Ejemplos prácticos para entender mejor las Sagradas Escrituras

Para los estudiantes de la Biblia, la importancia del contexto en el estudio y la predicación de las Sagradas Escrituras es fundamental. Un texto citado fuera de los parámetros en los que se localiza puede llevar al intérprete y al predicador a afirmar algo que los autores de la Biblia no buscaban señalar.

Es común escuchar en diversos contextos eclesiásticos el refrán que dice que “un texto fuera de contexto es un pretexto”. Difícilmente se podría estar en desacuerdo con este axioma. Con todo, es importante también reconocer que, en general, este se aplica cuando examinamos afirmaciones controvertidas que surgen en ciertos ambientes, las cuales son contrarias al cuerpo doctrinal que afirmamos como iglesia.

El contexto inmediato supone que un argumento debe ser entendido en función de una línea de pensamiento que ocurre antes y después del planteamiento conceptual de un autor. Evadir el flujo de ideas de un escritor podría conducirnos a afirmar aquello que él o ella no tenían intención de comunicar.

Pero no siempre las interpretaciones fuera de contexto surgen adheridas a un pretexto, sino que a veces son un reflejo de nuestro desconocimiento técnico del tema. No obstante, en otros casos son el resultado o de nuestra pereza espiritual o están basadas en la mera repetición de conceptos que la tradición ha preservado, y que hemos evitado examinar para ver si pueden catalogarse como correctos.

A continuación, estudiaremos dos textos del Nuevo Testamento en los que el contexto ha sido comúnmente olvidado, para luego ser reenfocados dentro de otros parámetros discursivos.

1- “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13)

Este es un versículo breve que muchos usan hoy como una suerte de “amuleto oral”. Se lo emplea comúnmente para contrarrestar circunstancias en las que las personas sienten que están en algún tipo de desventaja, con la esperanza de que el simple hecho de pronunciarlo o creerlo haga retroceder las fuerzas contrarias que los asedian.

Si interpretamos las palabras de Pablo de esta manera, esto implicaría que ha invitado a sus lectores a tener todo tipo de victorias en Jesús. Por lo tanto, el creyente puede esperar que antes de rendir un examen, por ejemplo, o al momento de participar en una competición deportiva, el resultado final sea siempre positivo; a fin de cuentas, Pablo afirma que podemos hacerlo “todo” en Jesús, quien nos da la fuerza para lograrlo. El problema surge, sin embargo, cuando el desenlace está lejos de lo esperado, y el creyente se encuentra con una calificación final que podría llevarlo a reprobar sus estudios; o con una derrota deportiva dolorosa, cuando él o ella confiaban obtener un triunfo en el poder de Cristo.

“Pablo podía soportar ‘toda’ situación GRACIAS AL poder de Cristo”.

Pero, una interpretación de este tipo ha olvidado prestar atención al contexto inmediato del pasaje. Para entender a qué se refiere Pablo al decir “todo”, debemos considerar el flujo de ideas al que pertenece Filipenses 4:13. En rigor, el argumento del apóstol comienza en el capítulo 4 y se desarrolla entre los versículos 10 y 19. En estos versículos, Pablo agradece a los miembros de la iglesia de Filipos por estar preocupados por su bienestar (4:10). Ya habían cubierto las necesidades de Pablo en el pasado (4:15, 16) y, al momento de escribir la carta, Pablo informa haber recibido con alegría otras dádivas que venían de parte de ellos (4:10, 18).

Pablo se muestra agradecido, y afirma que no está viviendo en necesidad, pues aprendió cómo vivir satisfecho sin importar las circunstancias que experimentara (4:11, 12). En otras palabras, el apóstol se ejercitó para vivir contento, ya sea en la pobreza, y por ende, al pasar hambre, o en la abundancia, es decir, al tener el estómago lleno (4:12).

Entonces, una declaración tal nos lleva a suponer que cuando Pablo declara que “todo” lo puede en Cristo, para él, el “todo” incluye sufrir situaciones negativas, pero que con el poder de Cristo es posible soportarlas.

Por lo tanto, sus palabras no deben ser usadas como un talismán bíblico, empleado para conquistar una victoria sobre las competiciones o los logros que la sociedad nos exige. Al contrario, este versículo nos recuerda que los cristianos padecen derrotas, necesidades y tristezas, y que solo con el poder de Cristo pueden vivir una vida plena, sea cual fuere la situación (4:11).

Esto cobra aún más fuerza al notar que en el contexto general –es decir, al analizar la carta en general– Pablo nos recuerda que está preso (1:7, 13, 14, 16). A pesar de esta circunstancia negativa, Pablo constantemente se muestra agradecido, y en más de una oportunidad afirma estar gozoso (1:4; 2:2, 17, 18; 4:1), invitando incluso a sus lectores en Filipos a regocijarse continuamente en el Señor (4:4). A la luz de lo examinado, la alegría de Pablo no se basaba en las circunstancias favorables que vivía, sino solo en Jesús. Pablo podía soportar “toda” situación gracias al poder de Cristo (4:13).

