El libro de Daniel es, quizás, uno de los más comentados en la historia del cristianismo. Su énfasis en las profecías ha sido, de un modo u otro, el foco de los comentadores del texto bíblico, independientemente de su perspectiva sobre el cumplimiento de la profecía; es decir, ya sea desde una perspectiva historicista, preterista, futurista o idealista.1 Sin embargo, desde una perspectiva historicista, el libro de Daniel abre al lector una puerta hacia el entendimiento de los eventos finales de la historia, y culmina con el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra (Dan. 2:44; 7:26, 27). Esto indica, de forma inequívoca, el carácter profético del libro de Daniel.

Sin embargo, cuando revisamos la ubicación del libro de Daniel en el Canon hebreo, este no forma parte de los nebi’im (profetas) sino de los ketubim (escritos). Esto significa que no fue considerado junto con Isaías, Jeremías y otros libros proféticos; Daniel se agrupa junto con Proverbios, Cantares y el libro de los Salmos. Su ubicación en el Canon hebreo no minimiza el carácter profético del libro, sino que le otorga un valor especial, pues es considerado parte de la literatura sapiencial para el pueblo de Dios.

Esta característica es evidente en el libro de una forma muy peculiar. Para mostrar esto, es necesario recordar que Daniel escribió en dos idiomas: hebreo y arameo. Daniel 1:1 a 2:4 y 8:1 a 12:13 está escrito en hebreo; mientras que 2:4 a 7:28, en arameo. Es sorprendente que se haga uso de una palabra específica que parece cumplir un rol importante en el propósito del libro. La palabra a la cual se hace referencia aquí es el término hebreo śakal, que significa “tener entendimiento”. Este verbo hebreo aparece solamente en la sección hebrea de libro de Daniel (1:4, 17; 9:13, 22, 25; 11:33, 35; 12:3, 10). Sorprendentemente, en la sección aramea no se hace uso de este verbo, pero sí de su sustantivo derivado, śokhletanu, que se traduce como entendimiento (5:11, 12, 14).

En la primera sección hebrea del libro de Daniel, el verbo śakal se refiere a Daniel y a los jóvenes hebreos (1:4, 17). En Daniel 1:17, el verbo aparece en tercera persona singular, siendo el sujeto de este verbo Dios mismo. Es decir, es Dios quien dio entendimiento tanto a Daniel como a los tres jóvenes hebreos. En la segunda parte hebrea del libro de Daniel, se hace uso de este verbo para referirse al pueblo de Dios en forma colectiva (Dan. 9:13; 11:33, 35; 12:3, 10) y también al profeta Daniel en forma específica (Dan. 9:22, 25). En todas las ocasiones en que se usa este verbo, la idea dada por la forma verbal indica que el receptor de la acción (Daniel, los jóvenes hebreos y el pueblo de Dios) reciben dicho entendimiento, y no que posean dicho entendimiento per se. Más aún, es Dios el dador de dicho entendimiento.

En la sección aramea del texto, se hace uso del sustantivo śokhletanu, que deriva del verbo śakal, y en las tres ocasiones se utiliza para referirse al profeta Daniel, quien había mostrado en el pasado que la sabiduría celestial estaba con él (5:11, 12, 14). Junto a este sustantivo, existe otro que es de la misma raíz y es único en el libro de Daniel: śekel, que significa entendimiento, pero es utilizado una sola vez en todo el libro (Dan. 8:25).

«Por sí misma, la profecía no tendría valor si no nos guiara a la Fuente del entendimiento”.

En los otros casos en los que se usa ya sea un verbo o un sustantivo de la misma raíz (śkl) en el libro de Daniel, es evidente que el entendimiento proviene de Dios. Sin embargo, en este caso, dice literalmente “su entendimiento”, y es traducido en versiones modernas como “su sagacidad” (RVR) o “su astucia” (LBLA). Todas las veces que este sustantivo se utiliza en el texto bíblico, se emplea de forma positiva. Sin embargo, las acciones del cuerno pequeño de Daniel 8 indican acciones ajenas a la sabiduría y el entendimiento que vienen de Dios. De hecho, este poder finalmente “será quebrantado, aunque no por mano humana” (Dan. 8:25); es decir, por Dios mismo.

Como podemos ver, la posición de Daniel en los ketubim indica, al parecer, el propósito del libro: permitir que el pueblo de los santos pueda beber de la misma Fuente de sabiduría de la cual bebió Daniel, y ser considerado parte de los “entendidos” en el tiempo del fin. Así, las profecías que anuncian eventos del tiempo del fin y de la Venida del Mesías se convierten en un elemento para buscar la sabiduría de Dios. Por sí misma, la profecía no tendría valor si no nos guiara a la Fuente del entendimiento. Solo así “los entendidos comprenderán” (Dan. 12:10) las profecías y recibirán su “heredad al fin de los días” (Dan. 12:13). RA


Referencia:

1 Sobre los diferentes métodos de interpretación de las profecías de Daniel, véase William G. Johnsson, “Apocalíptica bíblica”, en Tratado de teología adventista del séptimo día, ed. Raoul Dederen (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009), pp. 884-917.