“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo” (Apoc. 3:19, NVI).

Lee los siguientes textos:

“El que tenga oídos, que oiga. El que deba ser llevado cautivo, a la cautividad irá. El que deba morir a espada, a filo de espada morirá” (Apoc. 13:9, 10, NVI).

“Y si te preguntan: ‘¿A dónde saldremos?’, les dirás que así ha dicho Jehová: ‘El que a muerte, a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio’” (Jer. 15:2, ReinaValera 1995; comparar con Jer. 43:11; Deut. 28; Eze. 14; Apoc. 6:8).

Apocalipsis es un mar en el que todos los libros del Antiguo Testamento desembocan vertiendo su caudal, unos más que otros. En ese sentido, es casi imposible leer aquel o este sin percibir a cada momento las interconexiones que conducen todo el tiempo de uno al otro. Y eso es precisamente lo que ocurre con Jeremías 15:2 y Apocalipsis 13:9 y 10.

No cabe duda de que Juan seleccionó bajo inspiración aquel oráculo divino acerca del rebelde pueblo de Dios que desafiaba con su conducta provocadoramente infiel la disciplina del Cielo, atenuada con misericordia, por medio de Babilonia (véase Daniel 1:1, 2; cap. 9).

“Si alguno tiene oídos, oiga” es el estribillo que resuena en cada uno de los mensajes a las siete iglesias en los capítulos 2 y 3 y en 13:9 de Apocalipsis como un eco de los oráculos que los profetas del Antiguo Testamento dirigieron de parte de Dios al Israel de antaño en situaciones semejantes, instando a los pocos fieles a perseverar en el buen camino y a los demás a abandonar las malas sendas (Isa. 6:9, 10; Mat. 13:10-15; Mar. 4:11, 12; Luc. 8:10; Hech. 28:26, 27).

La condición espiritual de la mayoría de las iglesias de Asia en el siglo I era una prefiguración del derrotero del cristianismo a lo largo de buena parte de su historia, aún futura entonces. Esto hizo necesario que Juan, como un nuevo Jeremías, pusiera delante de sus hermanos presentes y futuros las consecuencias de la ruptura del Pacto, tratando así, tristemente en vano en el caso de la mayoría, de que la historia no se repitiera.

Esta vez, otras “Babilonias”, tanto literales como espirituales, serían autorizadas por la Providencia para separar el precioso remanente de la hojarasca prevaleciente, a fin de que el elemento fiel dentro del pueblo nominal cumpliera su misión iluminadora en medio de los paganos y en favor de ellos.  RA

Deja un comentario: