En cierta ocasión visité a una señora internada que había sufrido un ACV. Su esposo, una persona muy negativa y egoísta, estaba fastidiado por las molestias que le ocasionaba tener que cuidar de su esposa. En un momento perdió el control y, sin medir el impacto de sus palabras, le espetó en el rostro a su compañera: “¡Mejor te hubieras muerto!”

Para su esposa fue demasiado. Aunque estaba mostrando buenas señales de recuperación del ACV, de pronto apareció un tumor en su organismo. El cáncer fue tan repentino como fulminante. En pocas semanas falleció.

Las palabras pueden sanar o enfermar, dar vida o matar. Esta triste y trágica historia lo representa muy bien.

El Dr. Mario Alonso Puig, médico, investigador y escritor, declara: “La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente, personas con trastornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades”. Esto es tan válido cuando nos hablamos a nosotros mismos como cuando hablamos a los demás. Nuestras palabras tienen efecto sobre la mente, el cuerpo, la vida…

Las palabras negativas no son gratuitas, se cobran un alto costo en la salud mental, emocional y, en consecuencia, física”.

Puig agrega: “Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%”.

La palabra es creadora

La Biblia nos muestra la raíz espiritual de este hecho científico. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gén. 1:26, 27). Dios, mediante su palabra, tiene el poder de crear. Así lo encontramos relatado en la historia bíblica: Dios fue creando con sus palabras todo lo que existe (cap. 1). “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca […] Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Sal. 33:6, 9).

Los seres humanos, hechos a semejanza de Dios, creamos realidades a partir de nuestras palabras. No al nivel de Dios, obviamente, pero evidentemente hay un poder tremendo en nuestras palabras.

Podría decirse que nuestras palabras crean realidades psicológicas. Si pronunciamos permanentemente palabras negativas, nuestro ánimo tomará esa sintonía. Si dirigimos tales palabras hacia otra persona, el problema es doble: la intoxicación emocional afecta al otro, y a nosotros mismos también. Las palabras negativas no son gratuitas, se cobran un alto costo en la salud mental, emocional y, en consecuencia, física.

Ahora bien, si hacemos el esfuerzo de expresarnos positivamente a través de palabras de gratitud, de esperanza y de confianza, nuestro ánimo comenzará a entrar en ese clima. También el de las personas que nos escuchen. Haz la prueba. Decídete a utilizar solo palabras positivas (aun para señalar errores y corregir) durante un día… y verás al final de la jornada los resultados. Hazlo contigo mismo y también con tus seres queridos. Hacerlo demandará un esfuerzo, pero los resultados te sorprenderán gratamente.

La Biblia dice que “hay quienes hieren con sus palabras, pero hablan los sabios y dan el alivio” (Prov. 12:18). Consecuencias concretas, tangibles: heridas (hasta mortales) o alivio.

Alivio a tal punto que otro de los textos de Proverbios señala: “Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo” (16:24, NVI). ¿No sería maravilloso comenzar a probar ese poder sanador? ¿No sería maravilloso derramarlo sobre nuestros seres queridos que están sufriendo? Pidamos a Dios sabiduría para hacerlo. Pidámosle de corazón que tome el control de nuestra mente y de todo nuestro ser, para que al abrir nuestra boca hable él. Alimentemos nuestro espíritu leyendo la Biblia diariamente, meditando sobre sus consejos, manteniendo conectada nuestra mente con la Palabra divina. La promesa segura es: “Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos. Ustedes saldrán con alegría y serán guiados en paz” (Isa. 55:10-13, NVI). RA

Una Respuesta

  1. carlos a ramirez

    este link habla muy bien como influyen nuestras palabras en la vida personal de cada persona , imaginemonos por un momento si Cristo se hubiese dirigido a cada persona con palabras toscas , negativas a cada ser humano que se le acercaba buscando su ayuda ,lo que hubiese pasado las hubiera alejado de la vida eterna , cuando con otras personas lo hagamos practicando con amor, bondad y tacto , solo Dios nos puede dar inteligencia y sabiduria ..

    Responder

Deja un comentario: