejos sobre el régimen alimenticio (Boise, ID: Publicaciones Interamericanas, 1975), pp. 32, 33.

3 ______________, Consejos sobre la salud (Boise, ID: Asociación Publicadora Interamericana, 1989), pp. 130, 154.

Sobre El Autor

Doctor en Teología y docente de la Facultad de Teología, Universidad Peruana Unión.

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Una Respuesta

  1. Alberto

    – ¿No es tiempo ya de que todos prescindan de consumir carne? ¿Cómo pueden seguir haciendo uso de un alimento cuyo efecto es tan pernicioso para el alma y el cuerpo los que se esfuerzan por llevar una vida pura, refinada y santa, para gozar de la compañía de los ángeles celestiales? ¿Cómo pueden quitar la vida a seres creados por Dios y consumir su carne con deleite? Vuelvan más bien al alimento sano y delicioso que fué dado al hombre en el principio, y tengan ellos mismos y enseñen a sus hijos a tener misericordia de los seres irracionales que Dios creó y puso bajo nuestro dominio.

    Elena G White, “El ministerio de curación”.

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