En el libro de Apocalipsis se nos presenta la tentativa de Satanás de ser igual a Dios y de instaurar un reino de terror a través de instrumentos humanos.1 Sin embargo, también se nos muestra que, aunque aparentemente tendrá un “éxito” temporal (Apoc. 13:7, 8), será Dios quien gane la batalla final (17:14). Por eso, en este breve artículo se analizará la caída de Satanás presentada en el libro de Apocalipsis y cómo esta vaticina el derrumbe de la triple alianza (el dragón, la bestia, el falso profeta), algo que podríamos llamar “el efecto dominó”.

La primera caída

Esta es una caída paulatina. Comienza como se la describe en Apocalipsis 12:3 y 4 y está relacionada con la ruina que no solo sufre Satanás sino también sus ángeles (12:4). Lo interesante de esta caída es que muestra que no es Dios quien la induce, sino que es el mismo dragón quien la provoca. Y con “su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra”. La caída de Satanás se presenta en el orden inverso en el que aparecen los poderes apóstatas en Apocalipsis. De esta manera, se exhibe cómo el Dragón es el primero en hacer su entrada (cap. 12), luego la bestia marina (cap. 13), el falso profeta (cap. 13) y, finalmente, Babilonia (cap. 14). Sin embargo, las caídas de cada uno de ellos se mencionan en orden inverso, comenzando con Babilonia (cap. 18), el falso profeta (cap. 19), la bestia marina (cap. 19) y, finalmente, el dragón (cap. 20).2

De manera que la caída del dragón (Satanás) no solo da inicio a la entrada de la triple alianza sino además anuncia su destrucción paulatina, tal como lo veremos más adelante.

La segunda caída

A esta la encontramos en Apocalipsis 12:7 al 10. Aquí podemos apreciar la expulsión definitiva de Satanás del cielo, suceso ocurrido por el evento de la Cruz. En el libro de Job puede apreciarse cómo, aun después de su primera caída, Satanás siguió teniendo cierto acceso, limitado, a las fronteras del cielo (Job 1:6-12). Pero, no es sino hasta la Cruz cuando, finalmente, se le cierran completamente las puertas del cielo. Elena de White nos comenta:

“Satanás no se regocijó entonces como antes. Había esperado desbaratar el plan de salvación; pero sus fundamentos llegaban demasiado hondo. Y ahora, por la muerte de Cristo, conoció que el habría de morir finalmente y que su reino sería dado a Jesús”.3

En otra cita nos explica lo siguiente:

“La expulsión del cielo de Satanás como acusador de sus hermanos fue llevada a cabo por la gran obra de Cristo al dar su vida”.4

Esta idea está en concordancia con lo que menciona Apocalipsis 12:12: “Alegraos cielos y los que habitáis en ellos”. La pregunta es: ¿por qué debían alegrarse? La respuesta la hallamos en el versículo 10: “Porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos”. Esta expulsión, como fue mencionado, ocurre en la Cruz (Apoc. 12:11). Sin embargo, es solo la expulsión del cielo; aún falta que Dios lo expulse del planeta Tierra: “Ay de la tierra y del mar. Porque el Diablo ha descendido a vosotros con gran furor, al saber que le queda poco tiempo” (Apoc. 12:12). De ahí que se mencione que los únicos que debían alegrarse eran los habitantes del cielo.

La tercera caída

En esta tercera etapa vemos cómo Satanás es atado y arrojado en el “abismo” (Apoc. 20:2, 3), lo cual es símbolo de caos y desorden.5 De hecho, la palabra “abismo” aparece por primera vez en la Biblia en Génesis 1:2, para dar a entender el estado en que se encontraba la Tierra antes del proceso de ordenamiento al cual fue sometida por Dios (Gén. 1:3-31).6 Esta idea se ve fortalecida por el hecho de que en Apocalipsis 20:3 se menciona que el propósito de Dios es que Satanás “no engañe más a las naciones, hasta que se cumplan mil años”. De manera que la palabra “abismo” es acertada para presentar el estado de desolación, caos y desorden que habrá en la Tierra luego de la segunda venida de Jesús. La razón por la cual Satanás quedará “atado” durante ese tiempo es que no podrá hacer uso de su poder seductor sobre los habitantes de la Tierra, ya que estos volverán a la vida recién después del milenio (Apoc. 20:4, 5).

Cuarta caída

Más que una cuarta caída, es la última etapa de un abatimiento que se inició en el cielo y que, paulatinamente, fue avanzando hasta llegar a su clímax. Así, en Apocalipsis 20:10 se declara: “Y el Diablo que los engañaba fue lanzado al lago de fuego y azufre”. El conflicto que comenzó en Génesis finalmente termina en Apocalipsis, cuando definitivamente el pecado, la tristeza y el dolor no existirán más (Nah.1:9), y todo volverá a su estado original. Podemos ver un cuadro paralelo entre el Génesis y el Apocalipsis para presentar esta realidad (ver tabla).7

Aunque la segunda etapa de la caída paulatina de Satanás (por la Cruz) fue el momento que marcó su ruina y su derrota (Apoc. 12:10), no es sino hasta la cuarta caída cuando Satanás encuentra su destrucción definitiva, y todo vuelve a su estado original.

El efecto dominó

La primera caída de Lucifer (Apoc. 12) da inicio no solo a la entrada de la triple alianza (Babilonia),8 sino además, a la vez, comienza su caída paulatina, a la que llamo “el efecto dominó”. En Apocalipsis 13 se presenta no solo la entrada de la bestia marina sino también su caída progresiva. En Apocalipsis 13:3, leemos: “Una de sus cabezas parecía herida de muerte”. En 17:16, nos dice: “Y los diez cuernos que viste en la bestia aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; devorarán su carne y la quemarán a fuego”. Finalmente, es destruida por completo (19:20).

Siguiendo con el efecto dominó, que provocó la caída de Lucifer, verificamos lo mismo en el caso de la bestia terrestre. Aunque entra en escena en Apocalipsis 13:11, comienza su caída, relacionada con su tentativa de obligar a los “habitantes de la tierra a adorar a la imagen de la bestia” (12:15). Pero, no consigue su objetivo, por causa de la fidelidad de los “santos, los que guardan los mandamientos de Dios” (14:12); a saber, los 144.000 (7:3; 14:1-5).

Continuando con la progresión de la caída de la “bestia terrestre”, o “falso profeta”, leemos que aquellos que fueron marcados y adoraron a la imagen de la bestia son objeto de las plagas finales (16:2, 10), para llegar a su fin en Apocalipsis 19:20.

Conclusión

Satanás es un enemigo derrotado en la Cruz. Por lo tanto, es un adversario caído. Eso quiere decir que cualquier otro poder que tome para hacer tropezar al cristiano fiel no tendrá influencia sobre este. Así como al caer una pieza de dominó provoca un conjunto de sucesos que desencadena una estrepitosa caída, la derrota de Satanás vaticina, en Apocalipsis, la caída de todo su imperio. No obstante, no tenemos nada que temer porque por medio de la sangre de Jesús somos más que vencedores (Rom. 8:37-39).