“Si no te gusta donde estás, muévete. No eres un árbol” (Jim Rohn).

Entre junio de 1837 y enero de 1901, Inglaterra estuvo bajo el reinado de Victoria I. Este período marcó la cúspide de la Revolución Industrial y del Imperio Británico, a merced de una serie de reformas culturales, morales, políticas, arquitectónicas, económicas, industriales y científicas que califican su reinado como extraordinario. Cuando Victoria ascendió al trono, Inglaterra era, básicamente, agraria y rural. A su muerte, el país se encontraba industrializado y la mayoría de su territorio estaba conectado por una red ferroviaria.

Tiempos de cambios. Épocas de reformas. En Inglaterra, una reina transformó un país. Miles de años antes que ella, hubo un rey que hizo lo mismo. Así como no se esperaba que una mujer desplegara semejantes variaciones sociales y culturales, tampoco se aguardaba que un niño emprendiera tamañas reformas en Israel. Sin embargo, él también obtuvo la victoria.

El relato sobre Josías en 2 Reyes 22 y 23 es vertiginosamente apasionante. A los ocho años comenzó a reinar, bajo el maravilloso amparo espiritual de su madre (Jedida), de un fiel sacerdote (Hilcías) y de profetas de Dios, a los que obedeció (como Jeremías y Sofonías). Desde entonces, todo cambió.

En primer lugar, Josías desafía su corrupta genealogía (no era fácil ser el hijo del malvado Amón y nieto del nefasto Manasés) y hace lo recto ante los ojos de Jehová, con consagración y equilibro, sin apartarse ni a la izquierda ni a la derecha (2 Rey. 22:2).

“No dejes para mañana el tiempo de reforma. El momento es hoy. ahora”.

Luego, motivado por el hallazgo del libro de la Ley, inició una serie de reformas sublimes, que se destacan en 2 Reyes 23:4 al 23. Es impresionante notar el preciso repertorio de verbos que conllevan las transformaciones: “Quitó a los sacerdotes idólatras”; “Sacó la imagen de Asera y la quemó”; “Derribó los lugares de prostitución y los altares”; “Profanó los lugares altos”; “Quebró las estatuas”; y “Celebró la Pascua”.

El verdadero líder no es pusilánime ni tibio. No le tiembla el pulso para iniciar reformas radicales y profundas, anclado en la Palabra de Dios, y no en los meros razonamientos humanos, en decisiones populares ni en demagógicas medidas instaladas en las antípodas de lo bíblicamente correcto.

El verdadero líder no se estanca en la teoría. Liderazgo es planificación, pensamiento estratégico, oración y acción.

El verdadero líder no se queda de brazos cruzados contemplando pasivamente el avance de la idolatría.

El verdadero líder hace suyas las palabras de 2 Reyes 23:24 y 25: “Asimismo barrió Josías a los encantadores, adivinos y terafines, y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, para cumplir las palabras de la ley que estaban escritas en el libro que el sacerdote Hilcías había hallado en la casa de Jehová. No hubo otro rey antes de él que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual”.

Es tiempo de tomar la escoba espiritual, y barrer de nuestra vida todo lo que no se corresponda con el plan de Dios para nuestra felicidad actual y futura. Es tiempo de desafíos en medio de una cultura posmoderna, relativista, gris, light, que socava los principios eternos del evangelio.

Un liderazgo comprometido implica una acción coordinada, correcta y efectiva. Una acción que logre cambios sustanciales para la eternidad en la vida de los demás. No dejes para mañana el tiempo de reforma. El momento es hoy. Sé como Josías, y toma la escoba. Hay mucho por hacer. Empieza por ti.RA

Sobre El Autor

Licenciado en Teología (Universidad Adventista del Plata) y en Comunicación Social (Universidad Nacional de Rosario). Ha trabajado como pastor, docente universitario y periodista. Actualmente es editor de libros, redactor de la Revista Adventista y director de Conexión 2.0, Acción Joven y Vida Feliz, en la Asociación Casa Editora Sudamericana.

Artículos Relacionados

Deja un comentario: