Descubra cómo ayudar a sus hijos a enfrentar los problemas de esta vida.

Los padres soñamos con que nuestros hijos logren grandes cosas. Por eso,  los ayudamos a que desarrollen sus capacidades intelectuales, deportivas y artísticas. Pero… ¿los estamos ayudando a que desarrollen un cerebro resiliente?

Cuando enfrentamos la adversidad, normalmente aparecen las sensaciones de miedo, angustia y estrés. Ese tipo de respuesta se genera, básicamente, en la amígdala cerebral, pequeña estructura nerviosa ubicada en el centro del cerebro. Pequeña pero poderosa, porque desde allí nuestro cerebro dispara las respuestas asociadas al miedo y los mensajes para que se genere la química del estrés.

Ahora bien, cuando la amígdala cerebral entra en acción, comienza a interferir con las funciones de la corteza prefrontal del cerebro. Recordemos que en esa área del lóbulo frontal se encuentra la sede de las funciones ejecutivas. Estas funciones tienen que ver, básicamente, con las capacidades de pensamiento y toma de decisiones. En pocas palabras, la amígdala toma el control y no nos deja pensar claramente. Entonces nos dejamos llevar por el temor, sin ser capaces de ver una salida al problema.

Podemos enseñar a nuestros niños estrategias para “calmar” la amígdala y activar la corteza prefrontal. De esta manera, el cerebro se va modelando para ser más resiliente. Recordemos que la resiliencia es la capacidad de enfrentar la adversidad exitosamente y salir fortalecido de esa experiencia.

“El optimismo es clave para que los niños desarrollen un cerebro resiliente”.

La Biblia aconseja: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6). La instrucción dada al niño va marcando “caminos” en su tierno cerebro, que luego serán huellas por donde sigue transitando. Enseñar a nuestros niños conductas resilientes los ayudará en el futuro a ser capaces de resolver sus problemas, centrar su atención en las soluciones y ser creativos.

La psicóloga y escritora española Valeria Sabater propone, a partir de investigaciones neurocientíficas, algunos consejos para ayudar a los niños a desarrollar cerebros resilientes. A continuación, algunos de ellos.

Proveerles vínculos fuertes y un apego saludable. Normalmente, se cree que para educar niños más resilientes lo mejor es enseñarles a ser autónomos e independientes. Sin embargo, la clave para desarrollar un cerebro resiliente es la conexión emocional. Los niños necesitan un apego sano, fuerte y saludable. Necesitan personas de referencia que les ofrezcan amor, seguridad y protección. Esto los ayuda a elaborar positivamente las situaciones que les generan miedo o estrés. Un cerebro fuerte que no ha tenido experiencias traumáticas tempranas con la inseguridad o el temor es un cerebro que, a largo plazo, encarará con mayor solvencia los problemas de la vida.

Enseñarles a pedir ayuda. Es importante que los niños aprendan que pedir ayuda es bueno. Siempre es mejor enfrentar los miedos con apoyo de alguien en quien se pueda confiar. Quienes piden ayuda son lo suficientemente valientes como para reconocer su vulnerabilidad, sus necesidades, y dar paso a relaciones más profundas.

Enseñarles a establecer rutinas. El desorden es estresante. El orden, si no es rígido, ayuda a que el cerebro esté más tranquilo y funcione mejor.

Motivarlos a que participen de juegos creativos y juegos de memoria.

Darles oportunidades para que tomen sus propias decisiones.

Transmitirles la idea de que son competentes y capaces; no perfectos, pero sí capaces de hacer las cosas y aprender de sus errores.

Transmitirles optimismo. El optimismo es clave para que los niños desarrollen un cerebro resiliente.

Agreguemos a esta lista un elemento fundamental. San Pablo escribió a Timoteo: “Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación […]. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar […] a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:15-17).

Timoteo era un joven de naturaleza tímida (2 Tim. 1:7), quizás apocado (1 Tim. 4:12) y con problemas de salud (1 Tim. 5:23). Sin embargo, el estudio de la Biblia lo había hecho fuerte, dándole sabiduría y preparándolo para tener una vida exitosa. En medio de sus dificultades y luchas, llegó a ser de mente fuerte y espíritu noble, porque la Palabra de Dios estuvo presente en su vida desde pequeño, modelando su cerebro para ser resiliente.

“No hay nada más a propósito para vigorizar la mente y fortalecer el intelecto que el estudio de la Palabra de Dios. No hay otro libro que sea tan poderoso para elevar los pensamientos y dar vigor a las facultades como las vastas y ennoblecedoras verdades de la Biblia. Si se estudiara la Palabra de Dios como es debido, los hombres tendrían una grandeza de entendimiento, una nobleza de carácter y una firmeza de propósito que rara vez se ven en estos tiempos” (Elena de White, La educación cristiana, p 258). RA

Sobre El Autor

Rodrigo Arias

Con una amplia experiencia en el área de consejería, el Pr. Rodrigo Arias cuenta con dos licenciaturas: una en Teología y otra en Psicología. Hoy sirve a la iglesia como orador del programa radial y televisivo "Una luz en el camino".

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2 Respuestas

  1. lourdes guillén

    Gracias por el articulo me ayuda mucho para guiar a mi niña . Una consulta podrian hacer un articulo sobre las maneras de tratar con adolecentes al siguiente año tratare con ello y quisiera poder ayudar y a entenderlos.Mil gracias Bendiciones.

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