Cómo fortalecer las facultades morales e intelectuales.

Elena de White conocía la influencia de la dieta sobre la salud. La mensajera de Dios aumenta la información al relacionar la dieta con el comportamiento. Hay varias citas en que menciona cómo la alimentación afecta las “facultades morales e intelectuales”.1 Lo interesante es que esta relación entre la dieta y el sistema nervioso es más fuerte de lo que nos imaginamos. Más aún, lo que ocurre en nuestro sistema digestivo dentro del intestino tiene relación con nuestro comportamiento.

En las paredes del tubo digestivo hay una red formada por más de cien millones de neuronas llamada “sistema nervioso entérico, o intestinal”. Esta red controla al sistema digestivo en la compleja labor de transportar, absorber, digerir y desechar alimentos para protegernos de sustancias nocivas, y monitorea continuamente el funcionamiento del sistema digestivo. Las neuronas del sistema digestivo entérico, aunque sean parte del llamado “segundo cerebro”, no tienen una función específica en nuestros pensamientos. Nuestras ideas y razonamientos se realizan en el cerebro.

El sistema nervioso entérico se comunica con el cerebro por medio del nervio vago. Este nervio, que emerge del sistema nervioso central, adentro del cráneo, recorre el cuello, el tórax e ingresa en el abdomen, donde termina enervando casi todos los órganos abdominales. Hace varias décadas, cuando los anatomistas buscaban dilucidar cuál es su recorrido, como no podían definir correctamente dónde termina, lo denominaron “vago”, como un sinónimo de errático. Este nervio vago forma un eje o vía permanente de comunicación, ida y vuelta, entre el cerebro y el sistema nervioso entérico. Por eso se habla del eje “intestino-cerebro”.

Ahora se agrega un nuevo componente, que es la flora intestinal, también llamada “microbiota”. Aunque las bacterias de la flora intestinal no forman parte del cuerpo humano, la conexión que tienen con este es tan intensa que al hablar del eje “intestino-cerebro” se debe pensar también en la microbiota como su parte activa; por eso se llama eje “microbiota-intestino-cerebro”.

Se estima que la cantidad de células que tenemos en nuestro cuerpo, exclusivamente humanas, es de entre 10 y 30 billones. Además de estas células propias, hay aproximadamente 100 billones de otras células no propias, en su mayoría bacterias, que residen en nosotros. Esta cantidad de células “extranjeras” conforman la flora, que en su mayor cantidad se encuentra en el intestino, formando la microbiota, o flora intestinal. La microbiota cumple un rol fundamental en la inmunidad y el metabolismo.

Todo acto que destruya la flora habitual altera el sistema inmunitario. Las bacterias nocivas son frenadas o limitadas por las bacterias de la flora. La flora habitual compite por nutrientes y sitios de colonización con las bacterias nocivas. Pero, al eliminar la flora habitual y no tener otras bacterias que limiten su acción, estas últimas se reproducen y atacan al huésped, que en este caso somos nosotros.

Dios va actuando en un mecanismo perfecto para nuestro beneficio.

Por ejemplo, en el caso de la flora habitual de la piel, si se utilizan continuamente jabones que contienen productos químicos antisépticos, que son para un ambiente hospitalario o para problemas de salud específicos, destruimos la flora habitual y favorecemos el desarrollo de bacterias patógenas que antes estaban controladas y limitadas por la flora. Parafraseando un eslogan muy usado, podríamos decir: “Más vale bueno conocido que malo por conocer”. Utilizar periódicamente un producto de higiene que no es para usar en el hogar en forma cotidiana termina siendo contraproducente, aunque creamos que estamos ayudando a evitar las infecciones.

Volviendo al eje “microbiota-intestino-cerebro”, observamos que hay una relación entre depresión, estrés y la microbiota. Esta relación puede ser explicada al comprender que el 90 %, aproximadamente, de la serotonina es producida en células intestinales, que son estimuladas por las bacterias de la microbiota.2 Es decir, sin la flora intestinal se reduce considerablemente la producción de serotonina en el intestino. La serotonina es un neurotransmisor que controla el estado de ánimo, y cuando se reduce aumentan los episodios de depresión y aumenta el estrés. Por esto los médicos recetan antidepresivos, que actúan aumentando la disponibilidad de serotonina en el sistema nervioso.

