Cómo transmitir el diseño divino para la sexualidad.

El silencio ya no es más una opción (nunca lo fue, en realidad). Esperar hasta la adultez, pensando que así nos libraremos de un problema, tampoco. En una época en que Google es el principal informante de los niños (sí, por sobre padres y profesores), la necesidad de que los padres tomen la iniciativa en la educación sexual de sus hijos es inaplazable. Dado que la mayor industria de contenidos en Internet es la pornográfica, y que hay millones de sitios web y anuncios diseñados a la manera de anzuelo para atrapar a cualquier incauto (o no tanto) a las redes de la pornografía y la promiscuidad, no podemos correr el riesgo que quienes quieren hacer dinero y atrapar a niños y jóvenes “informen” a nuestros niños y adolescentes respecto a un tema tan sensible como es la sexualidad.

Por otro lado, vivimos en comunidades religiosas que han sido profundamente influenciadas por el dualismo griego, que considera el cuerpo y lo material como la antítesis del alma y lo espiritual. Esto llevó a la Iglesia Católica a considerar que el sexo tiene una mera función reproductora, en el mejor de los casos, o que es algo de lo que hay que huir y evitar, tal como se les exige a los sacerdotes.

Esto ha generado que hablar de sexo se convierta en tabú, y que hacerlo desde el púlpito esté mal visto. La consecuencia es que la sexualidad queda relegada a conversaciones informales, chistes con segunda intención (la represión surge en forma de broma, en muchos casos de mal gusto) o reproches conductuales que no alcanzan a transmitir el principio que hay detrás de ciertas prohibiciones.

¿Cómo buscar soluciones creativas a esta dificultad?

En el contexto de la familia, necesitamos ser proactivos, intencionales, buscar espacios y oportunidades. Tener una actitud pasiva es dejar que Satanás y sus engaños ganen terreno. Por sobre todas las cosas, el diálogo acerca de la sexualidad se da en un contexto relacional. Es indispensable generar un ambiente franco, de confianza, cercano, que permita que tanto adultos como niños y adolescentes puedan abrirse para compartir sus dudas y preocupaciones acerca del sexo.

Tomar el sexo como algo natural y saludable del ser humano permitirá fomentar una sana estima del propio cuerpo, enseñando ámbitos y relaciones apropiados para expresar la sensualidad y la sexualidad. Esto ayudará a evitar abusos (tan de moda debido a perturbaciones sexuales cada vez más insidiosas) y pondrá una barrera a la llamada “ideología de género”, que busca confundir y tergiversar el diseño divino para la sexualidad humana.

«No podemos correr el riesgo de que quienes quieren hacer dinero con nuestros niños y jóvenes los informen acerca de un tema tan sensible como la sexualidad”.

Y, hablando de diseños, la sexualidad fue planeada por Dios en el Edén para que sea una expresión en el contexto familiar, ya que fue pensada para que varón y mujer, dos individuos creados a la imagen de Dios, sean una sola carne (expresión que trasciende por lejos la genitalidad y se extiende más allá de lo físico, para abarcar todas las dimensiones del ser humano bio-psico-socio-espiritual). Y es que, al atacar la sexualidad, Satanás busca destruir esa institución divina que Dios estableció en el Edén: la familia. Así, al cuidar la sexualidad, estamos protegiendo y fomentando la familia.

En el comienzo, fue esto: “Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!” (Gén. 1:31, NTV). Pensar la sexualidad desde la perspectiva del Génesis hará que la veamos desde la pureza, la santidad, la plenitud, el gozo y la función primigenios. Dios creó el sexo y la sexualidad. El manifestarlo de acuerdo con las instrucciones del fabricante puede traernos gozo, placer y felicidad. RA

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