En el momento en que escribo esto, estoy impactado por las imágenes del terror. A pesar de que ya estaba profetizado, es difícil observar el aumento de la intolerancia, cómo la violencia pierde el control y la opresión de la “corrección política” aterroriza a las personas, quitando la libertad de creencia y de defensa de nuestra fe.

Las escenas del posible uso de armas químicas en Siria continúan siendo fuertes en mi mente. Son hombres, mujeres, niños y ancianos que intentan respirar, en medio de los escombros, mientras otros intentan ayudarlos, abanicando y arrojando agua. Una desesperación total. Aún peor es que algunos otros países quieran resolver la guerra con más guerra.

Siria es el país más peligroso del mundo, según el Índice de Paz Global (IPG). Este índice, coordinado por la revista inglesa The Economist, mide el nivel de paz, así como la realidad de los conflictos domésticos e internacionales actuales, la protección y la seguridad de la sociedad, y el grado de militarización en 163 países y territorios.

Islandia es considerada, para este índice, como el país más pacífico del mundo, basado en los 23 criterios usados para esta medición. Pero ni siquiera los islandeses viven en completa paz.

Hay solo una fuente de paz verdadera. Fue dada a sus discípulos por Jesús como despedida, antes de morir. Él dijo: “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden” (Juan 14:27, NVI).

Hay una paz que ningún estudio, índice, investigación o estadística puede medir. No está vinculada con la ausencia de problemas, sino con la presencia de Cristo. Después de todo, él no dijo que deaparecerían del mundo las enfermedades, las guerras, las crisis familiares, económicas y morales. Solo garantizó una paz que venfrenta cualquier desafío con esperanza.

Frente a un mundo en convulsión permanente, necesitamos buscar, recibir y compartir esta paz que solo Cristo puede dar”.

“No hay otro motivo de paz que este. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, subyuga la enemistad; apacigua la lucha y llena el alma con amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón; las suposiciones no tendrán cabida en él; no podrá existir el odio. El corazón que está en armonía con Dios es participante de la paz del Cielo y esparcirá a todo su alrededor su influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y atribulados por las luchas de este mundo” (Elena de White, El discurso maestro de Jesucristo, p. 30).

Después de haber recibido esta paz, Jesús recordó que los pacificadores son “bienaventurados” (Mat. 5:9). “Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz. Quienquiera que revele el amor de Cristo por medio de una vida serena, santa y de influencia inconsciente; quienquiera que, por medio de palabras o hechos, incite a los demás a renunciar al pecado y entregar su corazón a Dios, es un pacificador” (ibíd., pp. 30, 31). Esto no significa usar armas o tener conflictos en las calles, sino que tiene que ver con el cumplimiento de nuestra misión. Compartimos la paz a través de la Palabra de Dios, del testimonio personal y de una vida ejemplar.

Por otro lado, no podemos olvidar que nunca habrá paz verdadera mientras los hombres luchen por conquistas exteriores, sin ser transformados en su vida interior. Pueden deponerse los dictadores, conquistarse nuevos derechos e imponerse nuevas ideas, pero el corazón seguirá dominado por el pecado y el mal resurgirá de otra forma. Esta paz es ilusoria y pasajera.

Frente a un mundo en convulsión permanente, donde información y noticias negativas se repiten día a día (cerca y lejos de nosotros), necesitamos buscar, recibir y compartir esta paz que solo Cristo puede dar. RA

Sobre El Autor

Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

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Una Respuesta

  1. carlos a ramirez

    la paz es un sentido positivo donde no hay luchas y guerra ,la paz que Cristo nos ofrece es como expresa el en Juan 14:27 » yo no la doy como el mundo la da …» es esa paz que sentimos cuando nos acercamos a el , cuando nos entregamos de todo corazon y hacemos su voluntad.

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