Hay pruebas de que la flora intestinal correcta puede influir en la conducta y en la memoria.3 Cuantos más elementos tiene nuestro sistema nervioso para mejorar su función, más cómodos nos sentimos y cambia el estado de ánimo. Se ha estudiado en personas cuánto afecta la flora intestinal en el estado de ánimo y el comportamiento. En una investigación a un grupo, dieron a tomar probióticos, productos que contienen bacterias favorecedoras de la flora intestinal, y a otro grupo le dieron un placebo. Posteriormente les hicieron responder cuestionarios en que se evaluaron aspectos como la agresión, la desesperanza, la capacidad de afrontar los problemas, el perfeccionismo y los pensamientos recurrentes. Los resultados mostraron cambios positivos en la agresión y en los pensamientos recurrentes en aquellos que habían mejorado la flora intestinal por haber ingerido probióticos.4

También se han realizado estudios en animales, en que se observó que aquellos que no tenían microbiota no sociabilizaban y no tenían motivación social.5

No todas las bacterias de la flora intestinal son positivas para nosotros. Algunas de ellas producen toxinas que influyen sobre el estado de ánimo en forma directa e indirecta. Lo interesante es que nosotros podemos decidir qué tipo de bacterias vamos a tener en nuestro sistema digestivo.

En la variedad de vegetales y frutas encontramos abundantes fibras y fitoquímicos que promueven el desarrollo de las bacterias “buenas”. Los alimentos procesados con un alto contenido en hidratos de carbono refinado, azúcar y edulcorantes artificiales pueden producir “disbiosis”, que es la alteración de la flora intestinal, lo que favorece la flora no deseada.

Respetar la hora de las comidas y pasar doce horas sin ingerir alimentos entre la cena y el desayuno estimula la regeneración de las bacterias intestinales correctas durante la noche. Es interesante conocer que si no respetamos los tiempos entre las comidas se altera la flora intestinal aun habiendo ingerido alimentos ricos en fibras y bajos en refinamiento. Por su parte, el ejercicio, por actuar positivamente sobre la inmunidad, también influye sobre el desarrollo de la flora intestinal correcta.

La dieta con abundante proteína de origen animal, principalmente carnes rojas, produce fermentación y liberación de sustancias tóxicas que favorecen el cáncer de colon e inflamación intestinal.  La ingestión de alimentos ricos en grasas estimula a las bacterias a que produzcan sustancias que son potentes agentes inflamatorios del intestino, y que al ingresar en la sangre continúan dañando por estimular las alteraciones metabólicas.

La flora intestinal correcta ayuda a bajar de peso, mejora los niveles de colesterol y triglicéridos. Y hasta colabora en la absorción de calcio y magnesio para protegernos de la osteoporosis.

Encontramos así una relación clara entre la dieta, el ejercicio, la flora intestinal y la salud física y mental. Si hacemos un análisis de la literatura actual, descubrimos que si comemos más frutas, verduras y cereales, reducimos los alimentos refinados, carnes y grasas, y hacemos ejercicio, vamos a obtener muchas ventajas. Esto ya lo sabíamos antes de conocer la microbiota.

Aunque parezca redundante, tener esta información nos lleva al asombro, al ver por cuántas vías distintas Dios va actuando en un mecanismo perfecto para nuestro beneficio. Aquí vemos la multifacética sabiduría del Creador, y nuevamente la corroboración de que, como le dijo a Elena de White, el alimento elegido afecta las facultades morales e intelectuales.

Dice el salmista, el rey David: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:2). Realmente son tantos los beneficios que Dios nos brinda en cada momento que son innumerables. Con más razón tenemos que recordarlos cada día; debemos investigar en su Palabra cuántas cosas él tiene para nosotros. Nuestro Padre se brinda continuamente a nosotros. Ahora nos queda responder al llamado: “¡Alabad a Jehová, invocad su nombre, dad a conocer sus obras entre los pueblos!” (105:1). RA


Referencias:
1 Elena de White, Conducción del niño, p. 174; Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 76.
2 F. De Vadder, E. Grasset, Gutmicrobiota regulates maturation of the adult enteric nervous system via enteric serotonin net works, Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 2018 Jun 19; 115(25), pp. 6.458–6.463.
3 D. Bagga, J. L. Reichert, Probiotics drive gutmicrobiometrig gering emotional brain sinatures, Gutmicrobes, 2018 May 3:1-11
4 L. Steenbergen, R. Sellaroab Saskiavan, A randomized controlled trial to test the effect of multispecies probiotics on cognitive reactivity to sadmood Brain, Behavior, and Immunity, t. 48, August 2015, pp. 258-264.
5 L. Desbonnet, G. Clarke, “Microbiota is essential for social development in the mouse”, Molecular Psychiatry, 2014 Feb; 19(2): 146–148.