Al observar el mundo en que vivimos, ¿qué palabra usarías para describir nuestra situación? Hay varias posibilidades, pero seguramente la palabra “crisis” estaría al inicio de la lista. Esta palabra es utilizada en la política, en los valores morales, en la ecología, en el escenario financiero; en las cuestiones corporativas, profesionales, existenciales, familiares y, especialmente, en las espirituales. Con la expansión de Internet, las redes sociales, las noticias falsas y la irresponsabilidad virtual, el potencial de las crisis se volvió aún mayor. Sin duda, “crisis” es la palabra del momento.

Pero, para un estudioso de la Biblia, “esperanza” es una palabra aún más relevante. Después de todo, a las crisis se las enfrenta con esperanza (Hab. 3:17-19). Esta debe estar en el centro de la atención de quien conoce la visión profética para el tiempo en el que vivimos. El pastor y profesor Amim Rodor va aún más lejos, y reconoce que “el resumen de la confesión adventista se encuentra en la palabra ‘esperanza’ ”.

Se transmite mucho contenido en las pocas letras de esta palabra, que aparece 114 veces en la Biblia (en la versión Reina-Valera 1960) y 4.315 veces en los escritos de Elena de White. Después de todo, “esperanza” representa la mayor expectativa del mundo; recuerda el mensaje de la segunda venida de Cristo, descrita unas 2.000 veces en toda la Biblia; representa la identidad de los Adventistas, que no nacieron de un gran chasco, sino de una esperanza renovada; era la marca de los pioneros adventistas, ilustrada por Jaime White al concluir su mensaje en la primera revista adventista (The Present Truth) con las palabras “en la esperanza”; y es la marca de los proyectos misioneros llevados a cabo hoy en toda la División Sudamericana. Realmente, esta palabra es un hilo de oro que une sentimientos, mensajes y expectativas tan importantes.

«El consejo bíblico va más allá de simplemente conocer la fuerza, el valor o el significado de la palabra ‘esperanza’ ”

Su fuerza aparece también en el himno “Una esperanza”, que representa la unidad y la  identidad de la Iglesia Adventista alrededor del mundo. Seguramente lo has cantado o, por lo menos, lo has oído. Este himno fue entonado por primera vez en el congreso de la Asociación General de 1962, que se realizó en San Francisco, California, que tuvo como lema las mismas palabras. También fue la base del mensaje de apertura dado por el pastor Reuben R. Figuhr, presidente de la iglesia mundial entre 1954 y 1966, que también había sido presidente de la División Sudamericana entre 1941 y 1950. Wayne Hooper, que formaba parte del equipo de La voz de la profecía en los Estados Unidos, compuso el himno especialmente para este encuentro mundial, pero su impacto fue tan fuerte que pasó a ser cantado por la iglesia en todo el planeta. También terminó siendo el único himno oficial de cinco congresos de la Asociación General: 1962, 1966, 1975, 1995 y 2000. Nuestra unidad y nuestra identidad se construyen sobre esta esperanza.

Pero, el consejo bíblico va más allá de simplemente conocer la fuerza, el valor o el significado de la palabra “esperanza”. El deseo del Señor, presentado por medio del apóstol Pablo, es que abundemos “en esperanza” (Rom. 15:13). Y, para que esto suceda realmente durante todo este año, quiero invitarte a que hagamos juntos una gran inversión a través de las meditaciones matinales Nuestra esperanza. Tuve la oportunidad de escribir este libro de lecturas devocionales y creo que, por el poder del Espíritu Santo, el contacto con sus mensajes bíblicos, testimonios llamativos e historias poderosas va a hacer a cada lector más “rico en esperanza”. Nuestros pies estarán en la Tierra, pero nuestros ojos serán llevados al cielo, apegados a la seguridad del pronto regreso de Jesús.

Quita tus ojos de la crisis y pon tu corazón en “el pensamiento de que el Señor vendrá pronto. Alegre nuestro corazón esta esperanza” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 228). Vive cada día de 2019 alimentado por este sentimiento que viene del Señor. RA

Sobre El Autor

Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

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