Distintas versiones de la Biblia difieren acerca de qué ocurrió desde el principio del mundo, según Apocalipsis 13:8.

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8, Reina-Valera 1960; la cursiva es mía).

“La adoraron todos los habitantes de la tierra cuyos nombres no estaban escritos desde el principio del mundo en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado” (Apoc. 13:8, Reina -Valera 1995; la cursiva es mía).

Unas versiones dicen que fue el registro de los nombres de quienes habrían de aceptar la salvación a lo largo de la historia. Otras señalan, en cambio, al sacrificio del Cordero de Dios. Ambas ideas son aseveradas en otras partes del Nuevo Testamento, pero solo aquí aparecen juntas y acompañadas de la fórmula “desde la fundación del mundo”; sin que resulte sencillo decidir a cuál de las dos se aplica, si a la escritura de los nombres o al sacrificio del Cordero.

Para algunos, el hecho de que Apocalipsis 17:8 se refiera explícitamente a nombres escritos en el Libro de la Vida desde el principio del mundo decide la cuestión en 13:8. Para otros, es más razonable que la frase “desde el principio del mundo” esté calificando al antecedente más inmediato en la oración (“el Cordero inmolado”), y no al más distante (“los nombres no registrados en el libro de la vida”).

Por su parte, la expresión “desde el principio del mundo” aparece en otras partes del Nuevo Testamento para referirse a cuestiones tan variadas como la supresión violenta de los profetas enviados por Dios a su pueblo infiel (Luc. 11:50); la preparación del Reino de Dios para los redimidos (Mat. 25:34; cf. 13:35); la aceptación divina de quienes habrían de aceptar a su vez la salvación (Efe. 1:4); y las obras de Dios en general (Heb. 4:3).

¿En qué sentido pueden los nombres de algunas personas estar escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo, sin que ello implique su predestinación para salvación y lo contrario para los no registrados allí?

Si Dios es omnisciente y presciente, conoce de antemano las decisiones tomadas por cada persona en materia espiritual incluso antes de que decidan, o aun de que nazcan, sin que ello signifique suprimir el libre albedrío humano o interferir en él. Los nombres de algunas personas pueden figurar desde la eternidad en los registros celestiales de la salvación simplemente porque en un momento determinado de su vida ellos decidieron, o decidirán, que así sea. En materia de salvación, Dios propone y el hombre es quien dispone (Juan 3:16).

Por otra parte, ¿cómo podría el Cordero haber sido inmolado desde el principio del mundo, milenios antes de nacer como un niño en Belén (Gál. 4:4)?

En Génesis 3:15, en lo que podría considerarse, al menos en un sentido, “el principio del mundo”, Dios garantizó a Adán y a Eva la actuación eficaz del futuro Mesías como un hecho consumado, a priori, por así decirlo.

Si lo decidido por la Deidad triuna desde la fundación del mundo y, por ende, lo virtualmente ocurrido entonces: la futura muerte sustitutiva de Cristo en favor de la aún futura humanidad caída, es lo que Juan quiso destacar en Apocalipsis 13:8, habría allí un énfasis en la realidad innegable del sacrificio y la resurrección del Cordero (Apoc. 5:6-13), ocurridos, por otra parte, décadas antes, en contraste con la imitación como estrategia del anticristo (Apoc. 13:3; comparar con 2 Tes. 2:9).

Puesto que el Apocalipsis se caracteriza por su lenguaje figurado, y a menudo por la convergencia de varios sentidos en una misma imagen o expresión, no sería de extrañar que la ambigüedad de Juan al respecto fuera intencional. Después de todo, ambas opciones cuentan con respaldo bíblico y no son mutuamente excluyentes, sino complementarias. Los nombres de los redimidos constan en los registros celestiales desde la fundación del mundo no solo en virtud de la presciencia divina, sino también del sacrificio provisto por Dios para la salvación de los tales desde ese mismo momento. RA

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