Todo este gigantesco universo, ¿tan solo para un planeta habitado?

Imagíname hace 39 años. De no creer en Dios pasé a creer, y de forma instantánea. Y no solo en Dios, sino también en las enseñanzas de la Iglesia Adventista. Todo en seis meses. Sin embargo, pasar de ser ateo a creer en el mensaje de los tres ángeles fue toda una odisea.

Siempre pensé que era un increíble desperdicio de espacio todo un universo tan solo para un planeta habitado: el nuestro. Ahora, imagínate cómo mi mente se fue aclimatando lentamente a la noósfera adventista, y el momento en que leí por primera vez esta cita de Elena de White:

“El Señor me dio un vistazo de otros mundos. Me dieron alas y un ángel me acompañó desde la ciudad hasta un lugar brillante y glorioso. La hierba del lugar era de un verde vivo y las aves gorjeaban un canto dulce. Sus moradores eran de todas las estaturas; eran nobles, majestuosos y hermosos. Llevaban la explícita imagen de Jesús, y su semblante refulgía de gozo santo, como expresiones de la libertad y felicidad del lugar. Pregunté a uno de ellos por qué eran mucho más bellos que los habitantes de la Tierra, y la respuesta fue: ‘Hemos vivido en estricta obediencia a los mandamientos de Dios, y no caímos en desobediencia como los habitantes de la Tierra’. Después vi dos árboles, uno de los cuales se parecía mucho al árbol de la vida en la ciudad. El fruto de ambos lucía hermoso, pero no debían comer de uno de ellos. Tenían derecho a comer de ambos, pero les estaba vedado comer de uno. Entonces mi ángel acompañante me dijo: ‘Nadie en este lugar ha probado del árbol prohibido; pero si comiesen de él, caerían’. Luego fui llevada a un mundo que tenía siete lunas. Allí vi al anciano Enoc, quien había sido trasladado” (Primeros escritos, p. 70).

Fuera de los personajes de ciencia ficción –Spock, de Star Trek; E. T., el extraterrestre; Darth Vader, de La guerra de las galaxias; y otros–, la idea de que existe vida inteligente en otros planetas, por más factible o probable que fuera, solo era especulación sin ninguna verificación empírica o experimental. Pero ahora no solo estaba frente a una descripción explícita de vida en otros planetas, sino también lo creía.

Por años, los astrónomos han estado explorando el cosmos en busca de un pitido, un chasquido o un murmullo de algún ser inteligente, en algún lugar allí, en “la última frontera”. Sin embargo, hace más de un siglo y medio Elena de White describió cómo se veía parte de esa vida inteligente, e incluso registró una conversación que tuvo en visión con uno de esos seres. Sin duda alguna, mi nueva fe adventista abrió mi mente a realidades que iban mucho más allá de donde me podría haber llevado mi imaginación, que era tan estrecha a causa de mi cosmovisión atea y materialista.

Lo que me hizo pensar en esta cita de Elena de White fueron las noticias del año pasado sobre el descubrimiento de nuevos exoplanetas, de los cuales se cree que algunos serían aptos para la vida. Los exoplanetas son planetas que están fuera de nuestro sistema solar y que tienen su órbita alrededor de una estrella, así como los planetas de nuestro sistema solar orbitan alrededor de nuestra estrella, el Sol. Se han descubierto más de tres mil exoplanetas, y algunas decenas de ellos estarían en la “zona habitable”, lo que significa que podrían tener condiciones adecuadas para la vida, por lo menos, tal como la conocemos.

Teniendo en cuenta las referencias bíblicas sobre la vida fuera de la Tierra (Efe. 3:10; 6:12; Job 38:7), ¿por qué no? Qué increíble desperdicio de espacio sería que el Señor hubiera creado el universo tan solo para un planeta habitado: el nuestro. Si consideramos el registro bíblico, las numerosas referencias que hizo Elena de White a “inteligencias celestiales” y el inmenso número de galaxias que pueblan el espacio, el descubrimiento de exoplanetas, por muy fascinante que sea en sí mismo, no es algo tan sorprendente.

Ahora, sin sacar más conclusiones de las que deberíamos, el descubrimiento de estos exoplanetas ayuda a dar credibilidad no solo a las referencias de Elena de White sobre la existencia de estos seres en otros planetas, sino también a la metanarrativa de el Gran Conflicto, en el que el pecado, la rebelión y el mal surgieron en una vida inteligente en otro lugar de la Creación. Aparte de la asombrosa revelación de cómo es la vida en otros planetas, cuando ella menciona que el libre albedrío de ellos fue probado con un árbol prohibido obtenemos vislumbres sobre una realidad que la ciencia, incluso con una veintena de futuros Einsteins, jamás podría comenzar a abordar, y mucho menos comprender.

Sus palabras me volaron la cabeza aquella vez; y hoy, 39 años más tarde, lo siguen haciendo. RA

Sobre El Autor

Clifford Goldstein

Editor general de la Guía de Estudio de la Biblia de la Escuela Sabática (para adultos). Autor de numerosos libros y artículos.

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