Durante el Mundial 2018 celebrado en Rusia, los “Jabalíes Salvajes”, un equipo de fútbol de niños de Tailandia, acabó atrayendo la atención de todos.

Después del entrenamiento que realizaron el 23 de junio, los pequeños jugadores y el director técnico decidieron entrar en una cueva y acabaron aislados a 4 km de su ingreso principal, bajo una cadena de montañas que separa Tailandia de Myanmar.

Ellos quedaron en la oscuridad y perdieron la noción del tiempo y el espacio. El técnico ayudó al grupo a mantener la calma, usar el mínimo posible de aire y ahorrar energía. Solo contaban con linternas, oxígeno y agua que caía de las paredes de la cueva.

Afuera, los padres y los amigos estaban desesperados. Únicamente encontraron las bicicletas, las mochilas y algunos botines de fútbol en la entrada de la cueva. Así, se organizó un gran movimiento internacional de búsqueda para encontrar a las trece personas desaparecidas, que también movilizó a la prensa mundial. Pero las muy fuertes lluvias dificultaron bastante el trabajo.

Cerca de mil personas ayudaron, constituyendo una gran corriente de solidaridad y de fe. Profesionales expertos trabajaban en las búsquedas, los vecinos reunían dinero y comida para las familias, y los amigos cantaban y oraban a la entrada de la cueva.

John Volanthen y Rick Stanton avanzaron en el lodo y en la oscuridad, hasta finalmente encontrar a los niños y al entrenador. Pero, desgraciadamente, Saman Kunan, buceador retirado de la Marina tailandesa y uno de los voluntarios que ayudaban en el rescate, murió durante la operación.

Las aguas continuaron subiendo rápidamente, y no se pudo esperar más. El rescate comenzó el 7 de julio, y tardó tres días hasta que el técnico y el último niño fueron retirados del interior. Luego salieron los buceadores y los médicos que cuidaron de los “Jabalíes Salvajes” dentro de la cueva. Y el agua inundó el lugar.

Esta es una historia fuerte, y al mismo tiempo, una ilustración viva de nuestro rescate del pecado. Lo que a menudo parece meramente un concepto abstracto, por medio de ejemplos reales como este se vuelve más claro y causa un impacto más intenso; así nos pone en sintonía con el plan de la salvación, establecido “desde la fundación del mundo” (Apoc. 13:8).

Piensa en el sufrimiento de las familias durante las dos semanas que esperaron una solución, y entenderás mejor el sufrimiento de Dios, de los ángeles y de los mundos no caídos al contemplar nuestra condición y la larga espera por el momento correcto para el rescate.

Al observar la movilización generada por la búsqueda y el rescate de aquellos niños, será más fácil entender la participación de todo el cielo en nuestra salvación.

Siente el dolor de la muerte de uno de aquellos voluntarios, y entenderás mejor el significado de la muerte de Cristo, quien vino a “dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45).

«Cristo jamás se apartará de alguien por quien pagó el rescate”.

Elena de White destaca que “Cristo jamás abandonará al alma por quien él murió. El alma puede dejarlo a él y ser vencida por la tentación; pero Cristo jamás se apartará de alguien por quien pagó el rescate, que fue su propia vida” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 110).

Lo más importante, sin embargo, es que nuestro rescate también tendrá un final feliz. Pronto Cristo volverá y nos llevará de regreso a casa. Sabemos cómo será: “Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, cuyo tamaño era más o menos la mitad de la mano de un hombre. Es la nube que envuelve al Salvador, y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la Tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es una gloria como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. Jesús marcha al frente como un poderoso conquistador” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 698).

Nuestro rescate está llegando. ¡No te pierdas esta esperanza! RA

Deja un comentario: