En el primer capítulo de su libro, se percibe que Daniel y sus tres amigos hallan gracia a los ojos de Dios pues los bendijo en respuesta a su resolución de no contaminarse con alimentos indebidos. Ahora, en el capítulo 2, los jóvenes hebreos logran ganarse la confianza del rey Nabucodonosor al revelarle su sueño y su significado. El capítulo 2 termina diciendo: “Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro, se postró ante Daniel” (2:46).* También se declara que “el rey engrandeció a Daniel […]. El rey puso sobre la administración de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-Nego, mientras que Daniel quedó en la corte del rey” (2:48, 49).

La razón por la cual Daniel y sus tres amigos son reconocidos por el rey Nabucodonosor estriba en la descripción correcta del sueño del monarca hecha por Daniel, a diferencia de los magos, los agoreros y los adivinos de la corte real, que, pretendiendo tener comunicación con los dioses, no fueron capaces de revelar algo que solamente estos podían conocer (Dan. 2:11). De hecho, esta fue la razón para la furibunda reacción de Nabucodonosor al decretar la muerte de todos los sabios del reino (vers. 12, 13).1

En medio de esta crisis, Dios se manifestó a través de sus hijos Daniel, Misael, Azarías y Ananías. Estos jóvenes, postrados en oración, reciben la respuesta al misterio. Entonces, Daniel presenta el asunto al rey declarando el sueño de la estatua de diferentes materiales que representaba la historia de la humanidad. Al rey se le estaba revelando, de parte del único y verdadero Dios, lo que sucedería en el futuro, mucho mas allá de sus días, apuntando al final de la historia de este mundo (Dan. 2:29). Los reinos terrenales, representados por diferentes materiales –oro, plata, bronce, hierro, barro con hierro– son anunciados por la voz del profeta, tocando los pensamientos mas profundos del monarca babilonio (Dan. 2:31-33).

«El sueño de Nabucodonosor y su interpretación abarcan toda la historia de la humanidad, desde los días de Daniel hasta la eternidad”.

La interpretación tocó el corazón del rey a medida que se anunciaba que su reino (Babilonia) representaba la cabeza de oro. Luego le seguirían otros reinos (Medo- Persia, Grecia, Roma, y Europa y el mundo actual) (Dan. 2:36-43).2 Lo sorprendente de este anuncio es que el sueño no termina allí.

Hay un evento que sobrepasa todo pensamiento humano. La estatua es derribada por una piedra que cae sin intervención humana formando “un gran monte que llenó toda la tierra” (Dan. 2:34, 35). La interpretación es también dada por el profeta Daniel al declarar que este es el reino que levantará Dios y que será eterno (Dan. 2:44).

El sueño de Nabucodonosor y su interpretación abarcan toda la historia de la humanidad desde los días de Daniel hasta la eternidad. Daniel 2 hace una descripción política de los eventos venideros, apuntando al Reino eterno y no solo los intereses del rey Nabucodonosor.

En estos eventos históricos, el ser humano ha tomado un papel preponderante; diferentes reinos han aparecido y otros han desaparecido por la acción humana. Sin embargo, al final de la historia, el Reino eterno de Dios es instaurado no por intereses humanos sino por el poder de Dios. En ese contexto, cada ser humano debe tomar una decisión: si ser parte de los reinos de este mundo o ser ciudadano del Reino eterno de Dios. Seamos sabios y recordemos que el aquí y ahora es temporal; el Reino de Dios será eterno. RA


Referencias

1 Stephen R. Miller, “Daniel”, New American Commentary 18 (Nashville, Tennessee: Broadman & Holman, 1994), p. 84.
2 Merling Alomía, Daniel: El profeta mesiánico (Lima, Perú: Ediciones Theologika, 2007),  t. 2, pp. 67-73.
* Las referencias bíblicas corresponden a La Biblia de las Américas.

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