Claves para evitar frustraciones en nuestra relación con los demás.

Un motivo de consulta frecuente en psicoterapia tiene que ver con el manejo pobre de la irritabilidad y la agresión. Los episodios de rabia, o enojo, que llevan a un deterioro de la calidad de vida y de los vínculos del individuo, parecen estar en franco crecimiento en la población mundial. Las causas de esta dificultad suelen ser complejas y múltiples: desde alteraciones neuroquímicas heredadas y/o adquiridas, pasando por modelos y aprendizajes problemáticos tempranos, patologías psiquiátricas, adicciones asociadas y contextos socioculturales.

El enojo es una respuesta natural y esperable frente a situaciones que consideramos injustas. El objetivo de esta emoción es impulsarnos a buscar una solución. Es importante notar el rol central de la intensidad de las emociones para la evaluación de la salud o la enfermedad. No se consideran problemáticos los enojos que pueden ser identificados y controlados. La dificultad radica en la ira que “me gana” o “me controla” frecuentemente, o cuando se instala un patrón explosivo que puede lastimar de maneras diversas.

El origen de la agresividad

Una de las primeras investigaciones en el campo de la psicología experimental estudió las reacciones agresivas tanto de animales como de seres humanos. A partir de varias observaciones, se arribó a la conclusión de que frecuentemente la causa está ligada a vivencias de frustración. A mayor nivel de frustración, mayor respuesta agresiva. Por ejemplo,cuando un empleado es tratado por su jefe de forma que considera injusta, aumenta su nivel de frustración, y al retornar a su casa aumenta considerablemente las probabilidades de discusión o conductas de mayor tenor agresivo.

Cuando se evalúa que una persona presenta condiciones heredadas o patologías que aumentan la vulnerabilidad a episodios de ira, es importante derivar a la consulta con profesionales de la salud mental. De igual importancia es el aprendizaje psicológico y emocional que todos debemos realizar para mejorar el manejo del enojo de forma efectiva, en nuestras familias, trabajos y vida íntima. Para ello, compartir con otros, conocer y leer sobre la temática, es imprescindible, así como entrenar cotidianamente nuestra capacidad de autorregulación.

Como se ha mencionado, las personas frustradas tienden a agredir. Generalmente, a la agresión le siguen sentimientos de remordimiento o culpa. La vivencia de remordimiento trae aparejados también sentimientos de tristeza, y así el individuo puede volver a sentirse más frustrado aún. Este círculo vicioso de frustración>agresión>culpa>tristeza>frustración lleva a muchos a una vida de insatisfacción, depresión y pobres relaciones sociales. Algunos lo vivirán de forma menos intensa; otros, de forma mucho más problemática. Lo cierto es que si caemos en esta visión de vida, vínculos y sueños frustrados, estamos mucho más cerca de convertirnos en seres irritables, gruñones, críticos y amargos.

Adecuar nuestras expectativas

“¡Me tienen harto, no aguanto más!” “¡Esto es una injusticia detrás de otra! ¡Siempre lo mismo!” “¡No entiendo! yo nunca trataría/haría/diría eso, ¡y ¿tengo que aguantar que me lo hagan a mi?!; “Ellos deberían haber hecho/dicho/pensado esto diferente; me lo hacen a propósito”. Si es común tener estos pensamientos, es de absoluta importancia que logremos bajar los niveles de frustración cotidianos para lograr una menor intensidad agresiva. Y ¿cómo logramos ser personas menos frustradas? Adecuando nuestras expectativas.

Pero, el ser más equilibrados y sanos al momento de plantearnos expectativas sobre los demás, nosotros y el mundo en general ¿significa bajar nuestros estándares o principios? Todo lo contrario: adecuarlos a una visión más madura e inteligente nos ayudará a lograr un mejor desarrollo de nuestros objetivos con vínculos sanos y menos conflictivos.

«Practica la capacidad de encontrar aspectos buenos en los demás”.

Si alguien piensa: “Todos deberían saludar al llegar a una reunión porque eso es de educación básica. No tolero al que no saluda; eso ya me dice que es una persona maleducada y egoísta”, es altamente probable que en una reunión se sienta mucho más frustrado, molesto y en actitud crítica que si pensara: “Me gustaría que todos saludaran al llegar, aunque entiendo que somos diferentes y hay personas a las que les cuesta hacerlo, o quizá no piensan que sea importante”. Este sencillo ejemplo pone el énfasis en nuestra interpretación de la realidad. Dependiendo de cómo la entendemos, así la experimentaremos, la sufriremos o la disfrutaremos.

Vivimos en una sociedad consumista y materialista, que asocia la felicidad con tener más y mejor. Hoy no basta con un par de zapatillas deportivas: se apunta a tener varias, buenas y nuevas. Esto, naturalmente, aumenta los niveles de frustración de la población. Y una comunidad frustrada es una comunidad agresiva.

Sin embargo, la frustración que más lleva a niveles de agresión problemáticos tiene que ver con lo que esperamos de los demás, ya sea lucidez, reciprocidad o actitudes acordes a nuestros principios y estándares. Es saludable desear lo que creemos mejor; el problema es cuando lo hacemos imperativo, lo demandamos, y elaboramos frecuentemente pensamientos llenos de “deberían” y de “tendrían…”

Somos tan diferentes, tan maravillosa y complejamente variados. Venimos de contextos tan dispares que es altamente probable que experimentemos diferencias significativas unos con otros. Otro hecho innegable es que todos también podemos equivocarnos o caer en conductas molestas y erradas.

Quizás haya momentos en tu vida en que la ira tenga lugar; por ejemplo, frente a casos de injusticia graves que deben ser denunciados y aclarados. Pero esta no puede llegar a constituir la vivencia cotidiana, constante y más frecuente. Hay personas que encuentran en el enojo una especie de “motor” que les da energía para vivir; incluso como protección para no caer en tristezas profundas. Son expertos en convertir a personas en enemigos, encuentran razones para estar en pie de guerra o, incluso, para sentirse superiores. Lamentablemente, suelen ser seres solitarios que no encuentran verdadera paz.

Vemos el mundo según como somos

Un artículo publicado en la revista Psychology Today recoge una investigación realizada por el Doctor en Psicología Rick Hanson, donde expone que la forma en que evaluamos e interpretamos a los demás no solo refleja cómo nosotros vemos el mundo, sino también cómo nos valoramos a nosotros mismos. En otras palabras, si nuestro cerebro tiende a ver la mala intención y el error en otros, es probable que nosotros también tengamos la tendencia a generar malas intenciones hacia los demás. Por otro lado, si somos personas que fácilmente encuentran y se conectan con el bien en los otros, eso se correlaciona con una propia vivencia de bienestar y bondad.

Practicar de forma consciente y voluntaria la capacidad de encontrar aspectos buenos en los demás, ser capaces de elogiar genuina y descriptivamente al otro en sus aciertos, puede ser una efectiva forma de mejorar nosotros mismos también. Asimismo, si mantenemos esa postura, al momento de solicitar un cambio o manifestar una crítica es mucho más probable que sea aceptada.

En Mateo 7:2, Jesús nos habla de esta regla de reciprocidad: “Con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido”. Y en Mateo 6:22 nos recuerda: “La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz”.

¿Qué es lo primero que vemos en los demás? ¿Qué es lo primero que destacamos de los demás? ¿Somos capaces de tolerar las diferencias, e incluso los errores? ¡Vale la pena hacernos estas preguntas! RA

Sobre El Autor

Psicóloga y Psicoterapeuta congnitivo-conductual, escribe desde Montevideo, Rep. Oriental del Uruguay.

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Una Respuesta

  1. carlos a ramirez

    es muy interesante este articulo en nuestro entorno muchas veces saludamos a una persona y nos contesta con enojo , irratibilidad , se molesta sin haberle hecho nada , y nos preguntamos que habremos hecho si solo le decimos hola , muchas veces comienzan las ofensas , la agresividad , entonces nos abstenemos de decirle una palabra para evitarnos tener una conversacion con esa persona , sera que no somos de su agrado , esto sucede con muchas personas cristianas con mas frecuencia que con las no cristianas , pero tienen un lado positivo por su caracter y son emprendedoras en todo lo que hacen

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