Conoce al mayor héroe de todos los tiempos.

No todos tienen la oportunidad de ver a un héroe en acción. Y no me refiero a aquellos seres con poderes especiales de la ficción que salen en las tiras de cómics o en las películas, sino a aquellos que tienen comportamiento de héroe siendo personas “comunes”.

Salvada por un héroe

Ese fue el caso que le tocó vivir a la reportera Giuliana Sgrena, quien había estado secuestrada por el ejército de Irak en febrero de 2005. Luego de largas deliberaciones y negociaciones, esta periodista fue liberada, aunque sus captores le advirtieron “que los estadounidenses no querían que ‘volviera viva a Italia’ ”.

Luego de abandonar el lugar del secuestro, la camioneta que llevaba a Giuliana fue emboscada por una patrulla estadounidense, que disparó sus proyectiles durante veinte segundos. Ella en todo momento estuvo acompañada por el agente Nicola Calipari, que al observar el ataque cubrió con su cuerpo a la periodista, y recibió en sí mismo los disparos mortales.

“Autoridades civiles y militares, políticos y ciudadanos de a pie se dieron cita en un domingo lluvioso en el complejo del Vittoriano, en la plaza Venecia de Roma, para homenajear a quien ya consideran uno de sus héroes”,1 decían algunos periódicos del mundo, tras la proeza.

En las páginas de la Biblia se encuentra la biografía de un superhéroe. Un hombre especial, lleno de amor, que aunque poseía poderes especiales por ser Hijo de Dios, se despojó a sí mismo de todo vestigio de divinidad para vivir y morir por la raza humana. Pero, antes de hablar de este superhéroe, tenemos que hablar de quienes necesitaban su intervención como Salvador: los seres humanos.

La necesidad

La humanidad no fue creada por Dios para que viva como lo viene haciendo. El Creador tenía planes grandiosos, sublimes y sagrados para las criaturas creadas a su imagen, pero ese destino eterno y especial tenía una condición: obediencia a su santa Ley. El gran adversario espiritual, Satanás, buscó a través del engaño que la humanidad perdiera el vínculo con su Creador; y allá, al principio de la historia de la humanidad, los primeros humanos no superaron la prueba: al comer del “árbol del conocimiento del bien y del mal” (Gén. 2:9), cayeron en pecado.

El pecado trajo innumerables consecuencias a este planeta. El mundo entero se malogró en todas sus esferas luego de la transgresión de la Ley divina. Pero la consecuencia más nefasta que dejó el pecado fue la muerte. No fue el plan de Dios que sus criaturas debieran despedirse de sus seres amados. El vacío que deja el fallecimiento de alguien cercano es inexplicable y sumamente penoso.

El Dios del cielo, Creador del mundo y del Universo, no es inmune al dolor de sus hijos. Cuando la humanidad transgredió su Ley, se puso en marcha un plan de rescate para que la humanidad caída volviera a estar reconciliada con Dios y recuperara lo que el pecado le había quitado: la vida eterna.

Héroe en acción

Jesús, el Enviado de Dios, dejó su posición exaltada en las cortes celestiales y llegó a este mundo como un infante, con la disposición de vivir y servir a los hijos degradados por el pecado.

El gran adversario de Dios buscó todas las formas posibles para que Jesús transgrediera la Ley divina, pero los momentos críticos y las situaciones apremiantes solo lograron mostrar las características de héroe que había en Jesús, y resaltar su nobleza, su bondad, su amor incondicional y su santidad.

Llegó el momento de la prueba suprema. El Hijo de Dios se sometió voluntariamente y en soledad a la humillación y la vergüenza de sufrir las torturas y la muerte de un delincuente. Soportó las burlas, las bofetadas y los azotes como si los mereciera. Con un amor incondicional, oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Luc. 23:34). Luego de encomendarse al Padre, murió sin merecerlo. Murió habiendo tenido una obediencia incuestionable a la Ley de Dios durante toda su vida. Murió sin pecar. Murió como el único Héroe que con su muerte salvó a la humanidad toda.

El mayor superhéroe

En la historia de este mundo se registran increíbles anécdotas de hombres y mujeres que demostraron la valentía y el coraje de un héroe, pero ninguno de ellos se asemeja al Hijo de Dios. Quienes lo aceptan como Salvador y Señor de su vida, tienen la garantía de la vida eterna en la gran promesa: “Y éste es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo” (1 Juan 5:11).

Todos los descendientes de Adán pueden disfrutar de la salvación ofrecida por Jesús y conquistada en la Cruz. Todo ser humano puede encontrar la vida eterna, tan solo con creer en Jesús. “Nadie es tan miserable, corrompido y vil que no pueda encontrar en Jesús, que murió por él, fortaleza, pureza y justicia, si quiere abandonar sus pecados, dejar la senda de la iniquidad y volverse con plena decisión del corazón al Dios viviente. Él espera para quitarles sus vestiduras, manchadas y contaminadas por el pecado, para revestirlos de las blancas y resplandecientes túnicas de justicia; y los intima a vivir, no a morir”.2


1 infobae.com (artículo leído el 23 de mayo de 2005).
2 Elena de White, Dios nos cuida (Buenos Aires: ACES, 1991), p. 349.