En muchas ocasiones, los padres pueden llegar a pensar que si su hijo realizó lo que se le ha pedido de manera correcta, en el momento en que se lo pidieron, aunque haciendo berrinche, está obedeciendo. O en otras ocasiones, lo hacen en el momento en que se lo pidieron, de muy buena gana, pero no lo hicieron de la manera correcta como uno se lo pidió, y creemos que fueron obedientes. O quizá lo hicieron muy bien, de buena gana, pero lo hicieron luego de que tuvieras que repetir el pedido dos, tres o más veces. Todos estos ejemplos no representan una verdadera obediencia. Para que sea verdadera, la obediencia debe tener estos tres componentes: (1) bien hecho; (2) en el momento en que se lo pides; y (3) de buena gana.

Muchos padres se preguntan: ¿Cuándo debo comenzar a enseñar obediencia a mis hijos? Desde el momento en que tiene la capacidad de realizar la tarea solicitada. Por ejemplo, si el bebé o el niño ya es capaz de ir a la caja de juguetes y tomar y sacar juguetes, ese mismo movimiento ya lo puede hacer, pero a la inversa, es decir, guardando los juguetes en la caja. Si tiene la capacidad de sacarlos, la tiene para guardarlos. Ese es el momento en que, como padres, tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos que su responsabilidad es guardar sus juguetes.

Ahora bien, ¿cómo enseñar a tu hijo o a tu hija a ser verdaderamente obediente?

Cuando se le está enseñando a un bebé o a un niño pequeño a obedecer en el tiempo correcto, es decir, desde pequeño, será de gran valor la actitud con que lo hagamos. Recuerda que uno de los factores más importantes de la obediencia es hacerlo de buena gana. Si tú mismo no le das esta indicación de buena gana, tu hijo tampoco lo hará ni obedecerá de buena gana. Es importante que te acerques con una sonrisa, y le muestres la manera correcta de realizar la acción solicitada, por ejemplo, el lugar donde guardar los juguetes. Una vez que el niño lo haya realizado de manera correcta, puedes aplaudir, darle un beso o un abrazo. Y esto hará que el bebé busque nuevamente esta recompensa la próxima vez.

Si tu hijo ya es un poco más grande y no has sembrado este tipo de obediencia, será necesario recurrir a otros métodos para lograr que obedezca correctamente. Los niños, por naturaleza, no son obedientes. Es tu responsabilidad inculcar esa obediencia en tus hijos. Cuando das la indicación, debes estar libre y atento para observar al niño y asegurarte de que haga lo que le has pedido de la manera correcta. Por ejemplo, si eres madre y estás preparando la comida, y no puedes alejarte de la cocina, es mejor no darle una indicación a tu hijo para que la cumpla en ese momento, mientras estás atareada en la cocina. ¿Por qué? Porque si el niño no obedece, no podrás intervenir para que realice lo que le has pedido, y ya no le estarás enseñando el factor “En el momento”. Probablemente, te veas obligada a repetir la indicación varias veces; y hasta podrías perder la paciencia, y así tampoco le estarías enseñando el factor “De buena gana”. Por lo tanto, debo dar las indicaciones a mi hijo cuando tengo la seguridad de que puedo dejar lo que estoy haciendo e ir para acompañarlo.

En el caso de que el niño obedezca al momento de dar una indicación, por ejemplo, de guardar los juguetes, puedes darle dos opciones: “¿Puedes hacerlo tú solito o necesitas que yo te ayude?” La mayoría de los niños responden de dos maneras: (1) Decir: “No, no, lo hago solito”, y entonces lo realizan, cumpliendo así el objetivo; o (2) decir: “Tú ¿me vas a ayudar?”, sorprendidos por tu propuesta, y querrán ponerte a prueba. A continuación, puedes tomarlo de la mano y ayudarlo a cumplir la indicación. Luego, le das un aplauso, un beso o un abrazo para felicitarlo.

Lo más importante al aplicar estas técnicas es ser firme y constante, lo que favorecerá resultados positivos. Recuerda que “los hijos deberían ser preparados, educados y disciplinados hasta que lleguen a ser obedientes a sus padres, respetando su autoridad. En esta forma, el respeto a la autoridad divina será implantado en su corazón y la educación de la familia será como una escuela preparatoria para la familia celestial” (Elena de White, Conducción del niño, pp. 209, 210).

Pidamos sabiduría a Dios al esforzarnos por enseñar a nuestros hijos a obedecer correctamente: de buena manera, en el momento y de buena gana. RA

Deja un comentario: