TODOS SON ÁNGELES

«Para nosotros, todos los adventistas son ángeles”.

Hace unos dos años y medio, la Iglesia Adventista en Sudamérica asumió el compromiso de enviar 25 familias de misioneros a algunos de los países más desafiantes del mundo, por un período de cinco años. Fue un proyecto que integró a todas las oficinas de la iglesia en los ocho países de la División Sudamericana. Cada uno ha contribuido mensualmente, y juntos reunimos los recursos necesarios para mantener a estas familias en una región donde miles de millones de personas no conocen a Jesús. Es un movimiento de integración local con resultados en la misión mundial.

Al organizar este movimiento, pensamos en “saldar nuestra deuda” con el resto del mundo; después de todo, cuando no había presencia adventista en nuestros países, personas de otras tierras vinieron para iniciar la obra en estas latitudes. Algunos eran misioneros enviados oficialmente; otros fueron enviados por iglesias locales; y varios abrazaron este desafío por cuenta propia. Ahora que crecimos y tenemos una iglesia fuerte, debemos retribuir con lo mismo en otras regiones desafiantes del mundo.

Nuestra motivación se basa en Mateo 24:14 y en Apocalipsis 14:6, que nos presentan un evangelio que debe ser predicado en todo el mundo. Esto significa que Jesús no regresará solamente para un continente. Mientras avanzamos con prisa en nuestra región, tenemos que ayudar a quienes aún tienen inmensas dificultades misioneras.

En julio pasado llegamos a la mitad de este proyecto que llamamos Misioneros al mundo, y realizamos un concilio ministerial en la Universidad Adventista del Medio Oriente, en Beirut, Líbano, con las 17 familias que trabajan en Medio Oriente y el norte de África. Fue impresionante escuchar las experiencias, los desafíos, y acompañar los milagros que estos jóvenes misioneros están viviendo.

Uno de los momentos memorables fue cuando cada familia participante visitó una familia de refugiados sirios que viven en la ciudad. Llevamos alimentos y palabras de ánimo, y al mismo tiempo conocimos sus inmensos desafíos.

Visité un lugar bastante simple, pequeño y sin estructura ni muebles, con excepción de algunos colchones en el suelo.

Allí viven seis personas que enfrentan muchas dificultades, pero que no pierden la esperanza. Durante nuestra conversación, el Pr. Günther Wallauer, uno de los misioneros en el Líbano, preguntó sobre alguna necesidad especial de la familia. Ellos podrían haber pedido alimentos, dinero, un mejor lugar donde vivir o una escuela para sus hijos. Pero me sorprendí con su respuesta: un pasaporte para el padre de la familia. Hablando en árabe, él nos contaba cómo huyeron de Siria 25 personas de la familia, que después se dividieron. Parte del grupo fue al Líbano, y el resto a Irak, junto con los abuelos. Luego perdieron el contacto; más tarde, supieron que el abuelo había fallecido. Sin documentos, el hombre que visitamos no puede dejar el país, visitar a sus familiares ni entrar en contacto con su madre.

Al oír el sueño de aquel hombre, el Pr. Wallauer prometió volver en los próximos días para ir junto con él a la Embajada y resolver el problema.

Yo completé la promesa, diciendo a la familia que podrían quedarse tranquilos, pues el Pr. Wallauer sería un “ángel de la guarda”. Las palabras que siguieron, dichas por la esposa, me marcaron profundamente: “Para nosotros, todos los adventistas son ángeles”. Luego, contó cómo algunos adventistas han cuidado de las necesidades básicas de la familia llevándoles comida, ofreciendo educación a sus hijos y tratando la salud de su esposo, que padeció cáncer el año pasado. Contó que estudiantes de Medicina de la Universidad Adventista del Plata (Rep. Argentina), que hacían sus prácticas en Beirut, proporcionaron los remedios necesarios, cuidaron de él en su casa y también lo llevaron a un hospital. La señora mostró las remeras que usaban, de Nuevo Tiempo y de la Casa Publicadora Brasileira, donadas por jóvenes voluntarios que trabajan para la iglesia en el Estado de Paraná (Rep. del Brasil). ¡Qué impacto hicieron y siguen haciendo nuestros hermanos y voluntarios sobre la vida de esta familia!

Esta frase continúa resonando en mi mente de forma viva y fuerte: “Todos los adventistas son ángeles”. ¿Te sientes incluido en esta afirmación? ¿Has sido realmente un “ángel” para alguien, cuidando de aquellos a quienes Dios pone en tu camino, con sus necesidades espirituales, emocionales o, incluso, financieras? Recuerda: “A menos que haya sacrificio personal por el bien de otros en el círculo familiar, en el vecindario, en la iglesia, y en dondequiera que podamos y cualquiera que sea nuestra profesión, no somos cristianos” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 465). RA