Este fin de año nos deja un año más cerca de la Segunda Venida.

Las horas, los días, los meses y las estaciones de este año se sucedieron unos tras otros. La gente rió, lloró, cantó, clamó, se alegró, se entristeció e intentó ser feliz. Y muchos ni siquiera eso: solo se levantaron día tras día, realizaron sus actividades, comieron, y volvieron a acostarse. Y, al acercarse una vez más la Navidad, se prepararán para “celebrarla” como el mundo lo hace: consumiendo cosas y alimentos en un desenfrenado afán por alcanzar cierta felicidad momentánea; una felicidad que, al ser alcanzada a costa de excesos y pasiones, pronto se vuelve en amargura y tristeza.

Como cristianos, sin embargo, no vemos el paso de las estaciones y los años como si fueran un círculo que vuelve a comenzar una y otra vez. No, si es que esta fecha nos remite a algo (ya sabemos que no conocemos la fecha en Cristo nació, pero aprovechamos esta época para llamar la atención de la gente hacia la persona de Cristo), es hacia ese evento que marcó una etapa más en el plan de salvación.

“El reino de los cielos está cerca”, comenzó a predicar Jesús bien al inicio de su ministerio (Mat. 4:17, NTV). Y, desde entonces, este mundo nunca fue lo que había sido. Y es que ese evento que partió la historia del mundo en dos (su nacimiento volvió la cuenta a cero en el registro de la sucesión de años de la historia de este mundo) posibilitó ese hito que partió la historia del universo: la muerte de Jesús en la Cruz, la victoria sobre Satanás, la muerte y el pecado.

Como Adventistas, tampoco vemos la historia como una sierra sinfín, que da vueltas y vueltas en cada año, sino que entendemos que cada año que transcurre nos pone más cerca de ese evento que pondrá un punto final a la historia de dolor y sufrimiento sobre este mundo: la segunda venida de Jesús (Juan 14:1-4). Por lo tanto, al finalizar este año calendario, sabemos que estamos más cerca de su venida que cuando lo comenzamos.

Este fin de año dejemos atrás las discusiones estériles e inútiles y entreguémonos sin reservas a Cristo”.

Y esa conciencia de los tiempos proféticos, esos tiempos que verdaderamente marcan el calendario divino y que tienen una repercusión real en la historia del mundo, debería llevarnos también a tomar conciencia de la solemne responsabilidad que recae sobre nuestros hombros: advertir a un mundo dormido acerca del pronto regreso de Jesús. Porque, como en los tiempos de Noé, hoy la gente disfruta “de banquetes, fiestas y casamientos” (Mat. 24:37, NTV), y se dice: “Desde tiempos antes de nuestros antepasados, el mundo sigue igual que al principio de la creación” (2 Ped. 3:4, NTV).

Y es que esta aparente sucesión de eventos sin fin es alargado por una sola razón: Dios “es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan” (vers. 9). Y es allí donde nosotros encontramos nuestra misión, ya que Dios espera que proclamemos el mensaje de la llegada de su juicio (Apoc. 14), con el único objetivo de que el pueblo que tiene disperso en Babilonia salga y se una al pueblo que espera la Segunda Venida.

Pero, así como el mundo duerme anestesiado en una sucesión de eventos que parecieran sin fin, la iglesia piensa: “Mi amo no regresará por un tiempo, y comienza a golpear a los otros sirvientes, a parrandear y a emborracharse” (Mat. 24:48, 49). Y los “golpes” no solo provienen de los indolentes o “liberales”, sino también de los “conservadores”, los “alarmistas” y los modernos fariseos.

Y así estamos: un año más cerca de la Segunda Venida, pero golpeándonos entre nosotros mientras el mundo perece por falta de conocimiento.

Este fin de año, dejemos atrás las discusiones estériles e inútiles, entreguémonos sin reservas a Cristo, dejemos que él transforme nuestro carácter por medio del Espíritu Santo, y permitamos que él deje a un lado nuestros prejuicios y preconceptos. Solo así podrá mostrarnos el camino por el que hemos de transitar en este 2019 que está a punto de comenzar. RA

Sobre El Autor

Marcos Blanco

Pastor y Magíster en Teología (está culminando sus estudios doctorales) desempeña su ministerio en la ACES desde 2001. Autor de "Versiones de la Biblia", es Jefe de Redacción y director de la Revista Adventista desde 2010. Está casado con Claudia y tiene dos hijos: Gabriel y Julieta.

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