Como vimos el mes pasado, interpretar literalmente lo que Juan dice acerca de los 144.000 nos conduciría a la disparatada conclusión de que quienes finalmente se salven o formen parte de aquel grupo serán exclusivamente varones judíos célibes. Acerca de la “virginidad” de los 144.000, debe recordarse que los escritores bíblicos representan a menudo a los fieles de Dios como una esposa fiel y casta (Efe. 5:22-33; Apoc. 12; 19:7; 21:2, 9; 22:17). Asimismo, se valen de la imagen de una mujer adúltera o prostituida para representar a quienes abrazan ideas y prácticas contrarias a la voluntad revelada de Dios y registrada en las Escrituras, con lo que se hacen culpables de infidelidad (representada como adulterio o fornicación espiritual) para con su legítimo Esposo (Eze. 16; Ose. 1:2).

En consonancia con ello, Apocalipsis simboliza la apostasía religiosa institucionalizada, la negación de la fe apostólica, mediante la imagen de una astuta ramera o adúltera –tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, las palabras hebrea y griega respectivamente traducidas como “prostituta” significan también “adúltera”– que se empeña en seducir al mundo entero, en embriagarlo con sus falsas enseñanzas y en perseguir implacablemente a quienes no se sujetan a sus caprichos (Apoc. 17; 18; 19:1, 2). Además, Juan evoca aquí el incidente en el que, a instancias del falso profeta Balaam, el rey Balac de Moab envió a las muchachas moabitas al campamento del pueblo de Dios para seducir a los varones hebreos con la inmoralidad idolátrica del culto a Baal (Núm. 25; 31:16; cf. Neh. 13:23-30). Lo que el Mar Rojo y el desierto no pudieron lo logró la sensualidad de la cultura agrícola sedentaria y pagana de Canaán.

En este sentido, debe destacarse que la palabra griega parthenoi, traducida en Apocalipsis 14:4 como “vírgenes”, no significa única y literalmente “célibes” sino también, como en este caso, “puros” o “no contaminados”, en sentido moral o espiritual. Puesto que la virginidad de los 144.000 es la antítesis de la fornicación (pornéia) o adulterio (moijéia) y la contaminación (molysmós) de aquellos que adoran a la bestia en Apocalipsis, y en vista de que tal fornicación, adulterio o contaminación es una metáfora de la idolatría, la virginidad de los primeros debe interpretarse también figurada o espiritualmente.

Los 144.000 también se caracterizan por seguir al Cordero dondequiera que vaya (14:4). No hay corona sin cruz; no hay gloria sin Calvario. En vista de ello, otra de las características de este grupo es que no permiten que nada ni nadie los separe de Cristo, ni siquiera la oposición más cruel (Rom. 8:31-39).

Se dice, además, que han sido redimidos como primicias para Dios (14:4). Sus vidas son como una ofrenda viviente sobre el altar de Dios: algo especial, totalmente consagrado y dedicado, apartado para él; algo santo (Núm. 18:12; Éxo. 34:26; Rom. 12:1). En el quinto sello, los mártires que claman a Dios por justicia contra sus verdugos son las primicias de muchos más que habrían de correr su misma suerte en el futuro (6:11).

Por último, no hay engaño en sus labios (14:5). El sello divino del discernimiento espiritual les ha permitido mantenerse incólumes ante los engaños prevalecientes, ante la apostasía generalizada propugnada por la infiel desvergonzada que termina seduciendo a todos los poderes de la Tierra (Apoc. 13:18). La palabra traducida como “engaño” (pséudos) es la misma que designa a los falsos apóstoles desenmascarados por los cristianos de Éfeso (2:2), al falso profeta simbolizado como una astuta bestia salvaje surgida de la tierra (16:13; 20:10); e implícitamente, a la falsa profetisa Jezabel en la iglesia de Tiatira (2:20) y a los judíos solo de nombre que hostigaban a las iglesias de Esmirna y Filadelfia (2:9; 3:9).

En conclusión, los 144.000 representan, según algunos teólogos, a los salvados de todas las épocas del verdadero pueblo de Dios. Según otros, simbolizan a un grupo especial dentro del pueblo de Dios, quienes estarán vivos en ocasión del regreso de Cristo a la Tierra. En este sentido, la mención del monte Sión es, en sí misma y a la luz del Antiguo Testamento, una referencia al desenlace del conflicto entre el bien y el mal. De ser así, los 144.000 serían un grupo especial dentro de la gran multitud.

En cualquier caso, quienes se salven serán mucho más que 144.000. Y, lo que es más importante aún, cualquier persona puede estar dentro de ese grupo si así lo decide, por gracia de Dios. RA

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