UN SISTEMA DE VERDADES

Una de las enseñanzas características de la Iglesia Adventista es la doctrina del Santuario. Aunque hoy es común tratarla como una doctrina más entre otras, no era esta la manera en que nuestros pioneros la consideraban. Para ellos, el Santuario era el concepto teológico que daba sentido a todo el sistema doctrinal adventista. Jaime White, por ejemplo, afirmó que “el tema del Santuario debiera ser cuidadosamente examinado, puesto que en él descansa el fundamento de nuestra fe y esperanza”.1 Elena de White también lo llamó “el fundamento de nuestra fe”,2 y en otra parte resaltó lo siguiente: “El asunto del Santuario fue la clave que aclaró el engaño de 1844. Reveló todo un sistema de verdades, que formaban un conjunto armonioso y demostraban que la mano de Dios había dirigido el gran movimiento adventista, y al poner de manifiesto la situación y la obra de su pueblo, le indicaba cuál era su deber de allí en adelante”.3

Estas declaraciones indican que desde la cosmovisión del Santuario podemos ver cómo una verdad se une a la otra, y todas juntas forman la gran cadena de la “verdad presente”. Debe destacarse que lo que llevó a nuestros pioneros a comprender el Santuario como un paradigma de interpretación fue la aplicación de “los principios […] de la tipología y de la analogía de las Escrituras”.4

El Santuario nos muestra que la única manera en que el pecador podía vivir era por medio de un sustituto inocente que muriera en su lugar”.

Dicho de otra manera, nuestros pioneros descubrieron en la Biblia que los elementos doctrinales básicos del Santuario terrenal, al igual que una gran parábola ritual (Heb. 9:9), encontraban cumplimento en el ministerio del Santuario celestial y sus servicios. Con esto en mente, consideremos algunas de las verdades teológicas que se desprenden de un estudio del Santuario.

El pecado y el concepto de sustitución

Tan pronto como entró el pecado en el mundo, empezó el sistema de sacrificios (Gén. 4:4; Heb. 11:4). El pecado no es un simple yerro, sino algo tan terrible y maligno que no solo produce la separación entre Dios y el hombre (Lev. 26:15-21), sino además exige la muerte del pecador (Gén. 3:19). El Santuario nos muestra que la única manera en que el pecador podía vivir era por medio de un sustituto inocente que muriera en su lugar. Los sacrificios prescritos tenían este propósito (Lev. 4:3, 14, 23, 28), y servían para representar a Cristo, el verdadero Cordero de Dios (Juan 1:29), que moriría para que aquellos que aceptasen su sacrificio pudieran vivir (Rom. 5:8, 9).

El concepto de expiación

Uno de los temas centrales del Santuario tiene que ver con la expiación. En el Antiguo Testamento, “expiar” significa “cubrir”, “perdonar”, “reconciliar”.6 Aunque es común entre los cristianos limitar la idea de la expiación únicamente a la cruz de Cristo, el Santuario nos enseña que es más amplia, y que podemos referirnos a ella de tres maneras diferentes, pero relacionadas.7

1. Expiación por el sacrificio. Los animales sacrificados en el Santuario servían como sacrificios expiatorios (Lev. 1:4; 5:6, etc.). Por eso, la muerte de Jesús en la cruz fue un sacrificio expiatorio definitivo y completo por la penalidad del pecado (Heb. 7:27; 9:26).

2. Expiación por la mediación. El Santuario nos muestra que, además del sacrificio, debía existir mediación sacerdotal. El sacerdote tomaba la sangre del sacrifico expiatorio y hacía la aplicación de esa sangre, quemaba la grasa y el animal, y recién después de eso el texto dice: “Así hará el sacerdote expiación [kipper] por el pecado que haya cometido, y será perdonado” (Lev. 4:35). Por tanto, Cristo no solo tenía que morir, debía resucitar y ascender al Santuario celestial para aplicar los beneficios de su sacrificio a los creyentes (Heb. 9:12). Esto se debe a que su muerte expiatoria no salva al mundo automáticamente (Juan 3:16-18), sino que solo beneficia a aquellos que creen en él (“justificación” [Rom. 3:24]), y por la fe perseveran en él (“santificación” [Heb. 3:6, 14]).

3. Expiación por el juicio. En Levítico 16 se describen las instrucciones de Dios para el “Día de la Expiación” (lit. “Día de las Expiaciones” [Lev. 23:27]). Este día, el campamento y el Santuario eran purificados completamente de todos los pecados (16:19, 20, 30, 34), representando así el Día del Juicio divino, que traerá como resultado la eliminación en el universo del pecado y sus efectos (Dan. 7:22; Apoc. 21:35).

El juicio y el estado de los muertos

Daniel 8:14 nos muestra que Jesús, después de haber inaugurado el Santuario desde el Pentecostés (“ungir al santo de los santos” [Dan. 9:24; Hech. 2:32, 33; Heb. 8:1, 2]) y de haber ministrado varios siglos en el Lugar Santo del Santuario celestial, entró en 1844 al Lugar Santísimo para agregar a su obra mediadora una obra de juicio (Dan. 7:9, 10, 13).

Esta obra de juicio tiene el propósito de vindicar el carácter de Dios y preparar a su pueblo para el cielo (Dan. 7:22). Y, puesto que no es sino hasta después del final de este juicio que Cristo vuelve para llevar a los salvos a la vida eterna y a los impíos a la destrucción (Mat. 25:31-33), es lógico entender por qué la Biblia indica que los muertos, tanto buenos como malos, sencillamente están durmiendo hasta ese día de la recompensa final (Ecl. 9:5, 6; Juan 5:28, 29).

De esa manera, el juicio investigador contradice la falsa doctrina de la inmortalidad del alma, que hace que buenos y malos reciban su recompensa o castigo inmediatamente después de la muerte.

La vigencia de la Ley y el sábado

En Apocalipsis 11:19 se lee: “El templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se dejó ver en el templo”. De acuerdo con el simbolismo, el arca del pacto se encontraba en el Lugar Santísimo del Santuario (Éxo. 26:33), y dentro del arca estaban los Diez Mandamientos (Deut. 10:15). Así, Dios quería mostrar a su pueblo que los principios de esta Ley eran el fundamento de su gobierno.

Por tanto, el hecho de que Jesús haya empezado en 1844 a ministrar en el segundo departamento del Santuario celestial pone en evidencia la misma verdad, es decir, que los Diez Mandamientos, en lugar de estar abolidos, siguen perpetuamente en vigencia. Y si los Diez Mandamientos siguen en vigencia, obviamente también lo está el Mandamiento de la observancia el sábado como día de reposo.

La segunda venida de Cristo y la destrucción del pecado

Entre los rituales del “día de la expiación”, se encuentra el ritual de expulsión del macho cabrío que era por Azazel. Después de que se ha completado la purificación del Santuario con el macho cabrío sacrificado “por Jehová” (Lev. 16:20), aparece el macho cabrío “por Azazel”, sobre quien el sumo sacerdote colocaba todos los pecados del pueblo, y luego se lo expulsaba en el desierto (Lev. 16:21, 22).

Una comprensión adecuada de este símbolo nos muestra que Azazel es un símbolo de Satanás.9 Así, cuando Jesús finalice su obra en el Santuario celestial, “aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan” (Heb. 9:28). Cuando vuelva, tomará a Satanás y cargará sobre él la responsabilidad de ser el originador y el instigador del pecado y la iniquidad en el universo (Eze. 28:14-17; Apoc. 12:9). Luego, será abismado por un período de mil años (Apoc. 20:1-3), y al final de ese período será destruido para siempre (Apoc. 20:9, 10).

Un sistema de verdades

Como podemos ver en estos limitados ejemplos, el Santuario encierra una riqueza extraordinaria de verdades bíblicas, que juntas componen “el evangelio eterno” (Apoc. 14:6). Dios espera que su pueblo las comprenda, las predique y las defienda. “Todos los que han recibido la luz sobre estos asuntos deben dar testimonio de las grandes verdades que Dios les ha confiado. El Santuario celestial es el centro mismo de la obra de Cristo en favor de los hombres. Concierne a toda alma que vive en la Tierra. Nos revela el plan de la redención, nos conduce hasta el fin mismo del tiempo, y anuncia el triunfo final de la lucha entre la justicia y el pecado. Es de la mayor importancia que todos investiguen a fondo estos asuntos, y que estén siempre capacitados para dar respuesta a todo aquel que les pidiere razón de la esperanza que hay en ellos”.10


Referencias:

1 Elena de White, Cristo en su Santuario, p. 12.
2 ____________, El evangelismo, p. 223.
3 Ibíd., p. 224.
4 Alberto Timm, “Antecedentes históricos de la interpretación adventista de la Biblia”, en Entender las Sagradas Escrituras, ed. George W. Reid (Buenos Aires: ACES, 2010), p. 9.
5 Ibíd., pp. 9, 10.
6 Warren Baker y Eugene Carpenter, The Complete Word Study Dictionary: Old Testament (Chattanooga, Tennessee: AMG Publishers, 2003), s. v. “Kāpar”, p. 521.
7 Frank B. Holbrook, O sacerdocio expiatório de Jesus Cristo (Tatuí, San Pablo: CPB, 2002), pp. 56-59.
8 White, Primeros escritos, p. 73.
9 Para una discusión exhaustiva sobre Azazel, ver, por ejemplo, Alberto R. Treiyer, El Día de la Expiación y la purificación del Santuario (Buenos Aires: ACES, 1988), pp. 217-250.
10 White, El conflicto de los siglos, pp. 542, 543.

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