Cuando estaba en la universidad, escribí un cuento basado en una nota de periódico titulada “El hombre que comía comida para gatos”. Esta contaba la historia de alguien que entró en una oficina de asistencia social comiendo alimento para gatos de una lata. Si bien yo no sabía nada más acerca de ese hombre, salvo ese extraño dato, mi imaginación tomó vuelo, y el cuento fue como sigue.

“Al haber sido diagnosticado demente, Frank fue encerrado en una institución psiquiátrica, donde él creía que debía estar. Después de todo, el psiquiatra, el experto, lo había declarado demente. Pero Frank leyó más tarde en el periódico que, al final, ese mismo psiquiatra se había suicidado inhalando gas. Frank pensó: Este tipo inhala gas, ¿y resulta que yo soy el loco? Así que se escapó, porque ya no creía que debía estar en la institución psiquiátrica”.

¿Por quiénes, cuáles son y cómo se determinan la cordura o la demencia en nuestra sociedad? No me digan que por las leyes. Ellas simplemente reflejan lo que ya existe. En la Alemania nazi, la ley les prohibió a los judíos tener mascotas. Hasta la década de 1960, en el sur de los Estados Unidos, la ley de segregación racial prohibía que los negros se sentaran en los mismos vagones de tren que los blancos. La ley tan solo revela el corazón de quienes la crean.

Lo que me asusta no es que los valores y las costumbres cambien, sino que los cristianos cambien con ellas, algo que podría ser bueno o malo, dependiendo de lo que cambia y en qué se transforman ellos. Lamentablemente, la iglesia cristiana no ha tenido el mejor historial al superar los prejuicios culturales más sórdidos de cualquier época o lugar en el que hayan vivido.

Sin embargo, en medio de todas las idas y venidas y cambios, hemos recibido absolutos morales eternos y trascendentes: los Diez Mandamientos, una expresión del carácter del mismísimo Creador. Y no solo eso, aquel Creador (Juan 1:1-3) nos amplió más el significado de esos mandamientos, con más claridad y precisión de lo que fue grabado originalmente en la piedra: la lujuria es adulterio (Mat. 5:28) y la ira es asesinato (Mat. 5: 21, 22).

«En medio de todas las idas y venidas, hemos recibido absolutos morales eternos y trascendentes: los Diez Mandamientos”.

Por mucho que entendamos este texto en el contexto de la “marca de la bestia” y los eventos del tiempo del fin, ¿cómo se describe al fiel pueblo de Dios? “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc. 14:12). ¡Imagina si los cristianos en todas las edades, no solo en el tiempo del fin, hubieran guardado de hecho los mandamientos de Dios como Jesús nos mostró, como una expresión de su fe en él! Piensa en todos los prejuicios culturales sórdidos y repugnantes que hubieran superado, e incluso enfrentado, en vez de dejarse arrastrar por ellos.

En mi cuento, una mujer se encontraba sentada en la oficina de asistencia social cuando aquel hombre entró, se sentó y comenzó a comer de la lata alimento para gatos. La mujer reaccionó agitadamente. Solo un loco haría eso, ¿verdad? Era Frank, recién fugado del manicomio. Así que, ¿quizás él sí estaba demente después de todo?

Algunas cosas son difíciles de distinguir. Otras, al menos para los cristianos, no deberían ser tan difusas: no la Ley divina dada de lo Alto y grabada aquí abajo, en nuestro corazón. RA

Sobre El Autor

Clifford Goldstein

Editor general de la Guía de Estudio de la Biblia de la Escuela Sabática (para adultos). Autor de numerosos libros y artículos.

Artículos Relacionados

Una Respuesta

Deja un comentario: