En los casos de bullying no solo participan el agresor y el agredido. Quienes observan también tienen un rol clave.

La historia de José representa claramente a una familia cristiana en la cual se propició un escenario de bullying. Hemos leído la vida del patriarca innumerables veces. Vemos hermanos celosos que agredían a uno de ellos; un hijo aislado de sus hermanos no solo por el odio que les generaba, sino también por un padre que, sin malas intenciones, poseía un favoritismo hacia José. ¿Habrá pensado Jacob en las consecuencias que traería la manera en que trató a sus hijos, al hacer una marcada diferencia con José?

En la familia se engendra la semilla del maltrato o la del buen trato. Los niños observan la relación entre sus padres y cómo ellos tratan a sus pares (vecinos, parientes, hasta maestros de los hijos). También observan el amor y la comprensión que reciben de ellos y los límites que les imponen en el juego con sus hermanos. Así, trasladan todo esto a su vida social. Y la parte social de la vida es fundamental para tener salud, ya que esta brinda un estado de bienestar físico, mental, espiritual y social.

Como pediatra, diariamente atiendo niños que sufrieron diferentes agresiones. Consultan o permanecen internados por cuestiones físicas, dado que han sufrido desprecio, malos tratos, discriminación, aislamiento e innumerables agresiones. Esto, desde luego, siempre parte de un agresor, pero también hay adultos responsables que solamente observan su sufrimiento. Es triste observar niños que desde temprana edad crecen sin amor, ausente del hogar y/o de sus pares. Nos acostumbramos a hablar de bullying, pero ¿cómo podemos solucionarlo?

Tres tipos de posturas

El bullying se propicia en un ambiente de relaciones; por lo tanto, es en ese ambiente que debemos combatirlo.

Podemos determinar tres tipos de personajes que cumplen diferentes roles:

El agredido (víctima).

El agresor (acosador).

Los que observan (testigos).

Y es de este último que muchas veces no hablamos, y es fundamental su participación en el bullying porque, quiéralo o no, es partícipe.

Los adultos son los responsables por la educación de los niños y de cómo se integrarán ellos a la sociedad.

¿Qué tipo de personaje será su hijo en el bullying? ¿Qué rol ejercerá con sus pares? Si criamos a un niño que se siente superior, va a discriminar, y a terminar aislado como José. Si nuestro hijo comienza desde temprana edad con actitudes agresivas y no las corregimos, potenciará esas acciones a futuro (siendo agresor de otros niños). Si no enseñamos a amar a nuestro prójimo como Jesús lo hacía, no sentirán empatía con el que está sufriendo.

Lecciones del ayer

En la familia de Jacob hay muchos aspectos de los cuales aprender, a fin de evitar situaciones tristes en el seno de nuestro hogar. Estas serán de enorme ayuda para detener la propagación del bullying.

Humildad: Jacob propiciaba la soberbia en José, en vez de la humildad y la humillación que propiciaba para con sus otros hijos; no la igualdad. Aunque José no se vio afectado por esto y su carácter se mantuvo integro, muchos niños pueden sentirse superiores y discriminar al que es diferente, por cuestiones físicas, religiosas o familiares. Puede ser un agresor en el futuro y, a la vez, lo predispone a ser agredido. Los versículos de Gálatas 3:28 y Romanos 10:12 afirman que todos somos importantes e iguales ante Dios. Jesús condenó la soberbia, y nos invita a la humildad que protagonizó en su propia vida. No permitió que sus discípulos pretendieran lugares diferenciados en los cielos (Mar. 10:35-45), ni tampoco aprobó la actitud del fariseo en el Templo (Luc. 18:9-14).

Límites: Tener hijos que planifiquen la muerte de uno de sus hermanos es grave. Si con su propia sangre eran capaces de ser tan agresivos, ¿qué podrían hacerles a otros? En Patriarcas y Profetas, Elena de White detalla que los hijos de Jacob crecieron contenciosos e impacientes ante el control, y cometieron graves faltas desde su juventud. Limitar a los hijos e indicarles lo que está bien o mal es fundamental para que respeten. Jesús nos enseñó este punto con su ejemplo,  con su accionar en el Templo (Juan 2:12-17).

Responsabilidad: Todos son responsables, incluso los que observan en silencio. Tal vez los diez hermanos no tenían el mismo sentimiento, pero quienes no estaban de acuerdo en vender a José otorgaban a los más agresivos la libertad de actuar, por no oponerse. Si no fuera por Rubén, que finalmente actuó y evitó que lo mataran, la historia sería otra. Y este punto es muy importante. Observar sin hacer nada por impedir una situación triste también nos hace responsables.

Tal vez estamos tranquilos porque nuestro hijo no padece de agresiones en el colegio o en la iglesia. Lo vemos bien integrado y no presenta malos modos y tratos con los demás. Pero ¿qué le enseñamos acerca de ser testigo de esta enfermedad social? ¿Le decimos que evite la situación y no se acerque a niños con problemas, ya sea agresores o agredidos? ¿Le explicamos qué es la empatía con aquel que sufre, para que entienda que hay acciones contra otro que están mal y que no debe apoyar?

¿LE EXPLICAMOS QUÉ ES LA EMPATÍA CON AQUEL QUE SUFRE, PARA QUE ENTIENDA QUE HAY ACCIONES CONTRA OTRO QUE ESTÁN MAL Y QUE NO DEBE APOYAR?

En Finlandia se implementó un método de educación en las escuelas para erradicar el bullying que tiene mucho éxito. El programa se llama KiVa e intenta hacer partícipes a todos de la situación: padres, alumnos y cualquier personal del colegio. Enseña, entre otras cosas, a los padres cómo preguntar y captar problemas en casa, para dar la alarma necesaria y el apoyo a su hijo. Con los niños, tiene medidas que son universales y focalizadas en la prevención. Pero cuando el acoso aparece, implementan medidas particulares para evitar que continúe. Y es aquí que se hace el cambio, porque en vez de trabajar solo con los dos personajes habituales del bullying (víctima y agresor), se focalizan en el tercer sujeto de esta situación: el testigo.

Se comprobó que ellos pueden hacer mucho para prevenirlo o reducirlo, y terminar con la situación. Intentan que los observadores tengan un cambio de actitudes y de actuación, buscando que apoyen a la víctima en lugar de fomentar el acoso. Y es aquí donde la educación en empatía y amor recibida en casa es determinante. ¿Enseñamos a nuestros hijos a que manifiesten abiertamente que no aceptan las prácticas de abuso? ¿O tal vez con el silencio o una risa tímida, o hasta la indiferencia hacia la víctima, avalan las burlas y las molestias que se le realizan? En dicho programa, se intenta que los testigos apoyen a la víctima, en la medida que les sea posible (respetando la integridad física de cada niño y la fortaleza para enfrentar a un agresor); y en conjunto, para desacreditar el rol del victimario, y cortar de esa manera el circulo.

El bullying es un problema que nos afecta tanto a nosotros como a nuestros hijos. Nosotros debemos estar atentos y debemos prepararlos para que actúen en favor del prójimo. Elena de White es contundente con este cometido al hablar del desafío de los padres para con sus hijos: “Hay que animarlo […] a tener abnegación y dominio propio; a anteponer la felicidad ajena y los intereses del prójimo a los propios […]. Cuanto más compenetre el hogar el verdadero espíritu servicial, tanto más plenamente se desarrollará en la vida de los niños. Así aprenderán a encontrar gozo en servir y sacrificarse por el bien de los demás” (Elena de White, El ministerio de curación, pp. 311, 312). RA

Deja un comentario: