En épocas de estrés, ansiedad y angustia, es bueno aceptar y practicar los inspirados consejos acerca del descanso.

“No se debería pasar por alto la importancia de la regularidad de las horas para comer y dormir. Puesto que la obra de reparar el cuerpo se efectúa durante las horas de descanso, es esencial, especialmente para los jóvenes, que el sueño sea metódico y abundante” (Elena de White, La educación, p. 201).

Pareciera que Elena de White hubiera leído un libro de fisiología al escribir el párrafo anterior. Cuando estamos durmiendo se libera la hormona del crecimiento, que promueve el desarrollo físico en el niño o en el adolescente. En el adulto, la hormona del crecimiento sigue trabajando y, en menores dosis, estimula la reparación de las zonas dañadas del cuerpo.

Por otro lado, encontramos que Elena de White habla de la importancia de la regularidad en las horas del sueño. Desde hace varias décadas, con el avance del transporte aéreo de pasajeros, se observó que las personas que viajan distancias largas, en que tienen que recorrer varios husos horarios, sufren de agotamiento y falta de concentración. A este fenómeno se lo llamó jet lag, palabras de origen inglés que hacen referencia al avión jet y al desfase, o retraso (lag), que sufre el viajero por tener que modificar en pocas horas su ritmo circadiano, en función del nuevo lugar en que se encuentra.

Circadiano proviene de las palabras “circa diem”, cerca del día, y es el ritmo del organismo que se relaciona con el tiempo que dura un día. Actualmente, la expresión jet lag se está utilizando también para las personas que no viajan pero sí tienen alterado su ritmo de sueño. En ese caso, se lo llama jet lag social, que es el desfase de las horas de sueño originado por cuestiones laborales o sociales.

Por ejemplo, un enfermero que tiene que cumplir horarios rotativos, trabajando algunos días de noche y otros en horarios diurnos, o una persona joven que trabaja toda la semana y el fin de semana se encuentra con sus amigos y sale a divertirse, durmiendo muy pocas horas. En estas dos situaciones, el mecanismo que controla el sueño y la vigilia se encuentra desfasado. Su ritmo circadiano está alterado. Sufre de jet lag social. Podríamos agregar a este grupo a los adolescentes que se acuestan más tarde por estar jugando con su celular o su consola de videojuegos, lo que afecta su ritmo habitual de sueño.

«Es durante el sueño cuando el organismo trabaja más en el proceso curativo”.

A la irregularidad en el sueño podemos agregar los distintos cronotipos. Al hacer un análisis de las horas del día que elegimos para trabajar y descansar, observamos que algunas personas tienden a organizar su vida sobre la base de un patrón matutino. Se acuestan y se levantan temprano y prefieren la mañana para hacer su trabajo. Otros son más vespertinos; prefieren las horas nocturnas para estudiar o trabajar y acostumbran acostarse más tarde.

De esta forma, tenemos dos cronotipos específicos, el matutino y el vespertino. A estos se agrega el cronotipo intermedio, que se encuentra entre los dos rangos y comparte algunas características de cada uno. Coloquialmente se identifica a la persona de cronotipo matutino con las alondras, aves que se caracterizan por cantar con los primeros rayos del sol; y la de cronotipo vespertino, con el búho.

Nuestro cronotipo, si es matutino, intermedio o vespertino, está determinado por factores genéticos y ambientales, y por la edad. La adolescencia es el período en que más tendencia tenemos a acostarnos tarde; y es en esa etapa de la vida, momento de significativos cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales, cuando desarrollamos hábitos que pueden afectar toda nuestra vida.

Elena de White explica en sus escritos la importancia de cuidar de nuestra salud porque afecta nuestra relación con Dios. ¿Puede ser que acostarnos más tarde afecte nuestra vida espiritual?

Cuando leemos la literatura actual, encontramos que hay una relación entre el jet lag social y el cronotipo vespertino, pues presentan ambos los mismos inconvenientes. Esencialmente, todas las especies en la Tierra poseen mecanismos internos de tiempo que gobiernan una multitud de procesos celulares, fisiológicos y de comportamiento. Una gran cantidad de evidencia demuestra que estos mecanismos de cronometraje forman una parte vital de nuestra salud física y mental, y que las interrupciones en su funcionamiento normal pueden comprometer gravemente el estado emocional y la sensación de bienestar.

