Muchos piensan que la fe es un don inalcanzable. Tal vez, no es así.

“Qué no daría por tener fe”. Varias veces he escuchado esta expresión en mi tarea de consejero espiritual. Suele ser pronunciada por personas sinceras, que sienten la necesidad de creer pero que “no les sale”. A veces me han dicho: “¿Sabes cómo envidio sanamente a la gente que puede tener fe?”

Y a ti, ¿cómo te va con esta necesidad del alma? En realidad, necesidad vital, porque no se puede vivir sin fe.  ¿Realmente todos pueden tener fe? ¿O es solo para algunos pocos crédulos o privilegiados?

Programados para la fe

Quiero decirte que la fe es parte de nuestra condición como seres humanos. Venimos programados para tenerla.

Pensemos en algunos ejemplos: Vamos a tomar el autobús, llegamos hasta la parada y nos quedamos esperando a que llegue. Transcurren los minutos, y… ¡nada! No obstante, seguimos aguardando. ¿Por qué? Porque tenemos fe en que en algún momento el autobús pasará.

Trabajamos durante un período (mes, quincena, semana, lo que sea) confiando en que al final de ese lapso vamos a recibir una remuneración. Es decir, entregamos nuestro tiempo y esfuerzo antes de tener la recompensa. Eso también es fe.

Los sociólogos han llamado “confianza social” a esta clase de actitud, es decir, la expectativa de que el otro va a cumplir, de que es fiable. Pero, en el fondo, es exactamente lo que llamamos fe.

Pensemos en un ejemplo más contundente: ¿Has viajado en avión? Si tu respuesta es sí, va otra pregunta: ¿Eres ingeniero aeronáutico o algo por el estilo? ¿Conoces al detalle las leyes físicas y toda la tecnología que implica sostener en el aire un monstruo de acero que pesa cientos de toneladas? Si no es así, ¿no te parece que es bastante inconsciente subirte a uno de esos monstruos aéreos y elevarte a miles de metros sobre la tierra para recorrer miles de kilómetros suspendido sobre las nubes? Si eso no es fe, entonces ¿qué es? Y hasta un experto en aeronáutica necesita una cuota de fe para esta “aventura”, para creer en que más allá de sus cálculos saldrá todo bien, que aquello que no puede controlar ni predecir no será un problema que ponga en peligro la vida de los confiados pasajeros.

La verdadera cuestión

La fe es parte de la naturaleza humana. La cuestión no es si tenemos o no fe, sino dónde la colocamos. Claro que es bueno tener fe en uno mismo y en la capacidad del ser humano para resolver algunas cosas. Eso es necesario para una sana autoestima. Dios nos ha creado con muchas capacidades, y es nuestro deber y privilegio desarrollarlas. Pero llegan momentos en la vida en los cuales tenemos que darnos cuenta de que eso no alcanza, que no podemos controlar todas las cosas, que necesitamos a alguien más grande que nosotros. Allí es cuando nos encontramos con la necesidad y la posibilidad de colocar nuestra fe en ese Ser que la Biblia nos dice que es nuestro Creador y que nos ama.

Y, ante la expresión “Qué no daría por tener fe o más fe”, yo creo, sinceramente, que la respuesta es: lo que tenemos que dar, o entregar, es el control. Solo eso, nada más… pero nada menos.  Mientras creamos que podemos controlar todo, el milagro de la fe no ocurrirá en nuestra vida. Pero, si de corazón le pedimos a Dios que nos ayude a confiar en él y decidimos entregarle el control de las cosas, descubriremos qué real y maravillosa es la fe.  Descubriremos una paz y un bienestar únicos, al saber que podemos descansar en Dios.

Esta es la experiencia a la que se refiere el apóstol Pablo cuando escribió: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7). Dios quiere y puede hacer cosas en tu vida que sobrepasen tu entendimiento, tu lógica, tus posibilidades. No esperes a que se aclare todo para confiar en Dios. No esperes a ver la salida para avanzar.  Avanza por fe, cree que Dios te ama y no te va a fallar. Lee y relee las promesas de la Biblia. Eso es exactamente lo que Dios va a hacer en tu vida, si le entregas el control. RA

Sobre El Autor

Rodrigo Arias

Con una amplia experiencia en el área de consejería, el Pr. Rodrigo Arias cuenta con dos licenciaturas: una en Teología y otra en Psicología. Hoy sirve a la iglesia como orador del programa radial y televisivo "Una luz en el camino".

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