¡Hola! Quiero invitarte a un evento que estamos organizando para dentro de unos días. ¡Vamos a pasarla muy bien! Tendrá lindas actividades y muy buena comida. Hay mucha gente que está esperando hace tiempo este encuentro. Está garantizado un 65 % de probabilidades de sufrir insomnio, un 52 % de sufrir dolores de cabeza, un 80 % de probabilidades de tener dolores musculares, y un 54 % de padecer problemas estomacales. Estas estadísticas han sido registradas en uno de nuestros últimos eventos.1 Es más, ¡también hay un 70 % de probabilidades de que sufras un exceso de pensamientos negativos y un 72 % de que te sientas muy irritable! ¿Vienes?

¿Qué clase de invitación es esta? Es, por lo menos, insólita, ¿no es cierto? Así que, desde ya que comprendo si me presentas alguna excusa para no asistir. Pero… lamentablemente, todos volveremos a asistir a la celebración este año.

Las llamadas “fiestas de fin de año” pueden llegar a ser así de nocivas. Es extraño, ¿verdad? Los que deberían ser momentos colmados de paz y felicidad pueden terminar convirtiéndose en una de las ocasiones de mayor estrés en el año.

El mismo informe citado más arriba agrega que los gastos (compras) son la principal causa de estrés en las fiestas de fin de año. En la lista de “estresores navideños”, le siguen la acumulación de compromisos sociales y el cansancio general.

“Cristo pudo haber venido a este mundo con un séquito de ángeles, pero en cambio vino como un bebé, y vivió una vida de humildad y pobreza”.

¿Por qué “celebramos” así las fiestas? Pienso especialmente en la Navidad, que más allá de ser una fecha simbólica (sabemos que Jesús no nació un 25 de diciembre), es una ocasión especial para llenarnos de paz, gratitud y gozo. ¿Por qué terminamos “celebrando” tan lejos de esos ideales?

Creo que una de las razones es que hemos perdido la capacidad de apreciar la belleza de lo sencillo. La vida de Cristo en la Tierra fue hermosamente sencilla, y nos dejó su ejemplo para que encontremos felicidad y bienestar en la sencillez:

“Jesús, nuestro Redentor, anduvo en la Tierra con la dignidad de un rey. Sin embargo, era humilde y manso de corazón. Era una luz y una bendición para cada hogar, porque llevaba alegría, esperanza y ánimo. Ojalá que pudiéramos satisfacernos con menos deseos, con menos esfuerzo en procura de cosas difíciles de obtener con el fin de embellecer nuestros hogares, en tanto que no buscamos aquello que Dios avalúa por encima de las joyas: un espíritu humilde y tranquilo. La gracia de la sencillez, la humildad y el verdadero afecto harían un paraíso del hogar más humilde”.2

La “primera” Navidad bien puede recordarnos la belleza y la felicidad de la sencillez.

En esa Navidad, no había una casa hermosamente decorada, pero el establo en el que nació el Bebé Jesús estaba decorado con sonrisas, miradas felices y mucho amor.

No había fuegos artificiales espectaculares, pero la familia de Jesús se maravilló contemplando el cielo infinito inundado de estrellas. Comprendieron que era un espectáculo único que les recordaba la grandeza y el amor de Dios.

No había música ni un potente equipo de sonido, pero los mismos ángeles cantaron para el niño Jesús y su familia, y para los pastores.

No había una cena suculenta y sobreabundante, pero disfrutaron de alimentos sencillos, comidos con paz y mucha gratitud.

Los regalos no fueron los últimos juguetes o la última moda, pero sí lo necesario para que el Niño Jesús y su familia pudieran cubrir sus necesidades. El oro, el incienso y la mirra que los sabios de Oriente le llevaron al Rey recién nacido proporcionaron los recursos a José y a María para vivir un tiempo en Egipto y quedar a salvo de la persecución de Herodes. De esta manera, los regalos de los sabios les recordaron de una manera especial que Dios estaba con ellos y que nunca los desampararía.

Recordemos: “Cristo pudo haber venido a este mundo con un séquito de ángeles, pero en cambio vino como un bebé y vivió una vida de humildad y pobreza. Su gloria estaba en su sencillez” (énfasis añadido).3

¡Que la gloria de Jesús llene nuestros corazones y nuestros hogares en esta Navidad! RA


Referencias:

1 https://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-evitar-estres-ansiedad-navidad-20151225085935.html, extraído el 8 de octubre de 2018.

2 Elena de White, Conducción del niño, p. 130.

3 ______________, Consejos sobre la salud, p. 316.

Sobre El Autor

Rodrigo Arias

Con una amplia experiencia en el área de consejería, el Pr. Rodrigo Arias cuenta con dos licenciaturas: una en Teología y otra en Psicología. Hoy sirve a la iglesia como orador del programa radial y televisivo "Una luz en el camino".

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Una Respuesta

  1. Luis Klever Vargas Ruiz

    Completamente de acuerdo. Pero sin pensarlo, estas fiestas de fin de año pueden ser motivo de grietas o divisiones. Me refiero a aquellos hogares en los que el sentimiento no es el mismo. Por un lado, se muestra una deseo consumista y de autorregalos. Y, contrariamente, otro sector de la familia, prefiere algo sencillo, sin ostentación ni ruido. A ello se añade el hecho de la costumbre malsana de cenar a la medianoche, introduciendo en el organismo una bomba de grasa e intoxicacion. ¿que hacer?. No se tiene todas las respuestas. Ojala pudiera decirse: Hare como a Dios le agrada!, aunque sea ocasion de rechazo o critica dicha decision dentro del circulo familiar.

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