2- “No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mat. 7:1)

Al leer el pasaje, cristianos sinceros pueden concluir que Jesús estaría prohibiendo todo tipo de crítica. En la visión de algunos, esto significaría que opinar respecto del desempeño negativo de un individuo que está violando abiertamente un mandamiento divino podría transformarse en un pecado mayor que el de la persona criticada. Este razonamiento ha llevado a algunos a abstenerse de participar en disciplinas eclesiásticas. Suponen, sobre la base de textos prueba específicos, que el derecho de juzgar recae únicamente en Dios.

Por esto, no solo tienen miedo de tomar el lugar que en su opinión le corresponde solo a la Deidad, lo que los abruma por un sentimiento de incapacidad y culpa, sino además temen acarrear un juicio escatológico peor sobre sus propias cabezas.

Una interpretación tal, sin embargo, no presta atención al contexto inmediato. Como en el ejemplo anterior, examinemos el hilo argumental de Jesús de acuerdo con cómo Mateo nos lo informa. El contexto del pasaje ocurre en el capítulo 7, entre los versos 1 al 5. Jesús comienza con las palabras que estamos considerando, para luego, en el verso posterior, establecer un fundamento para este mandato.

Allí Jesús declara que los que juzgan a otros serán evaluados con el mismo juicio y medida que los primeros han usado al determinar su condena (7:2). Con todo, el punto central de lo que dice Jesús no está hablando de cuando un creyente evalúa negativamente el comportamiento del prójimo, sino de cuando este olvida primero considerar críticamente su propia vida (7:3-5). Jesús ilustra el asunto usando imágenes bien gráficas: en tanto que la persona juzgada tiene una astilla que obstruye su visión, el acusador tiene un tronco, y por lo tanto su situación es peor que la del que está sentado en el banquillo del acusado (7:4). Jesús aconseja, al que juzga, que solucione primero su condición, y luego vaya y quite la astilla del ojo de su hermano (7:5).

Sobre la base de este contexto, Jesús no ha ordenado a sus seguidores abstenerse de juzgar y no reprender a aquellos que están en pecado. El pasaje en cuestión apunta a las personas que prefieren medir la vida espiritual de otros, olvidando que la de ellas también atraviesa dificultades. En concreto, Jesús espera que sus seguidores primero juzguen sus vidas, y las dispongan en virtud del mensaje del Reino de los cielos, para luego censurar a aquel que ha errado.

A partir de este hilo argumental, podemos notar que al acusado de esta historia se lo llama “hermano” (7:3-5), lo que revela un entorno eclesiástico de aceptación y diálogo en el que distintas personas, sin importar que sean hombres o mujeres, conviven periódicamente. Esto implica que Jesús procura establecer parámetros adecuados para esta convivencia. En consecuencia, Jesús está invitando a sus oyentes a juzgar desde la perspectiva adecuada, usando una visión redentora que busque restaurar tanto al acusado como al acusador.

Los ejemplos citados muestran la importancia que tiene establecer el contexto apropiado para entender las Escrituras.

Una lectura global del texto estudiado, y en particular de los versos que lo preceden y lo siguen, ayudará al predicador y al estudiante de la Biblia a comunicar el mensaje que el autor original de un pasaje quiso dar inicialmente, bajo la inspiración divina. Todos somos invitados a hacer eso, para que de este modo enseñemos, sin pretextos, lo que “así ha dicho Jehová”. RA

Sobre El Autor

Doctor en Teología. Se desempeña como profesor en la Universidad Adventista de Bolivia.

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2 Respuestas

  1. Sol Vela

    Me gustó mucho este artículo. Lo mismo pasa con Proverbios 15:1 “La blanda respuesta quita la ira…” pero solo con leer el verso completo se explica la causa de la ira como reacción “mas la palabra áspera hace subir el furor”. Así que no debemos leer solo lo que nos conviene, sino el mensaje completo.Bendiciones para ustedes queridos hermanos.

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  2. Luis Klever Vargas Ruiz

    Como testimonio personal puedo decir que donde vivo, mientras conduzco, observo a algun otro conductor con su vehiculo en marcha y, a la vez, hablando por celular. Entonces, antes de emitir juicio de valor, me acuerdo de que yo tambien he hecho lo mismo en el pasado. Entonces callo. Tal vez, si tuviera la oportunidad, lo correcto seria: Guau, ya somos dos que hacemos lo mismo. ¿Como podemos hacer para evitarlo y no violar la ley?. Un dialogo asi, creo que traeria consecuencias constructivas. Amen.

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