Los adultos jóvenes y los de mediana edad que prefieren acostarse más tarde han respondido en distintas encuestas que son más impulsivos, irritables y tienen más expresiones de ira. En niños, se ha observado que los que son de cronotipo vespertino dicen más mentiras, gritan o insultan, en comparación con sus compañeros que se identifican como tipos matutinos. Al mismo tiempo, aquellos que interrumpieron su ciclo habitual de sueño presentaron más episodios de ira e irritabilidad.1 Cuando estudiaron a 183 adolescentes en Finlandia, descubrieron que aquellos que iban a dormir más tarde tendían a romper más las reglas y a tener más problemas de conducta.2

Sobre la base de esta información, podemos preguntarnos nuevamente: ¿Puede ser que acostarnos más tarde afecte nuestra vida espiritual? La respuesta es obvia.

Podríamos hacer un análisis de cuánto afecta la salud dormir menos horas. La alteración del ritmo habitual de las hormonas predispone a tener síndrome metabólico, diabetes, hipercolesterolemia, hipertensión arterial y disminución de las defensas, para mencionar algunas de las enfermedades que se relacionan con el descanso irregular. No quiero detenerme en esto porque quiero hacer énfasis en estudiar cómo afecta nuestro comportamiento.

Se estima que un adolescente debe dormir un poco más de nueve horas por día. Si debido al jet lag social producido por el mal uso de los celulares u otra tecnología se acuesta más tarde y duerme menos horas, se predispone a sufrir depresión. Cuando se analizó la trascendencia de la depresión, encontraron que los adolescentes que duermen mal reconocieron que tenían una mayor cantidad de ideas suicidas.3

Para hacer frente a la somnolencia, muchos adolescentes recurren en forma regular a bebidas energéticas que contienen altas cantidades de cafeína y otros estimulantes. Esto altera aún más la fisiología del sueño, predisponiendo a que se desarrollen mecanismos de impulsividad y recompensa que aumentan la probabilidad de participar en conductas de riesgo, colocándolos en situación de vulnerabilidad frente al ofrecimiento de otras drogas.4

Los padres tienen su responsabilidad en evitar o disminuir esta conducta de riesgo. Este es el momento en que deben influir con respeto y con el ejemplo sobre sus hijos para que se acostumbren a dormir más temprano. Es importante mantener los límites en el hogar, estableciendo el diálogo y explicando a los adolescentes la importancia de no alterar el sueño. Los padres que se acuestan más temprano también ayudan positivamente a sus hijos con su ejemplo, y pueden contribuir a modificar cuestiones de carácter e impulsos agresivos de sus descendientes. La libertad que se da a un adolescente de acostarse a la hora que él quiera puede traer complicaciones futuras.

Por supuesto que no son solamente los hijos los que se benefician si los padres deciden acostarse más temprano. Al dormir mejor, tienden a alimentarse más saludablemente, disfrutan más del desayuno, y prefieren más las frutas y las verduras a los alimentos refinados. Las personas de hábitos nocturnos generalmente desayunan más tarde, sus comidas son más copiosas, cenan más y tienden a buscar más alimentos ricos en grasas saturadas, hidratos de carbono refinados y alcohol.

Por último, me gustaría reformular la pregunta que planteamos más arriba: ¿Puede ser que acostarnos más temprano colabore a mejorar el tiempo de comunión personal con nuestro Dios?

“Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Sal. 5:3). Cuán valioso es despertar tranquilo, después de un sueño reparador, con el tiempo necesario para presentarnos delante de Dios. El Señor ha afirmado: “Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan” (Prov. 8:17).

No permitamos que sea el entorno, los medios, la tecnología actual, con sus redes, lo que dirija nuestra vida. Este es el momento de tomar decisiones eternas que afectan a todos aquellos que nos rodean. Pidamos ayuda a nuestro Padre Dios para que él vuelva a ser el Capitán de nuestra vida. RA


Referencias:

1 S. Hood, S. Amir, “Biological Clocks and Rhythms of Anger and Aggression”, Frontiers in Behavioral Neuroscience (enero 2018), 12:4.
2 I. Merikanto, AK. Pesone, “Eveningness as a riskforbehavioralproblems in late adolescence”, Chronobiology International (enero 2017), 34(2), pp. 225-234.
3 Ibíd.
4 R. Logan, B. Hasler, “Impact of Sleep and Circadian Rhythmson Addiction Vulnerability in Adolescents”, Biological Psychiatry (diciembre 2017), 83(12), pp. 987-996.

Sobre El Autor

Médico Clínico y docente, vive en Ibarlucea, Prov. de Santa Fe, Rep. Argentina.

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