RESCATE Y APOYO

¡Discipulado! Por favor, no te canses de escuchar esta palabra; más bien, prueba entender mejor y aplicar correctamente su significado. Después de todo, ella es repetida por pastores y líderes; el concepto aparece en artículos, sermones, videos y libros; y se la enfatiza en proyectos, programas y planes. ¿Has comprendido por qué estamos poniendo tanta fuerza en esta palabra y su aplicación a la vida de la iglesia?

Sin embargo, es importante que primero entendamos de forma práctica qué es el discipulado en realidad. Existen muchas definiciones teológicas, filosóficas o sociológicas, pero prefiero adoptar un concepto simple y fácil de entender para cualquiera: discipulado es “gente que cuida a la gente”, para profundizar la comunión, las relaciones y la misión.

La Biblia es nuestra base; y su mensaje, nuestra brújula. Pero su énfasis está puesto en las personas. La esencia del evangelio muestra que Cristo vino a este mundo “a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Dedicó su ministerio a cuidar, orientar y rescatar personas. En toda la Revelación, el centro es Cristo, pero el eje central son las personas. Después de todo, Jesús vino por las personas, murió por las personas y volverá para llevar solamente personas al cielo.

El discipulado es nuestra oportunidad de realizar un rescate necesario y ofrecer un apoyo más sólido. En primera instancia, este es el papel de la iglesia como comunidad.

Primeramente, buscamos rescatar un discipulado que en el pasado se daba de forma más natural. Las personas tenían más tiempo, las familias eran más unidas, la vida espiritual era más fuerte, la sociedad era más inocente, la fuerza de la tecnología era irrelevante y las personas se comprometían más. Por eso, perdíamos menos gente y cuidábamos mejor de quienes estaban con nosotros. Los tiempos cambiaron, y hoy las personas están distantes, ocupadas, sofocadas por sus propios intereses, afectadas por una sociedad egoísta y maliciosa, influenciadas por relaciones virtuales y superficiales. Necesitamos rescatar las relaciones genuinas y el cuidado personal, para que haya un crecimiento espiritual más sólido.

Hay tantas cosas que hacer… que, al final, cuidar de las personas se vuelve algo secundario”.

Necesitamos rescatar, también, el ministerio pastoral, pues el concentrarse en las tareas ha empobrecido la visión de ministerio. Hay tantas cosas que hacer, problemas que resolver, materiales que preparar, tareas que ejecutar, que, al final, cuidar de las personas se vuelve algo secundario. Absorbidos por sus tareas, muchos pastores solo se encuentran con su iglesia en los cultos, dejando de construir relaciones más profundas. El resultado es una comunidad que se debilita, y un ministerio que termina perdiendo el brillo de sus ojos y el fuego en el corazón.

Al mismo tiempo, el discipulado es apoyo. Después de todo, las mayores carencias de hoy son emocionales. No nos faltan buenos programas, excelentes edificios, planes bien elaborados o producciones destacadas. Pero todo eso pierde su efecto al no entablar relaciones más profundas. Las personas vienen primero a una familia, y después a una iglesia. Y se van, en su mayoría, no por estar en desacuerdo con el mensaje, sino porque no fueron acogidas. Están en busca de un lugar donde puedan obtener valor propio y experimentar amor genuino; donde no solo se enseñe la Biblia, sino especialmente donde se la practique.

El discipulado, también, es apoyo en la lucha contra la furia del enemigo. En los últimos días, sus tentaciones y pruebas serán tan sutiles y violentas que si no nos ayudamos mutuamente pocos podrán resistir. Dios está en el control, y nuestro socorro viene del Señor, pero él usa a las personas para cuidar, ayudar, amar y proteger a otras personas. Con esa finalidad constituyó la iglesia, para que sea un lugar de encuentro, contacto, integración y apoyo mutuo.

El discipulado también es apoyo al cumplir la misión. La radio, la televisión, Internet, los DVD o los libros son instrumentos preciosos, pero es a través del contacto personal que las personas deciden formar parte de la familia del Señor.

¿Qué te parece empezar un nuevo año trayendo a otras personas a tu vida? Ten la seguridad de que al apoyar a otros tú mismo serás fortalecido, y llegaremos juntos al cielo. RA

Sobre El Autor

Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

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