Examinando la visión del lienzo de Hechos 10.

En Levítico 11 leemos que para Dios existen dos tipos de animales: los puros y los inmundos (Lev. 11:1-47). Dios determina qué animales son puros y se pueden comer, indicando cuáles son las características que deben poseer. Y especifica por nombre el tipo de animal que es inapropiado consumir (Lev. 11:2,9).

Debido a que el libro de Levítico contiene especificaciones respecto de los sacrificios y las ofrendas que los hijos de Israel debían traer al Santuario (1:2-17), algunos suponen que las leyes dietéticas fueron abolidas cuando Jesús murió en la cruz; después de todo, Jesús encarna al Cordero que quita el pecado del mundo (Juan 1:29; 1 Cor. 5:7). No obstante, es importante recordar que Dios ya distinguía entre animales puros e inmundos aun antes de la promulgación de la Ley en el Sinaí. El número de los animales que entraron en el arca con Noé fue discriminado teniendo como base esta taxonomía (Gén. 7:2; 8:20). Por lo tanto, podemos afirmar que esta orden dietética existía incluso antes de la promulgación de la Ley en el Sinaí, por lo cual Levítico 11 todavía se mantiene vigente hoy.

Algunos, sin embargo, sostienen que al leer la historia de Pedro y Cornelio de Hechos 10 podemos encontrar indicios de que Dios abolió esta distinción, y estamos en libertad de comer lo que nos plazca. En esta historia, Pedro, que tenía hambre, ve en una visión que baja del cielo algo semejante a un lienzo con toda clase de cuadrúpedos terrestres, reptiles y aves. Si bien se ordena a Pedro comer, él se niega, afirmando que nunca había comido alguna cosa “común o inmunda”. Sin embargo, la voz en la visión es insistente, y reprende a Pedro diciendo que aquello que Dios limpió él no lo puede llamar “común” (Hech. 10:1-16).

Sobre esta base, se ha planteado que esta escena muestra que Dios ha hecho limpios a todos los animales, y que la orden dietética de Levítico 11 ha sido abolida. El propósito de este artículo es demostrar lo contrario, y concluir, como otros ya antes lo han hecho, que el énfasis de la visión está en las personas, no en el menú.

“Común” e “inmundo”

Como se notó anteriormente, Pedro ve distintos animales que descienden sobre un lienzo, ante lo cual se le ordena que se levante y coma (10:11-13). Según la versión Reina-Valera 1960, Pedro se niega, afirmando que nunca había comido cosa “común o inmunda” (10:14). Cabe recordar que el Nuevo Testamento no fue escrito en castellano sino en griego. Esto significa que debemos primero dar una mirada a estas dos palabras en griego, y advertir el significado que estas tenían cuando se escribió la historia de Pedro y Cornelio.

La primera palabra griega es koinós, traducida por la Reina-Valera como “común”. Al estudiar la literatura judía que existía en tiempos del Nuevo Testamento, aprendemos que el término koinós era usado para describir aquello que había perdido su uso sacro y se había vuelto profano. A modo de ejemplo, a los animales ritualmente incapacitados para los sacrificios o las comidas, que se volvían ceremonialmente impuras, se los denominaba koinós. Del mismo modo, todo aquello que estaba en contacto con elementos profanos dejaba de ser sagrado, y se convertía en “común”; es decir, “abominable” (Mar. 7:2, 5; Heb. 10:29).

La segunda palabra griega es akáthartos, traducida por la Reina-Valera como “inmundo”. Dependiendo del contexto, el significado del vocablo puede variar. En la Septuaginta (traducción al griego del Antiguo Testamento), así como en los escritos del filósofo judío Filón de Alejandría, el término akáthartos describe, entre otras cosas, a los animales que Dios prohíbe comer en Levítico 11. Ocurre algo similar cuando vamos al Nuevo Testamento. Aunque el sentido de la palabra cambia en ciertos contextos, hay tres ocurrencias en el libro de Hechos que deben entenderse como una referencia a los animales impuros de Levítico 11. Los tres casos están dentro de la historia de Pedro y Cornelio, y en cada uno de estos ejemplos el vocablo aparece mencionado junto al adjetivo koinós, estudiado en el párrafo anterior (Hech. 10:14, 28; 11:8). Esta alusión conjunta no puede pasar inadvertida, sobre todo al estudiar cómo estaba compuesto el grupo de animales que se hallaba en el lienzo que vio Pedro.

Los animales en el lienzo

Nótese que algunos de los animales que estaban en el lienzo de la visión de Pedro eran puros y, por ende, él podía comerlos. En la visión, Pedro ve que sobre el lienzo había “todo” tipo de cuadrúpedos, reptiles y aves (10:12). De acuerdo con Levítico 11, hay cuadrúpedos que Dios permite comer (Lev. 11:1-8, 27), y que además ordenó que fueran usados en los sacrificios del Santuario (Lev. 1:3, 10). Algunas aves, presumiblemente también presentes en la visión, eran igualmente permitidas (Lev. 11:13-19). Las aves servían, asimismo, como ofrendas (Lev. 1:14), como el sacrificio presentado por la madre de Jesús, quien debía ofrecer, conforme a lo estipulado por la Ley, “un par de tórtolas, o dos palominos” (Luc. 2:24).

Entonces, si había animales limpios sobre el lienzo, ¿por qué Pedro se negó a comer? Ciertamente había animales limpios, pero el relato también nos dice que había “todo” tipo de cuadrúpedos y de aves, incluyendo reptiles. Es verdad, en Levítico 11 Dios permite comer algunos cuadrúpedos y aves; pero no todos. De esta forma, el problema de Pedro consistió en que los animales limpios y los inmundos estaban mezclados. En su mente, al combinarlos, los limpios se volvían koinós; es decir, “comunes”, o “profanos”. Los animales puros estaban siendo contaminados por los impuros. Para Pedro, estos animales no podían estar juntos. La separación entre uno y otro era esencial.

Foco en las personas, no en el menú

El autor de Hechos nos informa que Pedro estaba perplejo, y pensaba sobre cómo comprender la visión (Hech. 10:17). Este detalle es importante. Pedro no sabía lo que significaba. Por lo cual, concluir que Dios estaba aboliendo Levítico 11 con la visión es ir más allá de lo que incluso Pedro no entendió al comienzo.

Para entender el significado de la visión, debemos notar que el relato comienza con un gentil piadoso llamado Cornelio al que un ángel ordena que haga venir a Pedro (Hech. 10:1-8). Cornelio obedece, y cuando los enviados por Cornelio están por llegar donde Pedro se hospedaba, este tiene la visión que hemos comentado. En tanto Pedro meditaba en la visión, el Espíritu Santo le ordenó que fuera con los emisarios de Cornelio (Hech. 10:19, 20). Pedro accedió, y partió con ellos. Al llegar y entrar en la casa de Cornelio, Pedro interpretó la visión claramente. Dijo: “Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hech. 10:28).

Notemos que Pedro usa las palabras “común, o inmundo”; es decir, koinós y akáthartos. Como vimos, cuando Pedro se negó a comer de los animales del lienzo usó estas mismas palabras (Hech. 10:14). Para la mentalidad hebrea de la época, Cornelio era el gentil “inmundo”, en tanto Pedro era el judío “limpio” (Hech. 10:1-48). Uno y otro no pueden estar juntos, porque el inmundo contaminará al limpio. Pero Dios, quien no hace acepción de personas, no está a favor de esta distinción (10:34). Dios ha demolido en Cristo esa barrera, y su propósito es abrir las puertas del evangelio a todas las razas. Por esta razón, Dios recrimina a Pedro, diciendo: “lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hech. 10:15; 11:9).

Es significativo que aquí Dios también usa la palabra koinós. Para él, juntarse con un gentil no profana a una persona; es decir, no la convierte en “común”. Pedro entendió esto no solo al visitar a Cornelio (Hech. 10:34-48), sino también al informar del evento a la iglesia de Jerusalén (Hech. 11:1-17), que después de escuchar el relato alabó a Dios, diciendo “¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hech. 11:18).

En consecuencia, la visión del lienzo no tiene el propósito de derogar Levítico 11. Su objetivo es señalar que Dios ha “limpiado” a los gentiles; es decir, los ha incluido en el plan de salvación. El Señor ha eliminado la discriminación entre personas puras e inmundas que existía en la mentalidad de ciertos cristianos como Pedro. Por lo tanto, en el contexto de Hechos, el énfasis de la visión no está en el menú, sino en las personas, así como en su inclusión en el pueblo de Dios, y en el privilegio que todos tenemos de escuchar y aceptar el evangelio. RA

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