El mes pasado analizamos la importancia y los beneficios del culto de familia. Sin embargo, a la hora de llevarlo a la práctica, muchas veces no sabemos cómo hacer de ese momento algo agradable, deseable e inolvidable. “En muchos casos, los cultos matutinos y vespertinos son poco más que una mera forma, una repetición opaca y monótona de frases hechas en las que no encuentra expresión el espíritu de gratitud o el sentimiento de la necesidad. El Señor no acepta un servicio tal” (Elena de White, Conducción del niño, p. 491). Para evitar esta triste realidad, la sierva del Señor tiene consejos inspirados y recomendaciones importantes, que ayudarán a todos los miembros de la familia a disfrutar y sacar provecho de la hora del culto.

«el culto familiar puede ser agradable y estará lleno de resultados que únicamente revelará la eternidad”.

  • Hora fija: “En cada familia debería haber una hora fija para los cultos matutino y vespertino” (Elena de White, Joyas de los testimonios, t. 3, p. 92). “Deben enseñar a sus hijos a ser […] respetuosos de las cosas religiosas; y deben sentir la importancia de los requerimientos de Dios. Se les debe enseñar a respetar la hora de la oración; se debe exigir que se levanten por la mañana para estar presentes en el culto familiar” (Elena de White, Joyas de los testimonios, t. 2, pp. 133, 134).
  • Función de los padres: “El padre, o en su ausencia la madre, debe presidir el culto y elegir un pasaje interesante de las Escrituras que pueda comprenderse con facilidad” (Elena de White, Consejos para la iglesia, p. 221).
  • Cuidadosa preparación: “Los jefes de familia deberían ocuparse especialmente de que la hora del culto sea sumamente interesante. Dedicándole algo de atención y cuidadosa preparación, cuando nos presentamos ante la presencia de Dios, el culto familiar puede ser agradable y estará lleno de resultados que únicamente revelará la eternidad” (ibíd., p. 495).
  • Reuniones cortas y animadas: “Sean cortas y animadas las reuniones del culto familiar. No permitan que sus hijos o cualquier otro miembro de la familia les tengan miedo por ser tediosos o faltos de interés” (Elena de White, Conducción del niño, pp. 494, 495).
  • Pocos versículos: “Elija el padre una porción de las Escrituras que sea interesante y fácil de entender; serán suficientes unos pocos versículos para dar una lección que pueda ser estudiada y practicada durante el día. Se pueden hacer algunas preguntas. Pueden presentarse a manera de ilustración unas pocas, serias e interesantes observaciones, cortas y al punto” (ibíd., p. 495).
  • Canto y oración: “Deberían cantarse por lo menos unas pocas estrofas de un himno alegre, y la oración debe elevarse corta y al punto. El que dirige en oración no debería orar por todas las cosas, sino que debería expresar sus necesidades con palabras sencillas; y su alabanza a Dios, con gratitud” (ibíd.).
  • Todos deberían participar: “Todos deberían tener parte en la lectura de la Biblia, aprender y repetir a menudo la Ley de Dios. Los niños tendrán más interés si a veces se les permite que escojan la lectura. Háganles preguntas acerca de lo leído y permítanles que también las hagan ellos. Mencionen cualquier cosa que sirva para ilustrar su significado. Si el culto no es demasiado largo, permitan que los pequeñuelos oren y se unan al canto, aunque se trate de una sola estrofa” (Elena de White, La educación, p. 181).
  • Culto especial para el sábado: “Tomen parte los niños en el culto familiar [del sábado]. Traigan todos su Biblia y lea cada uno de ellos uno o dos versículos. Luego cántese algún himno familiar, seguido de oración. […] Procuren que ese momento ofrezca interés y gozo” (Elena de White, Joyas de los testimonios, t. 3, pp. 23, 24).

Los consejos inspirados de Elena de White son simples, claros y fáciles de entender y aplicar. Pueden marcar la diferencia en tu hogar, y en la espiritualidad de tu familia. Con un poco de preparación y esmero, “las horas del culto matutino y del vespertino [pueden] ser las más dulces y útiles del día” (La educación, p. 181). RA

Sobre El Autor

Licenciado en Teología y Traductor público de Inglés, Walter Steger desarrolla su ministerio como editor de libros en la Asociación Casa Editora Sudamericana. Además de dirigir las revistas Ministerio y la Revista del anciano, es actualmente el encargado de la traducción al español de la Guía de Estudio de la Biblia.

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