Responde: Giselle femopase. Lic. en psicología y psicopedagogía. Residente en el sanatorio adventista del plata. 

1- ¿Por qué las redes sociales generan adicción? ¿cómo nos afecta esto?

Ellas están diseñadas para cautivar la atención. Los creadores estudian cómo mantener atrapados nuestros sentidos por más tiempo, con mecanismos similares a los que se utilizan en los casinos, por ejemplo. Está comprobado que los colores vivos, como las notificaciones en rojo, son cautivadoras, y que los likes generan dopamina, una hormona relacionada con la sensación de placer. Un fenómeno reciente es el llamado fear of missing out, que es la sensación de que al estar desconectados nos perdemos las cosas que suceden. En realidad, por estar conectados demasiado tiempo, nos perdemos de  disfrutar lo que sucede en la realidad que nos rodea, o de generar buenas experiencias personales. 

La capacidad de realizar varias actividades en simultáneo es un mito, de modo que siempre que estamos atendiendo a las pantallas, no estamos concentrados en lo demás. Un uso muy elevado de las redes sociales genera deficiencias en nuestra capacidad de concentración y la pérdida de las destrezas sociales que nos permiten experimentar encuentros con personas reales.

2- ¿cómo podemos administrarlas  de forma inteligente?

Según la autora Catherine L’Ecuyer, la mejor preparación para el mundo online es el mundo offline. Las redes no pueden dañarnos por sí solas. Es bueno tomar consciencia del uso que damos a este recurso: la cantidad de tiempo y el objetivo. Hay aplicaciones que sirven para controlar el tiempo que usamos en las demás aplicaciones. Una vez que nos autoevaluemos, podemos buscar formas de controlar el tiempo que pasamos conectados.

Algunos métodos prácticos son: poner la pantalla del celular en escala de grises, de modo que pierda su colorido cautivador; eliminar las notificaciones, para que no nos interrumpan; no usar el teléfono como reloj o como alarma; determinar horarios o la cantidad de tiempo que vamos a usar una aplicación; y buscar momentos de desconexión. No está de más tomar un período de “desintoxicación” para replantearnos qué aporta el uso de las redes a nuestra vida o qué nos ha quitado. Busquemos generar situaciones de conexión real y desarrollar nuestras habilidades para relacionarnos en encuentros con personas totalmente presentes. RA

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