Entre tantos medios de comunicación, te invitamos a descubrir uno que, más allá de su antigüedad, no ha perdido su vigencia ni su relevancia: la Biblia.

¿Por qué Dios nos habla por medio de la Biblia?

Cada mañana, tenemos en nuestro hogar la costumbre de hacer un pequeño culto con nuestras hijas. Usamos Biblias ilustradas y libros con lecturas devocionales para niños, y dedicamos de diez a quince minutos para que ellas aprendan acerca de Dios a través de su santa Palabra: la Biblia. Después de la lectura, cantamos algunas alabanzas y luego oramos poniendo a nuestra familia y sus necesidades en las manos de Dios.

En cierta ocasión, la lectura devocional para niños comenzaba con una pregunta: “¿Has sentido miedo?” Nathalie, mi pequeña de ocho años, pensó un momento y respondió: “No, yo no tengo miedo. Algunos de mis compañeros de la escuela dicen que tienen miedo, pero yo no tengo miedo”. Al escuchar su respuesta, repliqué: “Nathie, cuando pasamos por la casa de nuestros vecinos y el perro grande comienza a ladrar bien fuerte… ¿no tienes miedo?” Ella bajó su mirada y sonrió tímidamente. Así, dio a entender que los ladridos de ese ovejero alemán le daban un poco de miedo.

Dios no creó a la humanidad para sentir temor, pero cuando el hombre transgredió la Ley divina en el Edén, el miedo fue una consecuencia inevitable. La Biblia describe así ese momento: “Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ‘¿Dónde andas?’ Y él respondió: ‘Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso me escondí’ ” (Gén. 3:9, 10). Parece increíble, pero el corazón de Adán tuvo temor de ese Dios de amor que le había dado la vida.

A partir de ese momento, y ya el hombre viviendo en un mundo de pecado, las manifestaciones divinas provocaron miedo en los seres humanos; y este miedo fue tan palpable que, en numerosas ocasiones, cuando Dios o un ángel deseaban dar un mensaje, comenzaban con las palabras: “No temas” (Gén. 15:1; Jos. 8:1; 2 Rey. 19:6; Dan. 10:12; Luc. 1:13, 30).

A pesar del temor que el pecado provocó en la raza humana, Dios siempre quiso darse a conocer a sus criaturas. Para hacerlo sin que el hombre sintiera miedo, Dios les habló a hombres y mujeres escogidos a través de sueños y visiones, y les ordenó que ellos transmitieran mensajes que provenían del Cielo. Muchos de esos mensajes fueron escritos y se conservaron juntos, para que aquellos que deseaban hacer la voluntad de Dios supieran lo que el Dios del cielo demandaba de sus hijos.

El origen de la Biblia

Moisés, líder del pueblo de Israel, fue el primero en recibir de Dios la historia de la creación del mundo, y una serie de hechos históricos y leyes que se encuentran en los primeros cinco libros de la Biblia. Luego, Dios inspiró a diferentes hombres y mujeres para que escribieran historias, poesías, biografías, enseñanzas, cartas y revelaciones, a fin de que su Palabra estuviera al alcance de sus hijos en esta Tierra. En el año 98 d.C., Juan, discípulo y apóstol de Jesús, fue el último en registrar en un libro (Apocalipsis) la revelación que Dios le diera, sobre los últimos días de la humanidad y el fin del mundo.

Los 66 libros de la Biblia tardaron un largo tiempo en ser escritos, ya que entre Moisés y Juan hubo aproximadamente 1.500 años.

Por siglos, las Biblias tuvieron solo las divisiones que sus autores originales realizaron. Pero, para facilitar su lectura, las Biblias actuales contienen divisiones en capítulos y versículos, que son de un tiempo relativamente posterior. “Las divisiones en capítulos comenzaron en la Vulgata Latina, y se les acreditan tanto a Lanfranc, arzobispo de Canterbury (murió en 1089), como a Stephen Langton, arzobispo de Canterbury (murió en 1228), o a Hugo de Sancto Caro, quien vivió en el siglo XIII. Los versículos numerados aparecieron por primera vez en la cuarta edición del Nuevo Testamento griego que publicó Robert Etienne (Stephanus) en Ginebra en 1551, y en el Antiguo Testamento Hebreo de Athías de 1559 a 1561”.1

¿Qué encontramos en la Biblia?

Las Sagradas Escrituras, además de ser la revelación que Dios hace de sí mismo, presentan una serie de leyes, enseñanzas y exhortaciones para que el hombre imite a su Creador y evite el pecado. Por eso, la Biblia nos invita a tener, entre otras, estas características:

Veracidad: “Por eso cada uno de ustedes debe desechar la mentira y hablar la verdad con su prójimo” (Efe. 4:25).

Fidelidad: “Pero cometer adulterio es no tener cabeza; quien adultera, se corrompe a sí mismo” (Prov. 6:32).

Autenticidad: “Por lo tanto, desechen toda clase de maldad, todo engaño e hipocresía, envidias y toda clase de calumnia” (1 Ped. 2:1).

Pureza: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mat. 5:8).

Pero, como Dios conoce al ser humano y sus debilidades, también podemos encontrar entre sus páginas que él nos ofrece:

Perdón: “Yo, y nadie más, soy el que borra tus rebeliones, porque así soy yo, y no volveré a acordarme de tus pecados” (Isa. 43:25).

Limpieza: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Restauración: “Por eso, así ha dicho el Señor: ‘Si te vuelves a mí, yo te restauraré, y tú estarás delante de mí’ ” (Jer. 15:19).

Además, en la Biblia no solo se encuentra la mirada divina sobre las criaturas de este mundo, sino también esperanza y la segura promesa de recuperar lo que el pecado le arrebató a la humanidad: la vida eterna. Con un mensaje lleno de amor y convicción, Juan expresó las palabras de Jesús: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¿Cómo alcanzar la vida eterna, la inmortalidad, vivir para siempre? La Palabra de Dios habla del final del Gran Conflicto y del triunfo contundente de Jesús sobre el mal, de cómo aniquilará para siempre la muerte.

¿Quieres conocer más de Dios? ¿Deseas que tu mente se eleve a temas de profundidad celestial? Si es así, ten presente lo siguiente: “Si la Biblia fuera estudiada como debería serlo, los hombres llegarían a ser de intelecto fuerte. Los temas tratados en la Palabra de Dios, la digna sencillez de su lenguaje, los nobles temas que presenta a la mente, desarrollan facultades en el hombre que no podrían desarrollarse de otro modo. En la Biblia se abre un campo sin límites para la imaginación. El estudiante llegará, al contemplar sus grandes temas, a relacionarse con sus elevadas imágenes, a ser más puro y elevado en pensamiento y sentimiento que si hubiera pasado el tiempo leyendo cualquier obra de origen meramente humano”.2


Referencias:

1 Philip Wesley Comfort, ed. El origen de la Biblia (Illinois: Tyndale House Publishers, 2008), pp. 285, 286.

2 Elena de White, Mente, carácter y personalidad (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2013), t. 1, pp. 92, 93.

Pr. David Brizuela

 

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