En este 2018, el mundo perdió dos hombres que dejaron un legado al mundo del siglo XXI. Ambos tenían capacidades especiales y las usaron en caminos totalmente diferentes. Uno decidió llevar a las personas al Señor, y el otro escogió alejarlas de él.

Después de una larga lucha contra el cáncer, la neumonía y otras enfermedades, el gran evangelista Billy Graham descansó el día 21 de febrero, a los 99 años de edad.

Fueron seis décadas de un ministerio muy productivo. Graham fue un poderoso predicador, un gran escritor y un respetado consejero. Publicó 25 libros, y también ejerció una gran influencia sobre diversos presidentes de los Estados Unidos. Recibió varios homenajes, como una estrella en el paseo de la fama de Hollywood, la Medalla Presidencial de la Libertad (el premio civil más alto de los EE.UU.), la Medalla de Oro del Congreso, y se le dio el título de caballero honorario de la Orden del Imperio Británico. De acuerdo con el instituto de investigaciones Gallup, Billy Graham estuvo en la lista de los hombres más admirados del mundo más de sesenta veces durante su vida.

Su ceremonia fúnebre se realizó bajo una tienda blanca, que recordaba las tiendas usadas en las cruzadas que hizo en sus primeros años de ministerio. Cerca de 2.300 invitados oyeron los últimos mensajes y homenajes. El sermón fue predicado por Franklin, su hijo y sucesor, y constó de una breve reflexión sobre Juan 3:16 y un llamado. Pero todos se emocionaron al oírlo decir lo siguiente: “El Billy Graham que el mundo veía en la televisión, el Billy Graham que el mundo vio en los estadios, era el mismo Billy Graham que vimos en casa. No había dos Billy Graham”.

En sus cruzadas, organizadas desde 1948 en estadios, parques y otros lugares públicos, Billy Graham alcanzó una audiencia directa de casi 210 millones de personas en 185 países.

Por su parte, el 14 de marzo murió el renombrado científico Stephen Hawking. A sus 21 años, se le diagnosticó esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad degenerativa que paralizó progresivamente sus músculos. Según su médico, le quedaban 3 años de vida, pero vivió otros 55. En su fiesta de casamiento, ya se apoyaba en un bastón; después dejó de caminar y comenzó a utilizar una silla de ruedas. En 1985, con la salud bastante agravada, fue sometido a una traqueotomía, y nunca más habló. Pasó a utilizar una computadora con voz electrónica para comunicarse.

Desgraciadamente, dedicó su vida y el conocimiento científico que poseía para defender el Big Bang como punto de partida del universo, además de ridiculizar la existencia de Dios. Él decía: “Antes de que entendiéramos la ciencia, lo lógico era creer que Dios creó el universo; pero ahora, la ciencia ofrece una explicación más convincente. […] No hay Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia”.

«El legado de estos hombres debe llevarnos a la reflexión”.

A pesar de todos sus conflictos con Dios, la Creación, los milagros y las cuestiones espirituales, él reconocía que “estamos quedándonos sin espacio, y los únicos lugares que puede encontrarse son otros planetas. Es hora de explorar otros sistemas solares. Esparcirse puede ser la única cosa que nos salve de nosotros mismos. Estoy convencido de que los humanos tienen que salir de la Tierra”.

Hawking, que tanto combatió a Dios, sin querer terminó estimulando la confianza en sus promesas. Después de todo, fue el Señor quien profetizó el estado de calamidad del planeta antes del fin, y señaló el único camino para salir de él. Este no es un gran descubrimiento de Hawking, sino la gran esperanza de los cristianos. La promesa fue dada antes que él: “Seremos arrebatados […] en las nubes para recibir al Señor en el aire” (1 Tes. 4:17). Elena de White es aún más específica: “Libres de las cadenas de la mortalidad, se lanzan en incansable vuelo hacia los mundos lejanos; mundos a los cuales el espectáculo de las miserias humanas causaba estremecimientos de dolor y donde entonaban cantos de alegría al tener noticia de un alma redimida. […] Con visión nítida consideran la gloria de la Creación: soles y estrellas y sistemas que, en el orden a ellos asignado, circuyen el trono de la Deidad” (El conflicto de los siglos, p. 736).

El legado de estos hombres debe llevarnos a la reflexión. ¿Qué estás haciendo con los talentos que Dios te dio? ¿Estás usando tu ejemplo, palabras, enseñanzas o influencia para acercar personas al Cielo o para alejarlas? ¿Estás usando tu capacidad para fortalecer la causa de Dios o para debilitarla? Usa tus talentos para el Señor, recordando que las semillas que plantes en esta vida definirán tu destino en la eternidad. RA

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