“Nuestros tiempos” es una nueva columna en la que reflexionaremos sobre el estado en el que se encuentra nuestro herido mundo y relacionaremos los acontecimientos más trascendentes de la actualidad con el calendario divino del plan de salvación, tal como está delineado en las profecías apocalípticas que tienen que ver con el tiempo del fin.

En este caso, relacionaremos dos escenarios históricos que marcaron un hito en el plan de salvación con la condición de la sociedad actual. En realidad, trataremos de percibir las similitudes que Cristo mismo estableció al hablar del estado del mundo previo a la Segunda Venida.

En su sermón profético, Cristo mismo estableció la comparación: “Cuando el Hijo del Hombre regrese, será como en los días de Noé” (Mat. 24:37, NTV). Y, si bien la aplicación primaria es establecer que la última generación sobre la Tierra no estará mejor preparada para una destrucción repentina que la generación previa al Diluvio (Jesús culmina esta sección con las palabras: “¡Así que ustedes también deben estar alerta!, porque no saben qué día vendrá su Señor”, vers. 42), el contexto social de los días de Noé también sirve como ilustración de la condición actual de nuestra sociedad.

Más allá de que todo lo que la gente antediluviana “pensaba o imaginaba era siempre y totalmente malo” (Gén. 6:5, NTV), Dios “vio que la tierra se había corrompido y estaba llena de violencia” (vers. 12). Y esa fue la razón dada por Dios mismo para la destrucción del mundo por medio de agua: “He decidido destruir a todas las criaturas vivientes, porque han llenado la tierra de violencia. Así es, ¡los borraré a todos y también destruiré la tierra!” (vers. 13).

No hace falta detenerse a ejemplificar la violencia actual que impera en el mundo. Basta con encender la televisión y mirar un noticiero, leer el diario o, en la mayoría de los casos, ¡con solo salir a la calle! Asesinatos, robos violentos, abusos sexuales, agresiones verbales y físicas, abusos verbales; toda una gama de violencia que se despliega minuto a minuto. Y está lejos de mejorar. En realidad, todo indica que empeorará. Una de las razones es el hacinamiento de millones de personas en condiciones menos que ideales. Sí, las grandes ciudades del mundo son también las grandes usinas de violencia en el mundo.

En 2014, un informe de la División de Población de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció que un 54 % de la población mundial vivía en las ciudades, y que para el año 2050 dos de cada tres pobladores mundiales vivirán en las ciudades.1 El problema es que está probado que cuantas más personas vivan en una ciudad, mayor será el porcentaje de violencia, robos y asesinatos. Los delitos violentos aumentan proporcionalmente con el aumento de la población que vive en las ciudades. No es raro pensar que, otra vez, Dios tenga que intervenir porque “han llenado la tierra de violencia”.

Pero hay otra sociedad histórica con la que Cristo comparó la sociedad de los últimos días. Afirmó que, en los días previos a la Segunda Venida, “el mundo será como en los días de Lot” (Luc. 17:28, NTV). Claramente, se está refiriendo a la sociedad de las ciudades de Sodoma y Gomorra, donde vivía Lot. Dios mismo dijo de esas ciudades: “He oído un gran clamor desde Sodoma y Gomorra, porque su pecado es muy grave. Bajaré para ver si sus acciones son tan perversas como he oído” (Gén. 18:20, NTV). ¿Cuál era ese “pecado muy grave” de estas ciudades? El contexto nos dice que los hombres de Sodoma intentaron una violación homosexual múltiple con los dos ángeles (que a ellos se les aparecieron como dos hombres). De allí que la “sodomía” se asocie con las relaciones homosexuales, ya sean consentidas como forzadas. Ezequiel menciona que Sodoma cometió “pecados detestables” (Eze. 16:49, NTV); el mismo término que utiliza Levítico 18:22 para referirse a la homosexualidad.

«Cristo está a las puertas. La pregunta es: ¿estás preparado?”

Hay una presión cada vez más fuerte por parte de ciertos sectores para naturalizar lo que, desde el punto de vista bíblico, es antinatural: las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Romanos afirma que el hombre, al “cambiar” la verdad acerca de Dios por una mentira, también “cambió” el orden natural de la familia y el sexo: “Aun las mujeres se rebelaron contra la forma natural de tener relaciones sexuales y, en cambio, dieron rienda suelta al sexo unas con otras. Los hombres, por su parte, en lugar de tener relaciones sexuales normales, con la mujer, ardieron en pasiones unos con otros. Los hombres hicieron cosas vergonzosas con otros hombres” (Rom. 1:26, 27, NTV).

El avance del marxismo cultural (o nueva izquierda), que impone una agenda feminista en la que se ridiculiza a quien cree en una idea bíblica de la familia, sumado al lobby de asociaciones de homosexuales y otros grupos de interés que luchan para imponer su ideología de género en escuelas y otros organismos públicos, hacen cada vez más difícil educar a nuestros hijos en los ideales de una familia bíblicamente definida.

Sí, nuestras sociedades actuales cada vez se parecen más a los “días de Noé” y a los “días de Lot”. Pablo afirmó que el período justo antes del regreso de Cristo sería de “tiempos muy difíciles” (otras versiones dicen que serían “tiempos peligrosos”). Afirmó que las ciudades estarían llenas de gente que “solo tendrá amor por sí misma y por su dinero. Serán fanfarrones y orgullosos, se burlarán de Dios, serán desobedientes a sus padres y malagradecidos. No considerarán nada sagrado. No amarán ni perdonarán; calumniarán a otros y no tendrán control propio. Serán crueles y odiarán lo que es bueno. Traicionarán a sus amigos, serán imprudentes, se llenarán de soberbia y amarán el placer en lugar de amar a Dios” (2 Tim. 3:1-5, NTV). En este contexto, se nos exhorta a alejarnos de “esa clase de individuos”, y a “permanecer fiel[es] a las cosas” que se nos han enseñado (vers. 14).

Estamos viviendo en los últimos días. Nuestra sociedad cada vez más se asemeja a aquellas en las que Dios tuvo que intervenir para poner un límite al avance de la maldad, la violencia y la inmoralidad. Cristo está a las puertas. La pregunta es: ¿estás preparado? “Ustedes también deben estar preparados todo el tiempo, porque el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperen” (Mat. 24:44, NTV).


Referencia:

1 https://population.un.org/wup/