¿Has escuchado hablar de las “poses de poder”? Es una teoría relacionada con el lenguaje corporal. Básicamente, postula que según la postura corporal que adoptemos nos sentiremos en el control o no de la situación, y los demás percibirán eso.

La principal expositora de esta teoría ha sido la profesora de Harvard y psicóloga social Amy Cuddy, quien saltó a la fama por una conferencia brindada sobre el tema en 2012. En ella, se refiere a sus estudios sobre la conducta no verbal y cómo las poses de poder ayudan a hacer frente a situaciones estresantes, ya que incrementan la confianza y la asertividad.

Sobre esta base, Amy Cuddy propone el siguiente ejercicio antes de enfrentar una situación atemorizante, como podría ser una entrevista laboral, un examen o hablar en público. “Elige una pose de poder, aunque no te sientas seguro de ti mismo, y sostenla durante solo dos minutos”. Algunas de estas poses pueden ser:

Pararse con las piernas un poco separadas, pisando firmemente con los pies y extendiendo los brazos hacia arriba, en forma de V, como si estuvieras recibiendo aplausos del público (la típica postura de triunfo, sobre todo, en eventos deportivos).

Pararse firme junto a una mesa, apoyando los dedos sobre ella con los brazos abiertos e inclinándose ligeramente hacia adelante, como si fuéramos el jefe que está dando órdenes.

Pararse con los pies un poco separados, poner las manos sobre las caderas, sacar pecho y levantar el mentón.

Ammy Cuddy asegura que sosteniendo una pose de poder durante dos minutos aumentan los niveles de testosterona (asociada a la sensación de poder y confianza) y se reducen los niveles de cortisol (hormona asociada al temor y el estrés).

Sin embargo, algunos investigadores en psicología han cuestionado esta teoría, preguntándose: ¿realmente tiene tanta influencia proyectar una imagen de confianza y de poder, al punto que cambia la química de nuestro organismo?

La Biblia nos presenta la mayor y más efectiva postura de poder”.

En 2015, un grupo de investigadores de Suiza, Suecia y EE.UU., con un mayor número de participantes (200 frente a los 42 del experimento original de Cuddy), no encontró cambios hormonales tras adoptar dichas posturas, pero sí un aumento en la sensación subjetiva de poder. Es decir, el efecto no parece ser biológico, sino más bien una distorsión de la percepción que los participantes tienen sobre sí mismos. Este estudio concluye que el mostrarnos en el control de la situación puede ser que influya, en el mejor de los casos, en quien tenemos delante, pero no tiene por qué hacerlo con nosotros mismos, y mucho menos en el nivel hormonal. Daniel Alcalá López, psicólogo especialista en fisiología y neurociencia, señala al respecto: “El ‘empoderamiento’ es algo menos mágico que un par de minutos sobre una mesa”.

Coincido con Alcalá López: sentirnos “empoderados” va más allá de una postura de dos minutos. Eso puede ayudar, evidentemente, pero necesitamos algo más profundo.

La Biblia nos presenta la mayor y más efectiva postura de poder. Es la que registra, entre muchos otros textos, Lucas 11:1: “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar”. Elena de White comenta sobre este incidente: “[los discípulos] habían estado alejados por un corto tiempo de su Señor, y al volver lo encontraron absorto en comunión con Dios […]. El rostro del Salvador brillaba con un resplandor celestial. Parecía estar en la misma presencia del Invisible, y había un poder viviente en sus palabras […]. El corazón de los atentos discípulos quedó profundamente conmovido. Ellos habían notado cuán a menudo él dedicaba largas horas, en soledad, a la comunión con su Padre […]. [Su] labor incesante a menudo lo dejaba tan exhausto que su madre y sus hermanos, y aun sus discípulos, temían que perdiera la vida. Pero, cuando regresaba de las horas de oración con que clausuraba el día de labor, notaban la expresión de paz en su rostro, la sensación de refrigerio que parecía irradiar su presencia. Fue de las horas pasadas con Dios que salía, mañana tras mañana, para traer la luz del Cielo a los hombres. Los discípulos habían llegado a relacionar sus horas de oración con el poder de sus palabras y sus obras” (El discurso  maestro de Jesucristo, pp. 96, 97).

¿Necesitas esa paz y fortaleza para tu vida? Te animo a buscarla mediante la postura de poder que el Creador, con su amor y sabiduría, nos recomienda: de rodillas ante su presencia, en oración. RA

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